•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Web

Suena el silbato, y zigzagueando vertiginosamente entre el corazón y la cabeza, nuestras emociones saltan de nuevo al tapete. El fútbol mueve al mundo, no antes de Galileo, y lo crispa cada cuatro años. Aquí estamos frente a otra Copa del Mundo, la número 20. Bendito invento, gracias Jules Rimet tan visionario.

Brindemos por esta nueva Copa que sobrevivió a tantas emboscadas y a tantas imperfecciones. Algunos estadios están incompletos. Bueno, en 1930 se tuvo que posponer el estreno de “El Centenario” en Montevideo. Ningún país es perfecto, mucho menos en América Latina donde prevalece la pobreza pese a los múltiples intentos por reducirla. Y si hay pobreza extrema, como en las favelas, hay incomodidades. Pero la vida sigue, y el planeta sigue girando tercamente alrededor del fútbol.

Pasó en Sudáfrica y seguirá pasando. Excepto, cuando el cielo gane la sede de un Mundial. Por ahora, con todos los cuestionamientos que puedan hacerse, el Paraíso está en Brasil, y todos estamos brindando por esta nueva Copa, porque nos proporcione un fútbol excitante y nos mantenga atrapados.

Desde 1958 me gustan las Copas del Mundo. Tenía 14 años y Pelé --apenas un chavalo-- brillaba como un verdadero astro. Estuve muy atento a las de 1962 y 1966, mientras me bachilleraba contra viento y marea y entraba fugazmente a la Universidad. En 1970, ya como periodista, y con Pelé saltando de nube en nube, muy cerca del cielo, escribí sobre cada juego. ¡Qué estrujante fue para mí, a la orilla del teletipo --por falta de transmisión por TV en blanco y negro--, el duelo Brasil-Inglaterra en Guadalajara! ¡La atajada de Banks y el gol de Jairzinho!

Mi manera de seguir las Copas cambió. De la butaca de fanático pasé  a la de periodista, y así he seguido. Me gusta la luz de la luna, leer un libro, ver una buena película, tomarme un pinolillo, y por supuesto, disfrutar de una Copa del Mundo, brindar por ella. Cuando tienes setenta años, piensas que será difícil ver otra.

Me gusta el fútbol, porque siempre es 1950 y 1970, una época inolvidable, que nunca se fue, porque siempre está presente. Cuando yo pensaba que algún día iba a crecer. Se inicia hoy la XX Copa del Mundo con Brasil como la gran referencia. Y pensando en Brasil, el de Leónidas, el de Ademir, el de Pelé, el de Zico, el de Ronaldo, el de Neymar, uno siente que no envejece. Que encontró la fuente de la juventud.