•   PEÑAS BLANCAS  |
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Nunca se supo en el mundo de alguien atrapado por las guardarrayas que en forma de muro o de instalaciones migratorias se han levantado en algunos países. Pero no se trata de una, sino de 13  familias que habitan en  el borde fronterizo sur, las cuales con sus casas están como prisioneras, al quedar entre las paredes del cerco y complejo aduanero de Peñas Blancas, y el muro que construyeron los ticos, para evitar que a su territorio ingresen  indocumentados.

Una de las familias afectadas es la de Álvaro Cubillo, quien detalló que al estar atrapados entre los muros  se ven obligados a ubicar escaleras para subir los muros del complejo aduanero y poder salir a realizar sus diligencias.

“En otras ocasiones tenemos que pagar diez córdobas, para que el dueño de una propiedad privada nos permita salir y entrar por sus tierras, localizadas al oeste del complejo aduanero, y este arancel es por cada salida, y el problema es que ahora en invierno ya no se puede transitar por esa zona” señaló.

Cubillo expresó que ellos viven encarcelados desde el período del expresidente Arnoldo Alemán, que fue, según sus palabras, quien orientó levantar el muro que va paralelo a la Carretera Panamericana, hasta llegar a la aguja que divide Nicaragua de Costa Rica, y a partir de este punto está el muro   que levantaron los ticos y que se extiende de  este a oeste.

Niños y mujeres también se tienen que tirar el muro
Jessenia  Candia Aragón, habitante del lugar, aseguró que el muro representa un peligro para las mujeres y los niños,  al señalar que ella es mamá de tres niños de 8, 12 y 13 años, y que estos se tienen que aventar el  muro, usando las escaleras”, pero ya hay varios que se han cortado con las puntas de las verjas que están al final de la pared.

Agregó que ella misma sufrió un percance hace dos semanas, cuando “en horas de la noche, me enfermé, y al salir a buscar un médico mi pantalón quedó enganchada en la verja del  muro, por lo que esto es inhumano, además, después de las diez de la noche, el personal de Migración no nos permite salir”, señaló.

Piruetas de circo para pasar
En tanto, doña Martha Moraga, de 43 años, explicó que a una nuera de ella la tuvieron que auxiliar los vecinos para poder escalar el muro e ir a sus chequeos, mientras que María de los Ángeles  Zamora  Ramírez, hace malabares para cruzar al otro lado del muro,  con canastos donde traslada productos que sale a vender para poder subsistir.

Otro afectado es el señor Pedro Balmaceda, quien en 1997 adquirió una propiedad frente a la Panamericana, a escasos 40 metros de la aguja que divide ambos países, y su objetivo era construir un  llamativo restaurante, pero la edificación quedó atrapada entre los muros, y, a la fecha la construcción se estancó debido al encierro, y según Balmaceda la inversión que hizo fue de US$300 mil.

Los afectados señalaron que en un inicio  tenían dos salidas, una ubicada en la parte norte y otra en la parte sur, a la par de la aguja que  marca el límite  con Costa Rica, pero ambas fueron clausuradas, y, extrañamente, la salida de la parte sur quedó solo para el acceso al  restaurante “La Mancha”.

De acuerdo con doña Martha Moraga, a ellos les urge que las autoridades del gobierno les den una inmediata solución, al señalar que al estar entre estas paredes, no son favorecidos “por las jornadas de salud, como las de vacunación, porque ninguna enfermera se quiere tirar el muro. Además, la alcaldía de Cárdenas tampoco se preocupa porque, por ejemplo, no tenemos servicio de agua potable, detalló.