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Visitar el mar en Semana Santa representa para muchos veraneantes un escape de los últimos acontecimientos sociales, económicos y políticos que suceden en nuestro país. Es el momento para disfrutar en familia y amigos de una tradicional actividad.

Un sondeo realizado por EL NUEVO DIARIO en una de las bahías más visitadas del país, los veraneantes manifestaron que el mar los aleja de muchos problemas, por lo que tratan de pasar momentos agradables y olvidar la corrupción que existe en el país. Gozar de la ya tradicional visita a los balnearios es siempre otra de las razones de los turistas nicas y extranjeros.

Los días con mayor concurrencia de veraneantes son viernes y sábado, por lo que la presencia de los voluntarios de Cruz Roja se nota más.
En San Juan del Sur

Sin duda una de las playas más visitadas todos los años es San Juan del Sur.
“Tradicionalmente en mi familia no salimos ni Jueves ni Viernes Santo, son días sagrados, sobre todo para la gente que somos católicos y respetamos la Semana Santa como tal. Lo que hacemos es quedarnos en casa, ver las historias bíblicas, comer almíbar… ya cuando es sábado, nos vamos al mar a pasar el día”, comentó doña María Elsa Téllez, de Granada.

Téllez agregó que “Es más factible pasar un día completo en el mar. Llegar temprano y regresarnos en la tarde, porque no te sale caro. A nosotros no nos resulta, somos seis adultos y tres niños, y por cada día en el mar se gasta porque todo sube en esta temporada”.

Algo cierto que pudimos constatar, en muchos locales improvisados frente al mar, la botella de agua en litro que normalmente cuesta 16 córdobas, estaba en 40. La gaseosa de 12 onzas se encontraba en 20 córdobas. En cambio las bebidas alcohólicas se encontraban con un alza relativamente baja, una diferencia de 5 córdobas en comparación con los precios de temporada baja.

Juan Carlos Doña, uno de los miles de veraneantes que visitó San Juan del Sur expresó que “Lo barato sale caro. Mi esposa y yo preferimos pagar un poquito más por un platillo en un lugar aseado, donde no haya moscas, mosquitos o perros. Es de muy mal gusto y no se ve bien ante el turista extranjero un local donde vendan comida y se  note desaseo”.

Y quienes no pudieron pagar los 290 por una langosta se conforman con una tajada con queso que cuesta entre 40 y 50 córdobas en los locales improvisados, tal como la     veraneante Claudia Díaz Sotomayor, de Masaya. “Me sale mejor, porque en los restaurantes solo come quien vive bien. Mucha gente trae su comida y se ahorra mucho dinero porque el mar  te  provoca  hambre y si andás con niños es peor porque quieren todo lo que ven”.

Claudia alistó “arroz, pan, sardinas, gaseosas, mortadela y una media de ron para pasar alegre”.