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Ganó Brasil, y para efectos mediáticos y ruidosos, eso es lo que importa, aunque para entrar en consideraciones sobre el futuro que puede fabricar el equipo de Luiz Felipe Scolari, su actuación no fue convincente, y dejó abiertos espacios para muchas discusiones, sin incluir el penal a Fred, que para mí, lo fue, porque en el área --aunque los árbitros se traguen el pito-- toda falta es penal, y el agarrón de Lovren existió.

Los dos mosqueteros

Neymar es jugador incidente, sabe resolver y puede cargar con cualquier responsabilidad sobre sus espaldas, y Oscar es dueño de una dinámica inagotable cobijada de destreza, con el suficiente atrevimiento para ser desequilibrante. Sus maniobras, generaron peligro constantemente, y su terquedad para disputar balones fue de mayúscula importancia. Lo vi como el mejor del juego, merecedor de un “Oscar” de la Academia con su actuación.

En el minuto 11, flaquearon las columnas del “Coloso” de Sao Paulo. Gol en contra de Marcelo, y Croacia, sin Prajnic y sin Mandzukic, se adelanta 1-0. El planeta se detiene y la multitud enmudece. Pero es muy temprano para sentirse arañados por la angustia, y en el minuto 28, el empate 1-1 con gol de Neymar, un zurdazo rasante disparado desde afuera contra la base del poste izquierdo del arquero Pletikosa. El “¡Aquí estamos!”, envuelto en un aullido ensordecedor, agita todo Brasil y revitaliza las ilusiones.

Aunque el gol de Neymar lo cubre todo, no se puede ocultar la gestión de bravura en la disputa y recuperación de pelota de Oscar, en un alarde de insistencia y de confianza. Ese esfuerzo impresionante produce que la entrega de Neymar con habilidad y seguridad, mostrando su fuego y certeza, se convierta en gol.

LA CONFUSA PELEA EN EL MEDIO

Pensé que Paulinho sería de vital importancia en el centro del campo, y que aprovechando el repliegue croata, Luis Gustavo se adelantaría para contribuir, pero eso no ocurrió, y se observó un vacío en esa zona, con Oscar moviéndose por la derecha derribando obstáculos, en vista de que siempre fue cercado por dos y hasta por tres adversarios.

Pero Croacia tampoco contó con un medio campo funciona al quedarse Modric muy atrás, temeroso de las contras, y quedar aislado Rakitic. Cuando en el segundo tiempo llegaron a juntarse, Croacia consiguió ser amenazante y exigir a Julio César, al carecer extrañamente de solidez el centro de la defensa, cubierta por mastines tan solventes como habitualmente lo son David Luis y Thiago Silva.

Poco a poco, después de ser apretada contra su cabaña en el inicio del segundo tiempo, Croacia comenzó a soltarse, mostrando un atrevimiento que parecía sepultado, pero en una acción de contraofensiva brasileña, Fred es afectado por el agarrón de Lovren. El árbitro sentencia el penal, y entre la polvareda de discusiones ejecuta Neymar. Casi lo saca el arquero Pletikosa, pero la fuerza del derechazo, impide que se complete el desvío y la pelota sacude las redes para el 2-1.

EL TIRO DE GRACIA

De espaldas a la pared, con sus pies entre las brasas, Croacia tiene que salir a buscar algo, y complica a la tan promocionada y respetada defensa brasileña, fabricando hasta tres posibilidades de empatar. Claro, que ese avance de líneas, exponía al equipo de Niko Kovac al contragolpe, pero no tenía otra alternativa que correr con ese riesgo.

Y vino el robo de pelota de Ramírez, el deslizamiento del balón hacia Oscar, la correcta recepción, proyección y definición del joven artista, con la pelota entrando, rascando el poste derecho de Pletikosa en el minuto 92, para sellar el 3-1. No fue un gran partido de Brasil, pero sí un gran resultado. Y eso tiene significado en todo despegue.