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¡Qué inmenso se vio Javier Mascherano sujetando por el cuello y los tobillos todas las malas intenciones de Holanda, incluyendo una gestión milagrosa que “amputó” a Robben junto a la cabaña gaucha en el minuto 91, y qué fantástico estuvo el arquero Sergio Romero deteniendo los penales de Vlaar y Sneijder, mientras los argentinos acertaban los cuatro disparos que realizaron!

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¿Qué hubiera sido de Argentina sin el aporte de ellos, que lucieron como colosos frente a las exigencias de diferentes momentos? Difícilmente el equipo gaucho hubiera atravesado el Rubicón, gritando: ¡La suerte está echada!, si Mascherano durante un juego tenso, trabado en el centro del campo, con poco cañoneo, y Romero, agigantado en la definición por penales, no saltan a las brasas para hacerse cargo del rescate.

EL AJEDREZ DEL 0-0

Por vez primera, una semifinal extendida a 120 minutos, registra un 0-0, y Holanda que esperó los últimos minutos contra México para marcar dos goles, venía de empatar 0-0 con Costa Rica en otro duelo de 120 minutos, atrapado en una “sequía” inesperada después de lograr 10 goles en sus primeros tres juegos, incluyendo el 5-1 contra España. Finalmente, los penales “determinaron” que Argentina merecía el triunfo.

Holanda y Argentina plantearon un interesante ajedrez que mantuvo a los “astros” Arjen Robben y Lionel Messi desconectados, el primero por un cuidadoso aislamiento, y el otro, por un férreo enjaulamiento; efectivos en la recuperación de balones y con sus defensas precisas en cierres, anticipos y obstrucción, los dos equipos lograron que pocas veces durante los primeros 45 minutos llegaran verdaderos peligros a las dos áreas.

INÚTIL LA PROGRESIÓN

La posesión del balón no tenía importancia frente a la inutilidad de las progresiones. El marcaje de los zagueros holandeses no permitió a los atacantes argentinos ninguna recepción con posibilidad de manejo y de disparo, excepto el tiro libre de Messi, en tanto, atrás, Argentina supo cerrar filas y cortar avances, con el refuerzo de Mascherano, activo en todas las gestiones que se necesitaban, con entrega, sacrificio y eficacia.

Hacia el cierre del segundo tiempo, Robben comenzó a mostrarse como factor, y Messi obligado a retroceder, solo aparecía fugazmente. Pero Higuain estuvo activo, Enzo Pérez se hizo notar, y Lavezzi, incansable, peleaba cada pelota y presionaba… En el lado de Holanda, DeJong retornando a la trinchera, no alcanzó ser incidente; Van Persie necesitado de conexiones, no fue apoyado; Sneijder no llegaba a pisar el área, y el trabajo de Kuyt se diluía en el último cuarto.

ÚNICA SOLUCIÓN, LOS PENALES

Así que, el 0-0 fue creciendo mientras el tiempo pasaba. El ingreso de Janmaat agilizó a Holanda y contribuyó a la liberación parcial de Robben, y algo parecido ocurrió cuando Sabella utilizó a Palacios y Agüero. Las amenazas se acercaron a las cabañas, y la opción más clara de Holanda, con Robben incursionando por la izquierda en la vecindad de Romero, fue destrozada por la pierna derecha estirada y el botín oportuno de Mascherano, con Van Gaal casi gritando el gol. Argentina tuvo dos claras. El cabezazo de Palacios necesitado de mejor bombeo o más fuerza atrapado por Cillissen, y el centro atrás de Messi que no logró empalmar Maxi Rodríguez.

Luego, el drama de los penales: Romero que desvía el disparo de Vlaar, y Messi que adelanta 1-0 al equipo argentino; Robben que clava un trazado rasante con su zurda maestra para el 1-1, y Garay con taponazo recuperando la ventaja de Argentina 2-1; Romero otra vez milagroso volando hacia su izquierda para sacar un cohete de Sneijder, facilitando que con el acierto de Agüero se establezca un 3-1 depresivo para Holanda, no para Kuijt, quien siguiendo la ruta de Robben, estrechó la distancia 3-2; y de inmediato, el tiro de sentencia, a cargo de Maxi, con derecha, quiebra-manos de Cillissen, metiendo a los gauchos en su primera final desde 1990, precisamente la última vez que Alemania se coronó.

Los volveremos a ver el domingo.