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El telescopio espacial Spitzer de la NASA ha detectado, con la que puede ser la mayor precisión que nunca antes se haya conseguido, el débil resplandor emitido por los primeros objetos del Universo. Estos objetos pueden ser estrellas masivas, galaxias o voraces agujeros negros. Están demasiado lejos para ser reconocidos de forma individual, pero la óptica del Spitzer sí puede capturar lo que parece ser el patrón colectivo de su luz infrarroja. Estas observaciones ayudan a confirmar que los primeros objetos eran numerosos en cantidad y que quemaban combustible cósmico con furia.

El Universo se formó hace unos 13,700 millones de años en una explosión, el Big Bang, que según las teorías más aceptadas supuso el principio de todo. Con el tiempo, el cosmos se enfrió y unos 500 millones de años más tarde empezaron a tomar forma las primeras estrellas, galaxias y agujeros negros.

Los astrónomos dicen que parte de esa “primera luz” podría haber viajado miles de millones de años para alcanzar el Spitzer. La luz se habría originado en longitudes de onda visible o incluso ultravioleta, y a causa de la expansión del Universo, se extendió hasta las más largas longitudes de onda infrarrojas observadas por Spitzer.

“Estos objetos habrían sido tremendamente brillantes”, dice Alexander “Sasha” Kashlinsky, del Centro Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, autor principal del artículo que aparecerá en la revista The Astrophysical Journal. “Todavía no podemos descartar directamente que esas fuentes misteriosas de luz puedan provenir de nuestro universo cercano, pero es cada vez más probable que estemos mirando de reojo a una época antigua”.

Spitzer captó por primera vez indicios de ese remoto patrón de luz, conocido como el fondo cósmico infrarrojo, en 2005, y de nuevo con más precisión en 2007. Ahora, el telescopio se encuentra en la fase extendida de su misión, durante la cual lleva a cabo estudios en profundidad sobre zonas específicas del cielo. Kashlinsky y sus colegas usaron el Spitzer para observar dos zonas del cielo durante más de 400 horas cada una.

Como fuegos artificiales

El equipo sustrajo de las imágenes todas las estrellas y las galaxias conocidas. Pero en lugar de quedarse con un parche negro y vacío en el cielo, descubrieron patrones tenues de luz con características indicadoras del fondo cósmico infrarrojo. Esos “bultos” son consistentes con la manera en que se cree están agrupados juntos los objetos muy lejanos en el cosmos.

Kashlinsky compara las observaciones con la búsqueda de señales de fuegos artificiales en una ciudad que se encuentre a miles de kilómetros de distancia. “Podemos reunir pistas de la luz de los primeros fuegos artificiales del Universo”, afirma. “Y estas chispas queman intensamente su combustible nuclear”.

El nuevo estudio mejora las observaciones anteriores de la medición de este fondo cósmico infrarrojo a escalas equivalentes a dos lunas llenas, considerablemente más preciso que lo que se ha detectado antes. Los astrónomos han aumentado la cantidad de cielo examinado para obtener mayores evidencias y planean explorar más zonas del cielo en el futuro. Confían en que el futuro telescopio espacial James Webb nos diga exactamente qué son y dónde están esos primeros objetos cósmicos.

 

ABC.es