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Las personas que asistieron al Estadio Virtual Claro, ubicado en Galerías Santo Domingo, fueron testigos del “Mineirazo”, es decir, la mayor goleada que jamás recibió Brasil. La “Mannschaft” enrejó a la selección brasileña. El ambiente al final del partido permitía creer que el lugar era un cementerio.

Pero en la previa, los aficionados de ambas selecciones tenían en mente un partido disputado, pero parejo. Las camisetas amarillas eran la mayoría, una banda de batucada y el contexto daba la victoria a Brasil.

El espacio permitía la fiesta, sin embargo, todo cambió cuando Thomas Müller marcó el primer tanto. La afición alemana y las personas contrarias a Brasil gritaron el gol con todo el pulmón. La torcida brasileña no dejaba de alentar, después del segundo gol y del tercero. En el cuarto tanto, el ambiente se entristeció, reinó el asombro y casi todos estaban atónitos.

Luego hubo una ruleta de emociones: el asombro se volvió tristeza, después ira e impotencia, y por último resignación. Mientras la torcida en Brasil se burlaba y pitaba a sus jugadores, en Managua la torcida reconoció el fruncimiento de la maquinaria alemana.

El quinto era impensable, pero el sexto y el séptimo eran parte de la pesadilla del “Mineirazo”. No sirvió de mucho el gol de Oscar para devolverles el ánima a los espectadores. Los caballeros teutones ya habían destruido la dignidad de Brasil y la Scratch do ouro.