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Una final de Copa del Mundo ha sido desde siempre, un duelo a corazón abierto con fuego en la sangre. Se siente en cada uno de “los combatientes” por el título, ese inconfundible aliento de dragón. Se trata de una batalla que exige piernas galvanizadas y una carga extra de oxígeno en los pulmones. Es algo que se capta fácilmente. Y es, por supuesto, una lucha contra la presión en crecimiento minuto a minuto.

En un torneo de brutal desgaste físico y mental, vives hasta que mueres, como dice Truman Capote en su obra maestra “A sangre fría”, y poco importa como mueres, porque los muertos quedan en abandono y todos los reflectores van hacia los vencedores.

¿POR QUÉ ALEMANIA?

Alemania es el favorito por una sencilla argumentación: mejor portero con Neuer custodiando la cabaña; defensa más sólida y con mayor oficio, aunque la de Argentina no permite goles en los últimos tres juegos, burlándose de las advertencias previas sobre su fragilidad; un centro del campo firme, creativo, incidente, incansable; un ataque temible encabezado por Muller; y un cerebro más iluminado, el de Low.

Cierto, Alemania no cuenta con alguien tan genial como Lionel Messi, pero eso lo compensa sacando ventaja en los diferentes sectores, y habiendo aprendido de Holanda, como “enjaular” el talento del genio, reduciendo su gestión en maniobra, entrega y definición. El favorito es Alemania, visto desde cualquier butaca y en cualquier pantalla.

LA “CACERÍA” DE MESSI

¿Sería milagroso un triunfo de Argentina? No propiamente, pese a que el equipo de Sabella, tan cuestionado en la fase de grupos, todavía no ofrece una actuación de impacto.

En los deportes, no hay nada escrito. Lo demostró Alemania en 1954, derrotando en la final al poderoso e irrepetible equipo de Hungría, que lo había triturado 8-3 en primera etapa, estableciendo una diferencia abismal. A ese resultado sorprendente, se le llamó “El milagro de Berna”.

Esta Alemania modelo 2014 tiene suficientes mastines para recortar el radio de acción y la capacidad de penetración de Messi, quien prácticamente no llegó a pisar el área frente a Holanda. El manejo de los relevos como complemento del toque de balón con entregas precisas, es uno de los recursos más eficaces de este equipo que utiliza la flexibilidad de Lahm, el movimiento permanente de Kroos por toda la frontal, y el ímpetu con destreza de ese búfalo que es Schweinsteiger, para garantizar conexiones y proporcionarles profundidad a sus atacantes, con Muller levantando la mano constantemente.

DEFENSA SIN AGUJEROS

Inesperada pero real, la solidez conseguida por la defensa argentina con Marcos Rojo, Ezequiel Garay, el restaurado Martín Demichelis, y Zabaleta, con este increíble Mascherano polifuncional, tan necesario, se ha convertido en factor. Esta zaga, sin permitir goles en tres juegos consecutivos, hará frente a un ataque que asestó siete estocadas en la fase de grupos y diez más atravesando los otros tres juegos. Es más, con los atacantes que Low deja en el banco, sin acordarse del lesionado Marco Reuss, cualquier otro equipo de la Copa, mejora.

“Alemania no es invencible”, dice Maradona. Ningún equipo lo es, porque terminaría con lo intrigante que proponen los deportes, pero hay equipos que son los más difíciles de vencer, y en esta Copa, esa lista la encabeza Alemania.

Un tenista número 144 en el ranking, de 19 años, eliminó a Nadal en Wimbledon hace unos días en la sorpresa del año raqueta en mano.

Argentina ha venido mejorando poco a poco, sobre todo atrás, y pudo trenzarse en una pelea de centro de cancha con Holanda, en su examen más exigente. Si regresa Di María sin inconvenientes, con los aportes de Higuaín y Lavezzi o Agüero, depende de cómo los baraje Sabella, Argentina con Messi activado, puede multiplicar su agresividad.

DOS DIFICULTADES

El equipo germano que empató angustiosamente con Ghana 2-2 en su momento más tambaleante, sobrevivió frente a Francia con un gol de vieja receta. Y es ese duelo con Francia, el que le proporcionó madurez a Alemania. Pienso que el equipo francés es superior al argentino y coloca más presión con su ofensiva.

Alemania-Argentina hoy en El Maracaná. Es la final, se siente en la piel, en los latidos del corazón, en la inquietud del alma, en la ansiedad que nos aguijonea, en el masticar de uñas. No es fácil separar lo sagrado de lo profano en los vaticinios, pero como la mayoría, veo ganador a Alemania. Eso sí, sudando, rechinando los dientes, resoplando.