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Cuando los hinchas se preparan para vivir la emoción del Mundial, otros cuentan las toneladas de carbono que la gran cita del fútbol mundial emitirá a la atmósfera, un ejercicio obligado en los grandes eventos deportivos que ahora siempre prometen que serán lo más "verdes" posible.

"No hay que contentarse con contar el número de aviones", explicó Federico Addiechi, jefe del departamento de responsabilidad social de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), encargado de la cuestión del carbono.

"También hay que contar las toneladas de cables que utilizarán las televisiones, el número de horas que funcionarán las neveras durante el Mundial, etc.", agregó.

Según la FIFA, la huella de carbono es de 2.723.756 toneladas equivalente de CO2. Más o menos las emisiones de Islandia durante algo más de seis meses y otros tantos gases de efecto invernadero que contribuirán un poco más al cambio climático.

Además, la FIFA no cuenta las actividades que corren a cargo del país anfitrión como la construcción de los estadios. Pero su balance es de una gran precisión.

¿Copa del Mundo verde?

Con dos pantalones, tres camisetas, una chaqueta, un jersey, una gorra y un impermeable para cada miembro del equipo FIFA, y sabiendo que los 2.880 uniformes fabricados en China son transportados de Shanghai a Brasil por barco, es decir 20.000 km, a lo que hay que sumar otros 1.660 km para llevarlos a las ciudades sede, el resultado es de 436 toneladas equivalente CO2.

Una miseria comparado con el transporte, que representa el 83,7% de las emisiones, y sobre todo los vuelos internacionales que llevarán al 40% de los aficionados del mundo entero.

No se trata sólo de una proyección. En Sudáfrica en 2010, el balance fue de 1,65 millones de toneladas, para una estimación cercana a la de Brasil.

Entonces, ¿cuál será la Copa del Mundo más "verde"? "No sirve de nada comparar", advirtió Addiechi, "todos los Mundiales son diferentes", dependiendo de las distancias que tengan que recorrer los aficionados, a la presencia de infraestructuras ferroviarias o el tipo de energía utilizada.

Problema de cuentas

Mientras tanto, Brasil y la FIFA juran que se ha hecho todo para polucionar lo menos posible.

Los 12 estadios deberían obtener la certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), modelo de construcción y de gestión sostenible. Además, "la flota de automóviles funcionará con etanol, los conductores fueron entrenados en ecoconducción y tenemos un programa ambicioso de reciclaje con Coca Cola", argumentó Addiechi.

Otras consignas: "sensibilizar" a los aficionados y "compensar". Brasil anunció a finales de mayo que las empresas que donaron créditos de carbono ya compensaron 59.000 toneladas de equivalente CO2, y que la compañía aérea nacional TAM compró otros.

La FIFA seguirá con 251.000 toneladas (viajes y alojamiento de sus equipos...) financiando proyectos en Brasil que comportan reducciones de emisiones contaminantes.

Estas iniciativas fueron acogidas con satisfacción por la responsable del clima de la ONU, Christiana Figueres, que señala que "los grandes acontecimientos deportivos obtienen cada vez más medallas verdes".

En cambio, hacen sonreír a Frédéric Chomé, director de Factor X, una consultoría climática que trabajó sobre todo en los Juegos Olímpicos de Londres.

"El problema de todos estos grandes acontecimientos deportivos es que se olvidan de las fuentes de las emisiones", explicó. En particular, de "todos los productos derivados", como las botellas de Coca Cola, patrocinador oficial, o las camisetas de las selecciones nacionales que se venden por millares.

La televisión

Por otro lado, "durante los eventos internacionales se vende un 1% más de televisiones, o 20 millones, en todo el mundo. Sabiendo que fabricar un aparato de televisión requiere entre 5 y 6 toneladas de CO2, esto supone un total de 100 millones de toneladas de CO2".

Y "si se considera que habrá 1.000 millones de televisiones funcionando tres horas diarias durante tres semanas, esto representa dos millones de toneladas de CO2".

Un acontecimiento deportivo "verde" es "una quimera", aseguró Chomé. Lo que se puede hacer en el futuro son "criterios medioambientales muchos más estrictos en el momento de la candidatura".