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A partir de hoy, empezaremos a publicar los cables diplomáticos de  la embajada de Estados Unidos sobre Nicaragua, filtrados por WikiLeaks, en una alianza de medios de comunicación entre La Nación de Costa Rica, y Confidencial y Esta Semana, a la que se ha sumado EL NUEVO DIARIO.

Se trata de 1,432 despachos diplomáticos que en su gran mayoría se originaron en la embajada de Estados Unidos en Managua entre enero de 2006 y el 26 de febrero de 2010. Estos cables forman parte del paquete de más de 251 mil documentos, escritos desde 280 embajadas y consulados estadounidenses, en 180 diferentes países del mundo, que se encuentran en poder de WikiLeaks desde mediados de 2010.

En noviembre del año pasado, cinco prestigiosos diarios en el mundo, The Guardian, de Inglaterra, The New York Times, de Estados Unidos, El País, de España, Le Monde, de Francia y el semanario Der Spiegel, de Alemania, iniciaron la publicación de reportajes especiales basados en los cables, sobre las interioridades de las relaciones de Estados Unidos con África, Europa, Asia y América Latina.

De hecho, la opinión pública internacional ha conocido desde entonces al menos 8 cables directamente relacionados con Nicaragua, que se publicaron en el diario El País. Pero a partir de mañana se conocerá gradualmente el contenido de todos los 1432 cables sobre nuestro país. 

Esta historia empezó el 15 de febrero en Londres, cuando nuestra colega Giannina Segnini, Jefa de la Unidad de Investigación de La Nación, alcanzó un acuerdo con WikiLeaks, la organización que dirige el australiano Julián Assange para publicar los cables de Costa Rica y Nicaragua. Los 827 cables de Costa Rica se empezaron a publicar a partir del 1 de marzo, y cubrieron temas de gran interés en ese país. Posteriormente, la jefa de la Unidad de Investigación de La Nación me propuso integrar una alianza entre ese periódico costarricense, Confidencial y Esta Semana, para leer y analizar los cables de Nicaragua y publicar una serie de reportajes especiales, así como todos los cables originales en ambos medios de comunicación.

Durante dos largas jornadas de trabajo efectuadas en San José, un equipo de tres periodistas nicaragüenses de Confidencial y cuatro costarricenses de La Nación, realizamos la tarea de leer y clasificar los cables, que en un 98% se redactaron en el período de los embajadores Paul Trivelli y Robert Callahan, correspondientes al último año de gobierno del presidente Bolaños, que también fue el año electoral, y a los tres primeros años de gobierno del presidente Ortega. De forma conjunta, se decidió la publicación de dieciséis reportajes especiales, con los temas de mayor interés público.

Los términos del acuerdo entre La Nación y WikiLeaks, para publicar los cables de Nicaragua, que ahora se extienden a los medios nicaragüenses que formamos parte de esta alianza, no entrañan ninguna clase de interés económico o transacción monetaria de por medio. Es decir, aquí no hay ninguna compraventa de información. El objetivo compartido es fomentar la transparencia sobre asuntos públicos de gran trascendencia, sobre los que el público tiene derecho a saber, como es el caso de las interioridades de las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua.

A lo que sí nos comprometimos como medios de comunicación fue a revisar el material de forma exhaustiva para garantizar que ninguna de las personas citadas en los cables pudiese correr el riesgo de muerte o de encarcelamiento a causa de la publicación de la información. Debo decir que no encontramos ningún caso en que se incurra en algún riesgo potencial.

Nos comprometimos, además, a clasificar los cables, para facilitarle al público poder navegar en este laberinto de información, una vez que sean liberados íntegramente. Y más importante aún, nos comprometimos a producir historias periodísticas que le den contexto histórico a los hechos, a los juicios y las acciones registradas en los cables, y a su vez le brindamos oportunidad a las fuentes informativas que resultan mencionadas, de dar su propia versión sobre los hechos relevantes, de manera que el público pueda sacar sus propias conclusiones sobre las intenciones y los resultados de la política norteamericana en Nicaragua. 

La filtración de WikiLeaks representa para nosotros el desafío periodístico de hacer inteligible este torrente de información, que va desde rutinarios despachos burocráticos de tres o cuatro párrafos, hasta los extensos cables de diez a doce páginas del ex embajador Paul Trivelli.

En los cables diplomáticos que analizamos y que divulgaremos, tampoco hay información referida a secretos militares o de seguridad, ni a cuestiones operativas de la lucha contra el narcotráfico. Esos asuntos seguramente se transmiten a través de otros canales de comunicación.  Los cables diplomáticos se refieren principalmente a los temas de la agenda bilateral con lo que Estados Unidos pretende incidir en Nicaragua, que se manejan a nivel público, y que se nutre de los contactos directos que los diplomáticos de Estados Unidos realizan con el gobierno, la clase política y empresarial, las instituciones del Estado, la sociedad civil, los medios de comunicación y en sus visitas a los distintos municipios del país.

Una de las virtudes de la publicación íntegra de los cables es que permitirá quitarle un velo de misterio a la relación entre la embajada de Estados Unidos y los nicaragüenses, en la que una de las sorpresas más reveladoras se desprende del tipo de contactos que realizan algunos altos funcionarios del propio gobierno del presidente Ortega con la Embajada. Posiblemente, algunos de nuestros expertos analistas políticos alegarán que los cables diplomáticos no les dicen nada nuevo, o algo que no se haya conocido antes.
Pero la letra menuda de los cables de WikiLeaks está llena de detalles sobre la visión de la embajada norteamericana en torno de temas de sumo interés en el debate nacional, como la corrupción pública, la Policía Nacional, el clima de negocios, el Consejo Supremo Electoral, o la situación de la Costa Caribe, y le permitirá a los interesados reconstruir la evolución de los principales hechos políticos ocurridos en esos cuatro años.

Como dijo el historiador británico Timothy Garton Ash, los cables de WikiLeaks son “el sueño del historiador y la pesadilla del diplomático”, y además, representan un formidable reto para nosotros los periodistas.

 

Mas información y el texto de los cables originales de Wikileaks en http://www.confidencial.com.ni/wikileaksnicaragua

Carlos F. Chamorro

A partir de hoy, empezaremos a publicar los cables diplomáticos de  la embajada de Estados Unidos sobre Nicaragua, filtrados por WikiLeaks, en una alianza de medios de comunicación entre La Nación de Costa Rica, y Confidencial y Esta Semana, a la que se ha sumado EL NUEVO DIARIO.
Se trata de 1,432 despachos diplomáticos que en su gran mayoría se originaron en la embajada de Estados Unidos en Managua entre enero de 2006 y el 26 de febrero de 2010. Estos cables forman parte del paquete de más de 251 mil documentos, escritos desde 280 embajadas y consulados estadounidenses, en 180 diferentes países del mundo, que se encuentran en poder de WikiLeaks desde mediados de 2010.
En noviembre del año pasado, cinco prestigiosos diarios en el mundo, The Guardian, de Inglaterra, The New York Times, de Estados Unidos, El País, de España, Le Monde, de Francia y el semanario Der Spiegel, de Alemania, iniciaron la publicación de reportajes especiales basados en los cables, sobre las interioridades de las relaciones de Estados Unidos con África, Europa, Asia y América Latina.
De hecho, la opinión pública internacional ha conocido desde entonces al menos 8 cables directamente relacionados con Nicaragua, que se publicaron en el diario El País. Pero a partir de mañana se conocerá gradualmente el contenido de todos los 1432 cables sobre nuestro país.  
Esta historia empezó el 15 de febrero en Londres, cuando nuestra colega Giannina Segnini, Jefa de la Unidad de Investigación de La Nación, alcanzó un acuerdo con WikiLeaks, la organización que dirige el australiano Julián Assange para publicar los cables de Costa Rica y Nicaragua. Los 827 cables de Costa Rica se empezaron a publicar a partir del 1 de marzo, y cubrieron temas de gran interés en ese país. Posteriormente, la jefa de la Unidad de Investigación de La Nación me propuso integrar una alianza entre ese periódico costarricense, Confidencial y Esta Semana, para leer y analizar los cables de Nicaragua y publicar una serie de reportajes especiales, así como todos los cables originales en ambos medios de comunicación.
Durante dos largas jornadas de trabajo efectuadas en San José, un equipo de tres periodistas nicaragüenses de Confidencial y cuatro costarricenses de La Nación, realizamos la tarea de leer y clasificar los cables, que en un 98% se redactaron en el período de los embajadores Paul Trivelli y Robert Callahan, correspondientes al último año de gobierno del presidente Bolaños, que también fue el año electoral, y a los tres primeros años de gobierno del presidente Ortega. De forma conjunta, se decidió la publicación de dieciséis reportajes especiales, con los temas de mayor interés público.
Los términos del acuerdo entre La Nación y WikiLeaks, para publicar los cables de Nicaragua, que ahora se extienden a los medios nicaragüenses que formamos parte de esta alianza, no entrañan ninguna clase de interés económico o transacción monetaria de por medio. Es decir, aquí no hay ninguna compraventa de información. El objetivo compartido es fomentar la transparencia sobre asuntos públicos de gran trascendencia, sobre los que el público tiene derecho a saber, como es el caso de las interioridades de las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua.
A lo que sí nos comprometimos como medios de comunicación fue a revisar el material de forma exhaustiva para garantizar que ninguna de las personas citadas en los cables pudiese correr el riesgo de muerte o de encarcelamiento a causa de la publicación de la información. Debo decir que no encontramos ningún caso en que se incurra en algún riesgo potencial.
Nos comprometimos, además, a clasificar los cables, para facilitarle al público poder navegar en este laberinto de información, una vez que sean liberados íntegramente. Y más importante aún, nos comprometimos a producir historias periodísticas que le den contexto histórico a los hechos, a los juicios y las acciones registradas en los cables, y a su vez le brindamos oportunidad a las fuentes informativas que resultan mencionadas, de dar su propia versión sobre los hechos relevantes, para que den su propia versión sobre los hechos relevantes, de manera que el público pueda sacar sus propias conclusiones sobre las intenciones y los resultados de la política norteamericana en Nicaragua.  
La filtración de WikiLeaks representa para nosotros el desafío periodístico de hacer inteligible este torrente de información, que va desde rutinarios despachos burocráticos de tres o cuatro párrafos, hasta los extensos cables de diez a doce páginas del ex embajador Paul Trivelli.
En los cables diplomáticos que analizamos y que divulgaremos, tampoco hay información referida a secretos militares o de seguridad, ni a cuestiones operativas de la lucha contra el narcotráfico. Esos asuntos seguramente se transmiten a través de otros canales de comunicación.  Los cables diplomáticos se refieren principalmente a los temas de la agenda bilateral con lo que Estados Unidos pretende incidir en Nicaragua, que se manejan a nivel público, y que se nutre de los contactos directos que los diplomáticos de Estados Unidos realizan con el gobierno, la clase política y empresarial, las instituciones del Estado, la sociedad civil, los medios de comunicación y en sus visitas a los distintos municipios del país.
Una de las virtudes de la publicación íntegra de los cables es que permitirá quitarle un velo de misterio a la relación entre la embajada de Estados Unidos y los nicaragüenses, en la que una de las sorpresas más reveladoras se desprende del tipo de contactos que realizan algunos altos funcionarios del propio gobierno del presidente Ortega con la Embajada. Posiblemente, algunos de nuestros expertos analistas políticos alegarán que los cables diplomáticos no les dicen nada nuevo, o algo que no se haya conocido antes.
Pero la letra menuda de los cables de WikiLeaks está llena de detalles sobre la visión de la embajada norteamericana en torno de temas de sumo interés en el debate nacional, como la corrupción pública, la Policía Nacional, el clima de negocios, el Consejo Supremo Electoral, o la situación de la Costa Caribe, y le permitirá a los interesados reconstruir la evolución de los principales hechos políticos ocurridos en esos cuatro años.
Como dijo el historiador británico Timothy Garton Ash, los cables de WikiLeaks son “el sueño del historiador y la pesadilla del diplomático”, y además, representan un formidable reto para nosotros los periodistas. Carlos F. Chamorro

A partir de hoy, empezaremos a publicar los cables diplomáticos de  la embajada de Estados Unidos sobre Nicaragua, filtrados por WikiLeaks, en una alianza de medios de comunicación entre La Nación de Costa Rica, y Confidencial y Esta Semana, a la que se ha sumado EL NUEVO DIARIO.
Se trata de 1,432 despachos diplomáticos que en su gran mayoría se originaron en la embajada de Estados Unidos en Managua entre enero de 2006 y el 26 de febrero de 2010. Estos cables forman parte del paquete de más de 251 mil documentos, escritos desde 280 embajadas y consulados estadounidenses, en 180 diferentes países del mundo, que se encuentran en poder de WikiLeaks desde mediados de 2010.
En noviembre del año pasado, cinco prestigiosos diarios en el mundo, The Guardian, de Inglaterra, The New York Times, de Estados Unidos, El País, de España, Le Monde, de Francia y el semanario Der Spiegel, de Alemania, iniciaron la publicación de reportajes especiales basados en los cables, sobre las interioridades de las relaciones de Estados Unidos con África, Europa, Asia y América Latina.
De hecho, la opinión pública internacional ha conocido desde entonces al menos 8 cables directamente relacionados con Nicaragua, que se publicaron en el diario El País. Pero a partir de mañana se conocerá gradualmente el contenido de todos los 1432 cables sobre nuestro país. 
Esta historia empezó el 15 de febrero en Londres, cuando nuestra colega Giannina Segnini, Jefa de la Unidad de Investigación de La Nación, alcanzó un acuerdo con WikiLeaks, la organización que dirige el australiano Julián Assange para publicar los cables de Costa Rica y Nicaragua. Los 827 cables de Costa Rica se empezaron a publicar a partir del 1 de marzo, y cubrieron temas de gran interés en ese país. Posteriormente, la jefa de la Unidad de Investigación de La Nación me propuso integrar una alianza entre ese periódico costarricense, Confidencial y Esta Semana, para leer y analizar los cables de Nicaragua y publicar una serie de reportajes especiales, así como todos los cables originales en ambos medios de comunicación.
Durante dos largas jornadas de trabajo efectuadas en San José, un equipo de tres periodistas nicaragüenses de Confidencial y cuatro costarricenses de La Nación, realizamos la tarea de leer y clasificar los cables, que en un 98% se redactaron en el período de los embajadores Paul Trivelli y Robert Callahan, correspondientes al último año de gobierno del presidente Bolaños, que también fue el año electoral, y a los tres primeros años de gobierno del presidente Ortega. De forma conjunta, se decidió la publicación de dieciséis reportajes especiales, con los temas de mayor interés público.
Los términos del acuerdo entre La Nación y WikiLeaks, para publicar los cables de Nicaragua, que ahora se extienden a los medios nicaragüenses que formamos parte de esta alianza, no entrañan ninguna clase de interés económico o transacción monetaria de por medio. Es decir, aquí no hay ninguna compraventa de información. El objetivo compartido es fomentar la transparencia sobre asuntos públicos de gran trascendencia, sobre los que el público tiene derecho a saber, como es el caso de las interioridades de las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua.
A lo que sí nos comprometimos como medios de comunicación fue a revisar el material de forma exhaustiva para garantizar que ninguna de las personas citadas en los cables pudiese correr el riesgo de muerte o de encarcelamiento a causa de la publicación de la información. Debo decir que no encontramos ningún caso en que se incurra en algún riesgo potencial.
Nos comprometimos, además, a clasificar los cables, para facilitarle al público poder navegar en este laberinto de información, una vez que sean liberados íntegramente. Y más importante aún, nos comprometimos a producir historias periodísticas que le den contexto histórico a los hechos, a los juicios y las acciones registradas en los cables, y a su vez le brindamos oportunidad a las fuentes informativas que resultan mencionadas, de dar su propia versión sobre los hechos relevantes, para que den su propia versión sobre los hechos relevantes, de manera que el público pueda sacar sus propias conclusiones sobre las intenciones y los resultados de la política norteamericana en Nicaragua. 
La filtración de WikiLeaks representa para nosotros el desafío periodístico de hacer inteligible este torrente de información, que va desde rutinarios despachos burocráticos de tres o cuatro párrafos, hasta los extensos cables de diez a doce páginas del ex embajador Paul Trivelli.
En los cables diplomáticos que analizamos y que divulgaremos, tampoco hay información referida a secretos militares o de seguridad, ni a cuestiones operativas de la lucha contra el narcotráfico. Esos asuntos seguramente se transmiten a través de otros canales de comunicación.  Los cables diplomáticos se refieren principalmente a los temas de la agenda bilateral con lo que Estados Unidos pretende incidir en Nicaragua, que se manejan a nivel público, y que se nutre de los contactos directos que los diplomáticos de Estados Unidos realizan con el gobierno, la clase política y empresarial, las instituciones del Estado, la sociedad civil, los medios de comunicación y en sus visitas a los distintos municipios del país.
Una de las virtudes de la publicación íntegra de los cables es que permitirá quitarle un velo de misterio a la relación entre la embajada de Estados Unidos y los nicaragüenses, en la que una de las sorpresas más reveladoras se desprende del tipo de contactos que realizan algunos altos funcionarios del propio gobierno del presidente Ortega con la Embajada. Posiblemente, algunos de nuestros expertos analistas políticos alegarán que los cables diplomáticos no les dicen nada nuevo, o algo que no se haya conocido antes.
Pero la letra menuda de los cables de WikiLeaks está llena de detalles sobre la visión de la embajada norteamericana en torno de temas de sumo interés en el debate nacional, como la corrupción pública, la Policía Nacional, el clima de negocios, el Consejo Supremo Electoral, o la situación de la Costa Caribe, y le permitirá a los interesados reconstruir la evolución de los principales hechos políticos ocurridos en esos cuatro años.
Como dijo el historiador británico Timothy Garton Ash, los cables de WikiLeaks son “el sueño del historiador y la pesadilla del diplomático”, y además, representan un formidable reto para nosotros los periodistas.