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Un Goliat astuto, capaz de desviar todas las pedradas sin importar la carga de megatones, y permanecer agigantado frente a la insistente ofensiva verde-amarilla, eso fue ayer Guillermo Ochoa, principal responsable del 0-0 que oscureció a Brasil y su futuro, una vez que esta Copa ingrese a los octavos de final, abriendo las etapas de muerte súbita.

¡Cómo se fajó México, con bravura, criterio, capacidad de respuesta y fabricando opciones! Llegó a estar cerca de provocar un impacto colosal. El largo, potente y envenenado disparo de Guardado, en el minuto 90, destrozó sistemas nerviosos, y el remate de Jiménez casi de inmediato, culminando un fulminante contragolpe, desviado angustiosamente por Julio César, aceleró peligrosamente corazones que retumbaban en las tribunas. México estaba en pie de guerra, mostrándose de cuerpo entero, más allá de todos los cálculos previstos. Pancho Villa pistola en mano.

REVANCHA DE OCHOA180614 brasil

Y pensar, que la presencia de Ochoa en la cabaña azteca, pese a su brillante actuación en Francia con un equipo tan débil como el descendido Ajaccio, fue muy discutida, en vista de lo convincente que ha sido durante largo tiempo el aporte de Jesús Corona, favorito del público y del periodismo en el país del norte. Una revancha para Ochoa, quien en el juego anterior realizó una atajada de mucho mérito frente a Camerún, y hace cuatro años, siendo considerado titular, días antes del Mundial de Sudáfrica fue enviado al banco por las señales de inseguridad que se le captaron a última hora, desplazado por el inagotable veterano Oscar “Conejo” Pérez.

Un partido no de ribetes espectaculares, pero sí emotivo, intensamente disputado y naturalmente interesante por las variantes que ofreció México respondiendo apropiadamente a las exigencias de Brasil, el equipo que buscaba ganar y, sobre todo, impresionar, lo que no consiguió. Este Brasil embiste como un toro, sin aquellos toques artísticos, y sin el juego bonito que se ocultó en la profundidad de la selva amazónica desde el Mundial de 1982, golpeado por Paolo Rossi.

OTRO ESTILO DE BRASIL

Es un Brasil que persigue resultados, como el visto en Japón y Corea en el 2002, y en la última Copa Confederaciones, convencido de que no hay nada más satisfactorio que la victoria. Un Brasil de pocas figuras brillantes en pantalla, Neymar y Oscar, este último sin el crecimiento conseguido contra Croacia, siendo finalmente reemplazado. Ninguno de ellos con sitio todavía en los grandes equipos brasileños que siguen moviéndose en el museo de los recuerdos imperecederos. Puede que tampoco pretendan eso en esta época con el romanticismo engavetado, en la que importa la efectividad de las gestiones.

El faul a Marcelo en el área, era penal, pero al parecer, escapó al ángulo visual del árbitro, que de esa forma evitó meterse en la hoguera. Igual que el faul de Thiago Silva, casi de color rojo. La progresión en el medio campo fue lo suficientemente rápida, no solo por parte de Brasil, también por México, y eso multiplicó posibilidades, obligó a Julio César a mostrarse útil, robándole cámara a Ochoa.

MÉXICO RETADOR

Brasil, sin lograr el entendimiento deseado, estuvo más cerca de la victoria, cierto, pero sufrió esquivando zarpazos de un retador audaz. Márquez, Rodríguez, Moreno, Vásquez, Guardado, Giovani, Layún, se movieron con confianza y solvencia en los diferentes sectores y circunstancias, elevando la estatura de México como adversario de cuidado, mientras en las tribunas el nerviosismo se aceleraba haciendo crecer el suspenso. Pienso que el espectáculo se disfruta más cuando no usas

calmantes.

Las atajadas a Paulino, a Neymar, a Thiago Silva, sus salidas seguras, esos cierres precisos, los oportunos anticipos, la firmeza por arriba, dimensionaron la incidencia del arquero Ochoa en el resultado. “Hasta hoy, la mejor actuación de un arquero”, dijo en su comentario, alguien con postgrado en esa tarea, como es el alemán Oliver Khan.

3 Mundiales ha disputado Guillermo Ochoa con México, pero este es el primero en que actúa como titular.

“Indudablemente que el de hoy es el mejor partido de mi vida, por el rival contra el que jugamos, el anfitrión del Mundial”.

Guillermo Ochoa, arquero de México.