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Mordaz, pero efectivo: el presidente de Ecuador, Rafael Correa, puso en apuros esta semana a Colombia con una rápida ofensiva internacional en la que sumó vitales apoyos para enfrentar la severa crisis desatada por un operativo colombiano en su territorio contra las FARC.

De 44 años y con menos de uno y medio en el poder, Correa enfrentó no sólo su mayor reto diplomático sino la peor crisis que ha envuelto a Ecuador desde la guerra no declarada con Perú en 1995.

El jefe de Estado, conocido por su fuerte temperamento, pasó de la serenidad a la rabia en pocas horas, cuando se enteró el sábado de que Colombia incursionó en su territorio mató a una veintena de personas, incluido el número dos de la guerrilla marxista, Raúl Reyes.

Primero recibió la llamada del presidente colombiano, Alvaro Uribe, hablándole de un operativo en la frontera, pero luego sus militares le dijeron que la acción fue en territorio ecuatoriano, y que allí se había realizado un fuerte bombardeo.

Correa exigió al momento excusas a su colega. Bogotá lo hizo pero señaló que había hallado pruebas en el computador de Reyes que relacionaban al gobierno ecuatoriano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), consideradas por Colombia, Estados Unidos y Europa una organización terrorista.

El presidente ecuatoriano dio un paso al frente: llamó a consultas a su embajador en Bogotá, pasadas las horas expulsó al de Colombia y terminó por romper relaciones diplomáticas el lunes, al tiempo que militarizó la frontera.

El mandatario dejó ver entonces su talante de canciller, aunque sin los protocolos de la diplomacia. Llamó en un día a 13 presidentes de la región, alistó maletas y emprendió una gira por varios países, incluidos los vecinos de Colombia, para recabar apoyo y ese país sea condenado por la violación.

Y entre uno y otro movimiento llamó "mentiroso", "guerrerista", "cínico" e "insolente" a Uribe y lo repitió en su paso por Perú, Brasil y Venezuela, donde dio una rueda de prensa con su aliado Hugo Chávez en la que redobló los ataques, se burló de las supuestas pruebas que lo relacionan con las FARC y advirtió a Colombia contra cualquier acción en la línea fronteriza.

"Correa es un presidente joven, impetuoso, dinámico e inteligente, pero es esclavo de su lengua. Aunque su acción diplomática es legítima y exitosa hasta cierto punto", dijo a la AFP el ex canciller José Ayala Lasso.

Sus reparos apuntan hacia "la vinculación excesiva" con algunos países caribeños, que a su juicio podrían afectar la campaña ecuatoriana, refiriéndose a Venezuela y Nicaragua, países que secundaron a Correa en su decisión de romper relaciones con Colombia.

Antes del conflicto Caracas y Managua tenían asuntos pendientes con Bogotá: el primero por la suspensión de las gestiones de Chávez para liberar rehenes de las FARC, y el segundo por asuntos limítrofes.

Correa agitó las aguas internacionales para obtener de la OEA una condena por la incursión colombiana. El miércoles obtuvo un primer pronunciamiento en el que, sin condenar a Bogotá, se denuncia la "violación a la soberanía ecuatoriana".

Ahora espera que después de la visita de una misión internacional a los dos países, una reunión de cancilleres que espera emita el rechazo si no "buscará satisfacciones por sus propios medios".