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Argentina jugará con Alemania la final del Mundial 2014 al eliminar en la tanda de penales 4-2 (0-0) a Holanda, con una inmensa actuación de su portero Sergio “Chiquito” Romero, que se hizo gigante.

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Romero, suplente en el AS Mónaco de la liga francesa, tuvo un desempeño decisivo al detener dos penales, mientras que sus compañeros anotaron sus cuatro disparos.

Argentina y Alemania se verán las caras el domingo en el legendario estadio Maracaná, en pleno corazón de “territorio enemigo”, para jugar la tercera final y la más repetida en la historia de los Mundiales entre ambas selecciones.

La albiceleste se coronó en México 86 con Diego Maradona en su apogeo, y Alemania levantó la Copa en Italia 90.

El equipo de Sabella llega a la final un día después de que Brasil viviera una catástrofe deportiva con la goleada histórica que le asestó Alemania, por 7-1.

“La verdad es que es una alegría inmensa. Los penales son suerte, es la realidad. Tenía confianza y gracias a Dios salió bien. La esperanza está acá desde el día 1. Estos muchachos no regalan nada. Nos vamos contentos y prepararemos el partido a partir de mañana”, dijo Romero, el héroe argentino, en el Arena Corinthians de Sao Paulo

Partido parejo

El partido fue sumamente parejo, de respeto mutuo y sin que ninguno de los dos regalara nada, y también fue muy equilibrado el duelo entre Lionel Messi y el holandés Arjen Robben, las figuras de ambos equipos, aunque ninguno fue demasiado influyente.

Ambos convirtieron en la tanda de penales, pero fue el argentino el que celebró.

Pocas acciones peligrosas, mucho traslado y máxima precaución, esa fue la fórmula de ambos entrenadores, que se estudiaron en detalle y llevaron el partido hasta la definitoria serie de penales.

La albiceleste, además, defenderá el domingo el invicto latinoamericano en seis Mundiales disputados en la región.

Tristeza não tem fim

El país del fútbol, pentacampeón mundial, sigue sumido en un estado de profunda tristeza y decepción, tal vez orillando otro trauma por el orgullo nacional mancillado por segunda vez en su propia casa, tras el “Maracanazo” de 1950.

Para colmo, un día después, su archienemigo eliminó a Holanda en la serie de penales y jugará la final en el templo del fútbol brasileño.

La catástrofe deportiva ante Alemania, en un país donde el fútbol es religión, despedazó el sueño de 200 millones de brasileños que se prepararon para celebrar a lo grande la sexta corona, la primera en casa.

Queda por ver si la cuchillada alemana abrirá heridas profundas en el orgullo de un país que toma el fútbol como medida de sus éxitos.

“Vamos a estar marcados por el resto de la vida por un 7 a 1, un resultado que acabó con nuestro sueño y el de todos los brasileños”, resumió el zaguero Thiago Silva.

El portero Julio César señaló lacónicamente: “Explicar lo inexplicable es muy complicado”.

Lo inexplicable es el resultado tan amplio, impensable, pero no es tan complicado explicar que Brasil nunca jugó bien en este Mundial, incluso con Neymar.

Pero sin el joven maravilla, único talento de la ‘Seleçao’, una derrota ante la poderosa Alemania estaba dentro de cualquier cálculo.

Sufrieron por Neymar

La verdeamarilla de Luiz Felipe Scolari nunca se pudo recuperar del golpe anímico que significó la salida por lesión de su líder y de lejos su mejor jugador, autor de cuatro goles en cinco partidos.

Y jugar un partido decisivo con el ánimo por el piso ante una máquina como la alemana se suele pagar muy caro, tan caro que Brasil recibió cuatro goles en seis minutos, una estadística que quedará marcada a fuego.

Cuando el dolor abra paso al análisis, Felipao estará en problemas: muy seguro, cambió el esquema histórico de jogo bonito que expresaron figuras como Pelé, Garrincha, Ronaldo y Romario, por el de marca y especulación, que convirtió a Brasil en un equipo tosco y ordinario.

Al seleccionado brasileño le queda el mínimo consuelo de jugar por el tercer puesto en Brasilia, ante Holanda.

Esta fue la quinta vez que Argentina y Holanda, uno de los clásicos del torneo, se vieron las caras en Mundiales desde Alemania 74, incluyendo la final de Argentina 78 ganada por el local (3-1) y los cuartos de final de Francia 98 donde se impusieron los naranjas.