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La ansiedad fue superada, el supuesto maleficio quedó atrás, finalmente funcionó la galvanización, y Lionel Messi marcó en el Maracaná en su primer juego de este Mundial, sobreviviendo a la palidez del equipo argentino, nada que ver con un candidato a ganar el torneo. Eso sí, bastó un chispazo en el minuto 65, para volver a creer en Messi, y sobre todo, para que él recupere su autoestima tantas veces mordida en un año nublado.

Su gol, de geometría magistral, recibiendo atrás y proyectándose, retorciendo defensas, abriendo espacios, y disparando con su zurda contra el poste derecho del arquero Begovic, estableció un 2-0 en la pizarra, que significó la diferencia, porque Bosnia, resistente, combativa, con ideas y firmeza, recortó 2-1 al anotar Ibisevic en el minuto 84, sacando la intriga del closet y reactivando la angustia en la recta final. Pudo Messi extender a tres la producción de Argentina, pero desvió su disparo junto al poste derecho sacudiendo las redes de afuera, con minuto y medio pendiente.

Brilló Messi

En la inmensidad histórica del Maracaná, Messi parecía una pulga, y como tal, atrapado además por el estrepitoso naufragio del sistema de juego gaucho, lento y sin imaginación, casi no se vio, obligado a retroceder para tomar balones y buscar cómo asociarse. La idea de los tres centrales trabó al equipo sin proyección desde atrás. Necesitado de una linterna que no consiguió, Messi, quien dibujó ese centro que provocó la confusión y el autogol de Kolasinac en el propio inicio del juego, no pudo salir del túnel en un primer tiempo tan frustrante, que hubiera hecho llorar a Gardel.

Para quienes esperamos de Argentina y de Messi un fútbol de excelencia, ese primer tiempo fue una tortura, una invitación al sufrimiento, un viaje al abismo. El 1-0 por el autogol de Kolasinac, solo estaba en la pizarra, no en el terreno. El equipo menor era Argentina, no Bosnia, que conseguía ubicarse, llegar, presionar y permanecer de pie frente al área, amenazando a Romero, forzándolo a dos paradas de mucho mérito.

Funcionó el maquillaje

Era obvio que Sabella saldría de su laboratorio con cambios para el segundo tiempo. Higuaín reemplazó a Maxi Rodríguez y Gago a Campagnaro. Y se necesitaba el resurgir del Kun Agüero, y una mejor conexión Messi-DiMaría. La cantidad de enlaces Messi-Mascherano, era superior a Messi-resto del equipo, según el informe estadístico.

Vimos otra Argentina, más dinámica, con mas presencia en el área rival, mayor profundidad en sus avances. Y en el minuto 65, la gran jugada realizada por Messi para el 2-0. Después de ese gol, “La Pulga” quería cargar con el Maracaná en sus espaldas. Era un momento de emoción suprema, algo inédito. En el 2006 marcó en su primer juego de Copa del Mundo contra Serbia, se quedó sin goles en cinco juegos en el torneo de Sudáfrica, y ayer, casi clava dos. Falló el más viable, el que parecía un hecho, y le dolió.

Diego tuvo que esperar

En sus tres primeras Copas del Mundo, Diego Maradona no marcó en los primeros juegos: derrota 1-0 frente a Bélgica en 1982, victoria 3-1 sobre Corea del Sur en 1986 con dos goles de Valdano y uno de Ruggeri, y derrota 1-0 ante Camerún en 1990. Fue hasta en su cuarta Copa, 1994, que llevó la pelota a las redes en un primer juego contra Grecia, dos veces.

¿Qué impresión dejó esta Argentina de dos caras respecto a sus pretensiones?

Pobre, con ciertas señales de poder mejorar, pero no sabemos si lo suficiente como meterse en la pelea por el título. Por ahora, en un grupo que completan Irán y Nigeria, parece disponer de excelentes posibilidades para avanzar a octavos, pero el “más allá” se ve borroso, sin diagnóstico.

* etm@doble-play.com