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No son pocas las religiones que han divinizado un acto tan normal y cotidiano como el de respirar, y es que una cosa tan normal y en apariencia sencilla, resulta indispensable para

sobrevivir.

El olfato fue antes que la vista, es decir, antes de que las especies animales más o menos superiores desarrollaran nervios fotosensibles, desarrollaron nervios odorosensibles. Muchos de los mamíferos de la actualidad, como los perros y los gatos, siguen empleando el sentido del olfato, con él se sitúan y con él se guían; con él saben quién es amigo y quién enemigo; con él reconocen la amistad, la sumisión y el miedo.

Nosotros los seres humanos mamíferos superiores al fin y al cabo, utilizamos el olfato casi inconscientemente, pero no hemos logrado atrofiarlo lo suficiente como para que no continúe ejerciendo una serie de funciones básicas.

Gracias al olfato sabemos si un plato nos gusta o no, y a través del olfato aceptamos o rechazamos a cierta gente, incluso cuando algo subjetivo no nos gusta, decimos que “huele mal”, y es que si algo no nos entra bien por la nariz, dentro de nosotros se encenderá una señal de alarma que nos aconsejará escapar del posible peligro.

Ciertos olores actúan como mensajeros

El olfato humano es capaz de percibir miles de olores distintos, lo que pasa es que no siempre estamos conscientes de ello.

En la novela de Patrick Suskind, El Perfume, el personaje lleva a extremos insospechados su capacidad de oler, de distinguir los olores y de saber de qué forma afectan dichos olores a las personas.

Generalmente, solo nos damos cuenta de los olores que son muy fuertes o evidentes. Un trozo de queso, unas zapatillas viejas, un perfume agresivo, entre otros. Pero si un olor es demasiado sutil nos pasará inadvertido, aunque es posible que nos reconforte o nos irrite.

Y es que los olores son algo más que indicativos de una buena o mala comida. Si usted se pone a pensar en algo del pasado, verá como llega hasta su recuerdo el olor de tal o cual cosa, porque buena parte de nuestra memoria es olfativa.

Hay quien va más allá y nos cuenta que ciertos olores particulares actúan como mensajeros de malas o buenas noticias, de una manera prácticamente telepática o premonitoria. Por supuesto, para que dicho mensaje sea tomado como tal no debe haber una fuente cercana que produzca el olor característico.

Atienda sus mensajes

Olor parecido al incienso: muerte de un familiar. Olor parecido al tabaco: alguien quiere que acudamos a su lado.

Olor imperceptible pero que nos hace estornudar: alguien está pensando en nosotros, o nos está recordando.

Olor a hueso: alguien conocido ha caído enfermo.

Olor a azahares: boda próxima. Olor a rosas: recibiremos un regalo inesperado.

Olor a cabellos: alguien quiere acercarse a nosotros, pero no sabe cómo hacerlo.

Olor a animal: tendremos una mascota.

Olor a frío, o sentir un aliento frío: alguien del más allá quiere comunicarse con nosotros.

Olor a sudor: alguien nos desea sexualmente.

Olor a sexo: alguien nos retará o intentará dominarnos.

Olor a humedad: peligro para nuestra propia salud.

Olor a almendras: una persona mayor está enfadada con nosotros.

Olor a cera quemada: tendremos que acatar órdenes o leyes, o bien es posible que alguien quiera dominarnos.

Olor a dulce: embarazo o próximo nacimiento.

Olor a perfume: alguien quiere atraernos, buenas noticias, aumento del magnetismo personal.

Olor a comidas: problemas económicos, nostalgia, necesidad de cambios en nuestros hábitos.

Olor a papel: suerte, riqueza, fama. Olor a pintura: necesidad de hacer arreglos externos e internos, cambios inesperados.

Olor a pan: nuevas empresas, reconciliaciones, alguien nos busca para ofrecernos algo o para ayudarnos.

Olor a medicamentos: cambios, crisis, mala suerte, trabajos forzados o difíciles.

Olor a pólvora: impulso, fuerza, decisión; un asunto que requiere que actuemos con decisión y firmeza.

Olor a plástico: encierro, actividades peligrosas, señal de alarma que nos indica que hay que meditar antes de hacer las

cosas.

Olor a metal: protección, fortalecimiento; etapa de curación o de recuperación.

Olor a tierra: buena suerte en la economía, posible cambio de hogar o de residencia.

Olor a sangre: peligro de accidentes, abortos o enfermedades. Señal de alarma que nos indica prudencia y precaución.

Olor a agua: creatividad, triunfo y reconocimiento, renacimiento y fertilidad.

Olor a brisa marina: viajes largos, atracción por lo desconocido.

Olor a tierra mojada: obstáculos y pruebas que redundarán en nuestro beneficio.

Olor a fuego: cambios radicales e inesperados, señal de alarma para que cuidemos nuestros impulsos y atendamos más a la prudencia.

Olor a alcohol: depuración, limpieza, curación.

 

* Textos de estudios de PENELOPE. Parapsicóloga. Especialista en la interpretación del tarot y las cartas de los ángeles. Terapias alternativas para el control mental y mejorar tu calidad de vida. Consejería en tus problemas laborales, de negocios y sentimentales. Atiende de lunes a sábado de 9 de la mañana a 5 de la tarde, previa cita. Teléfonos: 2255-3586 Celular: 8938-0153, Managua.