•  |
  •  |

Como si Nicaragua no ofreciera suficientes preocupaciones a Estados Unidos, EU, el asomo de la presencia iraní en Centroamérica se convirtió en factor de nerviosismo para Washington y sus representantes desde la llegada de Daniel Ortega al poder, en enero de 2007.

Unos 40 cables escritos por los diplomáticos de EU a lo largo de dos años, muestran el grado de preocupación que le generaban los iraníes en Nicaragua, tanto por las gestiones oficiales como por la llegada de ciudadanos de ese país asiático gracias a la flexibilización de visas.

La máxima alerta la generó la llegada del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, 72 horas después del retorno de Ortega al poder. Ya había sospechas y temores, pero después de esta visita se desató la inquietud del embajador Paul Trivelli.

Que si perdonaba una deuda de US$152 millones, que si usaba a Managua como base para contraponerse a Estados Unidos en Centroamérica, que si se perdía un voto para condenar los programas nucleares de Teherán… cada movimiento activaba la preocupación de Washington por la influencia del régimen iraní en el Istmo.

Un mensaje secreto firmado por Trivelli, del 8 de diciembre de 2007, resume su temor: “La creciente falta de transparencia de este gobierno y todas las áreas, emparejado con la intención expresa de Ortega de expandir sus lazos con Irán y a el apoyo a los desafíos de Irán a la comunidad internacional, abrió la posibilidad de que Nicaragua se convierta en un punto de entrada conveniente a la región para Irán, que busca aumentar su influencia y operaciones en el continente”.

Esta valoración del embajador aludía sobre todo a la decisión tomada por Ortega en noviembre de 2007, de eliminar el requisito de visa a todos los ciudadanos iraníes y libios como una forma de profundizar sus lazos con “naciones hermanas”, países “amantes de la paz y el progreso”, como se lee en la nota oficial DGME/MANS, del 28 de noviembre.

Esa hermandad preocupó a los estadounidenses desde que Ortega se perfilaba como ganador en las elecciones de 2006, después de que ellos constataron en al menos tres ocasiones la ausencia de iraníes en la vida política nicaragüense durante el gobierno de Enrique Bolaños, a pesar de que sí tenían relación diplomática.

Con la llegada del sandinista, las alertas estadounidenses se encendieron de manera permanente, sobre todo al ser Ahmadinejad el primer huésped de la Administración de Ortega, tres días después de que el nuevo mandatario se unió al ALBA de Hugo Chávez.

“La visita parece haber sido orquestada para dar a Ahmadinejad una mejor credibilidad internacional y visibilidad regional; el último resultado pudo haber sido simplemente empujar a Nicaragua más cerca de la baja categoría internacional de Irán”, comentó Trivelli en abril de 2007.

En ese mismo cable parafraseó a Ahdmadinejad, quien en un acto público en el barrio “Cuba Libre”, de preeminencia sandinista, dijo que Nicaragua e Irán tenían “intereses comunes, enemigos comunes y metas comunes”.

Así se explica cómo Nicaragua hizo tiempo después lo que Estados Unidos temía, poner al servicio de Teherán el voto cada vez que fuera necesario en los foros multilaterales. Un ejemplo de ello es el rechazo nicaragüense a las sanciones que la ONU impulsaba en abril de 2007 contra Irán por el enriquecimiento de uranio para energía nuclear. Eso lo menciona un cable confidencial del 11 de abril de ese año.

Mas información y el texto de los cables originales de Wikileaks en: http://www.confidencial.com.ni/wikileaksnicaragua