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Llueve y hace frío en muchas regiones de Argentina. Sin embargo, la temperatura en el país está más caliente que un verano sofocante. Luego de 24 años, la pasión máxima de los argentinos tiene la oportunidad de llegar a lo más alto, eso que no se alcanza desde aquel ya lejano México 86, y el pueblo lo palpita, lo ansía, lo vive, lo añora.

Los días pasan y la excitación va en ascenso. Luego del sufrido pasaje ante Holanda en semifinales por penales del miércoles, la ilusión de toda una nación vuelve a tocar ese punto extremo, que tanto se esperó. Esa revancha siempre latente, y ante un ya clásico rival como la poderosa Alemania, víctima de la final en el estadio Azteca, pero verdugo cuatro años más tarde en Italia 90, y de las dos más recientes competiciones mundialistas, en las que tocó irse en cuartos de final ante los teutones. Y no se habla de otra cosa.

Como es de esperarse ante cada Copa Mundial, los medios prácticamente ni mencionan otra cosa. La población, unísona y monotemática. En la calle, comercios, trenes, colectivos (buses), subterráneos y hogares, el eje de conversación no varía. El pueblo olvida su cotidianeidad y se permite soñar con el máximo deseo deportivo a nivel país, ese que lo tiene revolucionado.

Equipo que ilusiona

Luego de unas eliminatorias satisfactorias y un equipo que ilusiona, principalmente por su poderío ofensivo, liderado por Lionel Messi --sin dudas el mejor del mundo--, acompañado por Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y el incansable Ángel Di María, el juego pareció transformarse en los encuentros mundialistas.

Las dudas defensivas fueron disipadas con el ingreso de Martín Demichelis, la solvencia de Ezequiel Garay y la grata sorpresa de Marcos Rojo, además de la consolidación en su puesto del arquero Sergio Romero, pieza clave en semifinales. Sin embargo, el juego punzante, veloz y contundente aún no termina de aparecer. Al menos no en forma sostenida durante noventa minutos. Una temporada extenuante en sus clubes con el consiguiente desgaste físico y mental atentan a la hora de correr, de rendir a su nivel. A pesar de sus cuatro goles, Messi es fiel reflejo de ello, discontinuo e inconexo en los últimos partidos. Y con las lesiones en los llamados “cuatro fantásticos”, se reciente aún más. Paradójicamente, el sector que más seguridad brindaba es ahora el que más dudas despierta.

Mascherano el “Jefe”

Es en esos momentos en los que cobra mayor notoriedad y reconocimiento el corazón, temple, entrega, coraje, palabras que en Argentina se sintetizan con “huevos”, y que tiene en Javier Mascherano a su máxima expresión, convertido ya no solo en el jefe del mediocampo sino en el líder del equipo, indiscutido para los medios y los fanáticos. Pero ante Alemania, conjunto que sin dudas ha mostrado el juego más sólido, vistoso y efectivo en el certamen, no alcanza.

A pesar de todo ello, el equipo se mostró solvente, aunque sin su característica explosión arriba. Enzo Pérez, de buen rendimiento, se espera vuelva a ser titular. La única duda, el micro desgarro de Di María permitirá lo propio o seguirá haciendo la banda Ezequiel Lavezzi. Pero del 4-3-3 clásico hace un mes, se pasó a un 4-4-2 menos permeable, aunque menos contundente.

“Todos somos técnicos”

Las horas pasan y la expectativa se vuelve eterna para el cualquier argentino, desde el más fanático hasta aquel que rara vez se interesa --la minoría, por supuesto--. Y en algo solo comprensible en un pueblo tan futbolero como el nuestro, todos opinan. Claro, en Argentina todos somos técnicos. Solo basta con abrir la oreja; las opiniones se diversifican hasta puntos inimaginables.

“Tiene que ingresar Di María, es fundamental, a pesar de que esté en una pierna”, se escucha por un lado. “Tienen que dejarlo para el segundo tiempo, cuando los alemanes estén cansados”, por otro. “Messi aparece y les pintamos la cara”, se repiten varios. Infinidad de frases que resuenan permanentemente y quedarán estériles en poco tiempo, aunque la espera parezca tan larga.

Lo cierto es que para conquistar el sueño de todos, deberá reaparecer ese juego que tantos resultados trajo, acompañando esta hidalguía que nos llevó a la final. Para vencer a Alemania, favorito en la previa, se necesitará de un Messi conectado con el equipo, acorde a su nivel y la explosión de los delanteros. La ilusión está, la oportunidad de llegar a lo tan anhelado, bien merecida la tienen.

En horas nomás, a las 16, el pueblo entero estará prendido frente a un televisor. 100,000 argentinos colmando Río de Janeiro, y los corazones de 40 millones más en el país, saldrán a la cancha a buscar la gloria en el Maracaná.