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La campesina Adaluz Díaz, originaria de la comunidad Waswalí, en Matagalpa, deja entrever que desde hace nueve meses su vida --y la de otras cinco mujeres-- tiene un mejor rumbo.   

Ella comenta que desde entonces, el grupo, cuyas edades oscila entre los 24 y los 30 años, elabora  artesanía  a base  de cascarilla de café, papel periódico y desechos de sacos macén.  

Labor con la cual cada una  logra ingresos que alcanzan los 3,500 córdobas al mes en períodos donde quedan sin trabajo, ya que toda su vida, según describe, han sobrevivido del secado natural del grano de café en el beneficio San Carlos, en Sébaco.

Ese es un oficio que solo conlleva tres meses al año. “Así que nosotros pasábamos de balde, sin hacer nada (y sin un peso), entre febrero y octubre (anualmente). En esos meses no había trabajo en el beneficio, era difícil, bien difícil, porque en mi caso tengo tres hijos”, destaca.  

Pero todo cambió el año pasado, cuando Cisa Exportadora decidió impulsar, con la Unión Nicaragüense para la Responsabilidad Social Empresarial, Unirse, y la Cooperación Alemana, el Proyecto ArteCafé en el beneficio descrito.

Meta: abarcar todo el país
La coordinadora de Proyectos de Cisa Exportadora, Martha Alicia Moreno,  explica que establecieron la iniciativa  con la idea de contribuir a reducir la pobreza en la zona y empoderar a las obreras con ingresos propios.

“Primero las capacitamos en la elaboración de manualidades, y, paralelamente, en administración y comercialización del producto. Hemos invertido a la fecha 15 mil dólares, y sentimos que es un esfuerzo que ha valido la pena”, menciona. Y rememora las limitaciones que enfrentaron, pues se trata de  mujeres del campo sin experiencia en el área de negocios. Sin embargo, con el tiempo, eso ha ido  resolviéndose.

Las campesinas elaboran y venden, sin contratiempos,  centros de mesa, canastas y barcos, entre otros productos,  para decorar mesas con los desechos de café, papel y sacos macén. Algunas elaboran a diario hasta ocho piezas.

Moreno agrega que, además, tienen una línea de tarjetas hechas a base de papel reciclado. Esos productos actualmente los compran todas las agencias de Cisa Exportadora, así como empresas “amigas” de la compañía.  

Brenda Quintero, una de las mujeres favorecidas con el programa,  recalca que “es lindo lo que estamos viviendo, no lo esperábamos. Fíjese que a mí me está ayudando a estudiar computación, y eso mi familia lo aprecia”, señala.

Además, “estamos contribuyendo a no contaminar el ambiente, porque por años la cascarilla de café se quemaba y eso afectaba la naturaleza (de la zona)”, afirma la chavala.

Moreno adelanta que ahora la meta es la de mercadear las mutualidades de las campesinas en tiendas de la capital y en ferias nacionales. Tras eso, el próximo paso será el mercado extranjero. Aunque primero esperan “agrandar” el grupo con otras obreras del beneficio.