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El Presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Armengol Cuadra, reveló ayer que magistrados liberales tienen un año de estarlo presionando por el caso de Eugenio Hernández, condenado en segunda instancia por el asesinato de la periodista María José Bravo.

El caso de Hernández, condenado a 25 años de prisión por el asesinato de Bravo, ocurrido en noviembre de 2004, se encuentra de casación en la Sala Penal de la CSJ, quien ya escuchó los argumentos de la defensa y de la Fiscalía parte acusadora.

“Hace un año me están presionando (liberales) por este caso, no les he querido dar el expediente para que no hagan un proyecto en sentido de cambiar el delito y liquiden pena”, dijo Cuadra.

El magistrado Sergio Cuarezma, miembro de la Sala Penal, afirmó que, según ha visto en los periódicos, el proyectista de ese caso, es el Presidente de la Sala Penal (Cuadra).

“El proyectista es el Presidente de la Sala Penal que lo está promoviendo, y se ha debatido si se baja a homicidio doloso o a homicidio imprudente y el tema de la cantidad de la pena”.

Reconoció que técnicamente en casación cabe la posibilidad de cambiar la tipificación del delito, cuando hay errores a efectos de violaciones de garantías constitucionales, pero desconoce el caso y no puede emitir opinión.

Cuadra dijo que Cuarezma miente, pues es él quien en reuniones de la Sala Penal ha manifestado esa teoría para cambiar el delito. Aclaró que aunque Cuarezma no participa del caso, ha dado su opinión y los magistrados liberales lo han secundado.

“Me extraña que ese señor ande con esa cosa, y le pase una información a su amigo íntimo Potoy (Freddy, de La Prensa). Él es quien promueve el caso de El Ayote, porque los interesados son los liberales que le quieren cambiar el delito, y uno de los promotores es Cuarezma” aseguró Cuadra.


Adelantó que mantendrá el caso de Hernández en espera, porque hay otros juicios de mujeres que tienen muchos años de estar presas y sus casos aún no han sido fallados, y éste tiene poco tiempo.

El 9 de noviembre de 2004, Hernández, ex alcalde de El Ayote, asesinó a sangre fría a Bravo, en la entrada principal del Centro de Cómputos que funcionaba en el Instituto Nacional “Josefa Toledo de Aguerri”, en Juigalpa, Chontales, cuando partidarios de la Alianza por la República (Apre) de Cuapa y Santo Tomás, protestaban por los resultados.

Ese día Hernández pasó a eso de las 11:00 a.m. por una cantina ubicada en la entrada de El Ayote, compró dos medias de licor, y según dijo venía procedente de su finca y se dirigía a Juigalpa. En su bolso rojo no llevaba su vieja pistola Brown, que todos le conocían, sino un revólver calibre 38, marca Astra.