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Las personas en el mundo estamos viviendo con inmadurez, los avances tecnológicos se cambian en toda su “magnitud”, pero no el desarrollo espiritual que es la clave para llegar al eterno presente mediante la suprema conciencia.

¿Cuál es el factor que detiene esa espiritualidad? Según Tania Cecilia Otero, sanadora del maestro Pramahamsa Nithyanandam, es el “ego” lo que detiene a la humanidad en su curso a la eternidad divina, mismo que navega dentro de un problema, dado que las dificultades son las que mantienen vivo el egocentrismo.

Ir tras el eterno presente, significa romper todas esas cuerdas o barreras acumuladas dentro de nuestro propio “yo” interno para estar preparados al cambio fisionómico del cuerpo que sufrirá tras una serie de eventos energéticos que ocurrirán en el mundo.

Según el Calendario Maya Nativo Latinoamericano, al finalizar este año entra un nuevo ciclo de vida, continúa Otero.

El que los campos magnéticos de los polos se inviertan, que las tormentas solares se pronuncien, que el cambio climático se agudice cada día más rápido; en fin, que la energía cósmica y terrestre sacuda el mundo, es lo que las personas de manera individual deben trabajar a través de la respiración meditativa, con el fin de distribuir mejor las energías de los chacras y no golpeen tanto esas consecuencias naturales causadas por el mismo ego humano, sostuvo Otero.

Si existiera una sociedad espiritualmente avanzada, el planeta no estaría al borde de la destrucción porque las energías gravitarían en función del cosmos y no de lo material, enfatizó la sanadora.

Hacernos de nuevas ideas espirituales, pensadas de manera lenta podría ser un primer paso para quienes desean llegar al presente magnético de la felicidad eterna, agregó.

Las energías que mueven al ser humano

Se dice que el 99% de las acciones del ser humano son inconscientes porque la gente actúa de manera automática, bajo normas, deseos y emociones de los demás.

Según la experta, lo ideal es mirar hacia adentro de forma intuitiva y consciente para que las energías divinas dirijan nuestras vidas con amor, compasión y sabiduría, pero sobre todo expulsando de nuestro “yo” el egoísmo.

Cada persona tiene caminos distintos, pero hay que saber escuchar hacia adentro para que los campos magnéticos del cuerpo circulen balanceadamente entre lo externo e interno, resaltó.

El pasado y el futuro consciente

“Desplazar los egos internos no solo limpia los pasos hacia un futuro consciente, sino que además ayuda a sanar los atrapados en el pasado”, señaló. Para que una persona sea plenamente madura de pensamientos debe sanar el cuerpo, la mente y el espíritu desde la raíz del problema, y si el egocentrismo, por ejemplo, radica en la infancia es aquí lo que se debe curar con prontitud para liberar las energías del futuro consecuente. “Cambiar el pasado es igual a cambiar el futuro”, apuntó.

La delegada del maestro Pramahamsa Nithyanandam, asegura que lo que existe en la mente de Dios es el presente continuo, es decir las infinitas posibilidades que pueden ocurrir en el hombre y la naturaleza misma, así estas sean inconscientemente.

Las acciones presentes son las únicas que se pueden corregir directamente, y por consiguiente, un pasado cuando se avanza por algo próspero en la vida. Contó.

Ser parte del eterno presente nos permite que uno se eleve a las proximidades del cosmo magnético. Si cada instante o segundo de la vida lo llenamos de relajación y paz consciente todas nuestras acciones ocuparían un presente continuo, refirió.

El mejor método para flotar en la conciencia divina y transmutar el cuerpo del dolor a una identidad profunda y limpia, es observar los sentimientos a través de los ejercicios de yoga, con la finalidad de aceptarse a uno mismo, ser más sensible ante los dolores individuales y colectivos. “A más sensibilidad menos egoísmo”, sustentó.

 

Créditos

Tania Cecilia Otero, sanadora del maestro Pramahamsa Nithyanandam.