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Ciento noventa y ocho recortes de editoriales publicados de 1932 a 1933 en el periódico El Eco Nacional, de León, por el doctor Ildefonso Palma Martínez, pasaron guardados 30 años en una bolsa plástica, hasta que uno de los hijos del insigne jurista decidió publicarlos.


El pintor Hugo Palma Ibarra, al mostrar a END los recortes, dijo que “cuando mi hermano, el doctor Mario Palma salió del país en 1979, para reunirse con su familia en Washington, dejó en la bolsa en referencia, un cuaderno donde estaban pegados una serie de escritos impresos.


Dice que su madre, Inés Ibarra Grijalva, “en ese entonces prometida de mi padre  y esposos a finales de 1932, había pegado en ese cuaderno los editoriales escritos por mi padre, quien en ese entonces era director del periódico”.


“Supongo que mi padre fue director solamente esos años (1932-1933) o talvez porque no encontré más material disponible, o quizás mi madre ya casada no pegaba más los editoriales, sino que guardaba los periódicos, o talvez mi padre renunció a la dirección del periódico para asumir completamente su función de diputado en el Congreso”, dijo el pintor.


Su hermano Mario dejó seleccionados esos editoriales por temas y colocados cronológicamente, y las razones “por las que estoy procediendo a su publicación son esencialmente dos: primero, una razón histórica, y segundo, un compromiso moral que tengo desde hace muchos años con mi hermano Mario, ya que él no pudo hacerlo”.


Dijo Hugo que del periódico El Eco Nacional no encontró nada ni en la hemeroteca del Banco Central ni en la del Instituto de Historia de la UCA. Lo único que pudo averiguar con la copia de uno de esos editoriales --en el que aparece en una de sus esquinas “año XIV”-- por lo que ese rotativo quizá se fundó en 1918.

Siguen siendo actuales
El pintor dijo que los editoriales que escribió su padre se pueden aplicar a la realidad que vive Nicaragua.


Decía el jurista en esa época, que “si un funcionario público se llena los bolsillos con el dinero público, adquiere un arma poderosa para defender su reputación. Ese gozará enseguida de honores y consideraciones sociales, pasará entre la multitud haciendo alardes de poderío; el dinero ajeno le habrá dado fortaleza hasta para repeler el gesto de la verdad y los humildes harán una comparación que llevará a sus almas una protesta muda, pero lista a transformarse en una acción demoledora en cuanto la primera oportunidad lo permita”.

En la página 221 del libro sobre la administración de justicia, escribe el Dr. Palma Martínez:
“Nicaragua necesita ante todo construir una administración de justicia que responda a los altos fines a que está llamada. Ella debe ser baluarte donde se estrellen las pasiones partidaristas y las embestidas contra los derechos del hombre y de los ciudadanos; debe ser la roca donde se escollen las ilegales intromisiones del poder en los campos del Derecho y la defensora de la majestad de la ley cuando se sientan conculcadas las garantías individuales”.
“Porque la función judicial regula las actividades todas del Estado y ante ella comparecen para responder por sus actos hasta aquellos funcionarios que en apariencia son omnipotentes”, agrega.


En lo que era la Guardia Nacional es uno de los capítulos más largos que escribió su padre un poco antes de los comicios de 1933, cuando fue electo Juan Bautista Sacasa, y su padre salió como diputado por el departamento de León, y escribió la frase que “más miedo hay que tenerle a la GN en la paz que en la guerra”.


Juan Bautista Sacasa, hombre ecuánime pero nada precavido
Pasadas las elecciones del 33, su padre escribió otro editorial en el que dijo: “Estamos seguros de que el señor Presidente de la República Juan Bautista Sacasa, hombre ecuánime y patriota, va a oír estas voces y va a proceder a depurar la institución viciada de la Guardia Nacional, le conviene hacerlo hasta por seguridad de su gobierno”.


Poco tiempo después se firmó la paz con Augusto C. Sandino, y el anterior director de El Eco Nacional, Federico Schneegan, le dedica a través de otro periódico un artículo titulado “El sandinismo que más causa daño”, atacando al Dr. Palma Martínez.


“Como mi padre defiende la posibilidad de establecer la paz con el general Sandino, Schneegan dice que el sandinismo que causa más daño es lo que escribía mi  padre. Por eso el doctor Palma Martínez le contestó con el mismo título acusador, y hasta le restregó un editorial de 1931 donde Schneegan pidió reformas constitucionales donde se introduzca la venta de la soberanía nacional a los EU, a través de la tristemente célebre Enmienda Platt, que se imponía sobre Cuba”, relata Hugo.


Palma Martínez también publicó un editorial donde denuncia los atropellos que estaba cometiendo José María Moncada al tratar de instaurar la censura de prensa, y dijo en esa ocasión: “Si tenemos que creer en la mano dura del mandatario, la declaración presidencial sobre estos temas viene a cerrar las puertas a ese entendimiento pacifista que está agitando las conciencias”.


“Si las cosas marcharan en Nicaragua en los cauces de la legalidad y del derecho, esa declaración de forma amenazante para la libertad de expresión y de pensamiento no se habría lanzado, porque si es cierto que el Presidente de la República está obligado a velar por la paz y la seguridad de República, cierto también es que en todo hay que proceder según los cánones establecidos por la ley”, escribió en esa ocasión el doctor Palma Martínez.

Una joya del pasado

El pintor incluyó en el libro un editorial que escribió el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que llamó a su padre “Una joya del pasado”. Ese editorial fue publicado en el diario La Prensa el 15 de febrero de 1963, treinta años después de que lo escribió Palma Martínez, porque el entonces plumario de Novedades --el mismo Schneegan-- atacaba al doctor Chamorro diciéndole “vende patria” y que quería entregar la soberanía nacional. Lo de la Enmienda Platt para Nicaragua aplasta al escritor somocista.

Presentación del libro
El libro con los editoriales del doctor Palma Martínez será presentado en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) por el periodista Guillermo Cortés Domínguez, el 12 de mayo. El libro fue editado por el pintor, quien lo hizo como Fundación Hugo Palma Ibarra, que cuenta con un envidiable museo donde hay una colección de oro de pintores nicaragüenses.

Anécdotas
Cuenta el pintor que su padre, siendo diputado del Congreso, en 1933,  introdujo un proyecto de ley para que se le reconocieran igualdad de derechos a la mujer en todos sus aspectos en relación con el hombre. Su padre dijo en esa oportunidad que la mujer nicaragüense había sido derrotada por segunda vez porque su proyecto no prosperó.


El doctor Palma Martínez fue un liberal, abogado y Juez Primero de lo Civil a partir de los años 60. Fue un hombre firme, y con mucho esfuerzo construyó “La Casa del Águila”. Hugo conoció que antes existió otra de similar nombre que destruyó el terremoto del 31 de marzo de 1931.


La casa la construyó frente al Parque Frixione o infantil, como se le llamaba, en las inmediaciones de la gerencia del Ferrocarril y lo que fue después el Teatro Rubén Darío. Cerca también vivía el caudillo conservador Emiliano Chamorro. La escultura del águila que todavía el pintor conserva en su residencia en las inmediaciones del kilómetro 7 de la Carretera Sur, la esculpió Edith Grom.


Fue precandidato a la presidencia de la República en 1947, pero no tuvo apoyo del general Anastasio Somoza García para su candidatura, porque el candidato fue Leonardo Argüello, impuesto por fraude contra el Dr. Enoc Aguado, y 26 días después derrocado por golpe militar del mismo Somoza.


Durante el gobierno de pocos días que tuvo Argüello, el doctor Palma Martínez fue ministro de Educación.


Hugo nunca vivió con su padre en la Casa del Águila, ya que en 1960 viajó a Italia para estudiar pintura, aunque primero estudió medicina. Se interesa en la pintura y salen a flote sus dotes artísticas, inclinándose por estudios de pintura al fresco en la escuela de Artes Ornamentales de San Giacomo, en Roma. Permaneció en Italia de 1960 a 1977.


El doctor Palma Martínez tuvo siete hijos, de los cuales solo Mario heredó el talento de la abogacía; Ricardo se hizo músico, y las hijas son amas de casa. En Nicaragua residen cuatro, y el resto en Estados Unidos. El menor de los varones es el legendario guitarrista que en 1964 fundó el grupo musical Los Rockets, que se dio a conocer en la discoteca La Tortuga Morada.

 

ebarberena@elnuevodiario.com.ni