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Si alguien preguntara a cualquier futbolista argentino cuál es su máxima aspiración, diría sin duda: ser campeón del mundo y levantar la Copa en el Maracaná. Lionel Messi, el mejor de todos, puede cumplir ese sueño casi imposible. Pero todavía no explotó.

Dicen que en esta temporada jugó a media máquina en el FC Barcelona para preservarse hacia el Mundial, dicen que está enfocado para no dejar pasar ese momento único, dicen que espera ese día como pocas cosas en su vida.

"La Pulga" tiene un amor propio que puede perforar cualquier récord que se le ponga enfrente, pero no es como su amigo y compañero del Barcelona Javier Mascherano, un caudillo de pelea que contagia al resto.

El joven de Rosario está pensando cuándo le darán ese segundo fatal, ese que invierte en pensar antes que el resto para ejecutar sin piedad.

Parecía que se encaminaba sin escalas a ser el mejor del Mundial cuando en la fase de grupos había anotado cuatro goles en tres partidos, contra apenas uno que tenía en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. Pero ahí frenó.

Argentina avanza

Pasaron Suiza, Bélgica y Holanda, tres selecciones de estilos diferentes pero similares en la decisión de colocarle marca duplicada o triplicada al hábil delantero argentino, y de esa forma lo anularon.

La ‘Albiceleste’ avanza, pero el cuatro veces ganador del Balón de Oro parece no sentirse cómodo sin los otros tres fantásticos juntos: Ángel Di María, un avión que no pierde la precisión en velocidad, está lesionado; Sergio Agüero, su socio más eficaz en los pases cortos ha regresado tras lesión, pero le falta ritmo; Gonzalo Higuaín, amagó con iniciar una serie goleadora al anotar ante Bélgica y ahí paró.

Y entonces el pibe de Rosario no encuentra socio para descargar: levanta la cabeza, no ve a nadie libre, da una vueltita y ya tiene encima un vallado imposible de perforar. Sus compañeros solo lo miran porque como los 40 millones de argentinos esperan que frote la lámpara y encare hacia la portería rival, donde se vuelve letal.

Messi celebró como un loco el pase a la final, algo infrecuente para su timidez e introversión. En la tanda de penales, cumplió con su parte: anotó el primero, el que contagia confianza al resto de los ejecutantes. No más.