Jorge Eduardo Arellano
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Ginebra / EL PAÍS

El doctor Eugène Serduma es director de la maternidad del hospital de Bangui, en la República Centroafricana. Su salario es de 13 euros mensuales. Pero eso no es todo, sino que sus empleadores le adeudan 48 meses, lo que le ha llevado a endeudarse y a la virtual bancarrota. Serduma afirma, a pesar de ello, que su mayor deseo sería “contar con lámparas para la sala de partos, una mesa de operaciones y esterilizadores”.

Si este médico emigrara a Londres o a Washington, podría ganar hasta 9,000 euros mensuales, que es el ingreso de colegas con su mismo nivel de responsabilidad.

‘En tales condiciones de trabajo, es imposible impedir a ese profesional que intente emigrar’, explicó a este diario el doctor Manuel Dayrit, Director de Recursos Humanos de la OMS, ‘aunque intentamos enfocar el problema desde una perspectiva amplia, que no pasa por poner barreras a la emigración, sino por modificar sus causas’.

Dayrit fue ministro de Sanidad de Filipinas y se encuentra estos días en Kampala (Uganda), donde la Alianza Mundial por el Personal Sanitario (GHWA, en inglés) intenta encontrar soluciones ‘a un problema que nos afecta a todos por igual’, aclara Dayrit, ‘tanto a los países desarrollados como a los pobres’.


Déficit mundial de más de 4 millones
Los datos de la OMS indican que el déficit de profesionales sanitarios en el mundo es de más de 4 millones, y que ‘en el África Subsahariana vive el 11% de la población mundial, que registra el 24% de la carga de morbilidad y cuenta sólo con el 3% de agentes de la salud’. El mismo informe destaca que uno de cada cuatro médicos africanos y una de cada 20 enfermeras trabaja hoy en países de la OCDE.

‘Europa es importadora neta de personal sanitario’, explica Dayrit, ‘puesto que el personal envejece, se retira y no es renovado. La excepción es Europa del Este, que provee de médicos y enfermeras a Alemania o Reino Unido’. Según el responsable de Recursos Humanos de la OMS, ‘es como un juego de sillas musicales, en el que los polacos van a Londres y los ingleses a Washington mientras que los profesionales de América Latina van a España y los filipinos a Dubai.

Es la ley de la oferta y la demanda, con la cual los que tienen necesidad y medios pagan más y se llevan el personal’. Un juego en que los mayores perjudicados son, siempre, los países en desarrollo.


El drama africano
‘Lo dramático es que hay países africanos en los que sólo hay cuatro ginecólogos y si emigran dos, pierden el 50 % de su fuerza médica’, dijo Francis Omaswa, director del GHWA. Según este médico ugandés, cada doctor que emigra de África representa una pérdida para su país de 370,000 euros, y una enfermera, 150,000.

La directora del Consejo Internacional de Enfermeras, Judith Olton, declaró que hacia 2012, sólo los Estados Unidos ‘necesitarán entre 800,000 y un millón de enfermeras suplementarias’, mientras que Canadá tendrá un déficit de 113,000 profesionales. ‘En el caso español el problema pasa más por una carencia de inversiones en el sistema sanitario que por falta de personal cualificado’, afirmó. Un problema que existe también en Escandinavia.

El éxodo desangra a Asia, América Latina y África de sus mejores profesionales. ‘Algo muy evidente en el caso de Tanzania, Kenia o Sudáfrica, cuyas enfermeras huyen de condiciones deplorables de trabajo para ser empleadas en Arabia Saudí o los emiratos del Golfo’, dijo.

Según la OMS, un país con menos de 2.3 médicos y enfermeras por cada 100,000 habitantes está ‘en una crisis sanitaria grave’. Es el caso en 57 países del mundo, de los que 36 se encuentran en el África Subsahariana.