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Jaime Íncer, asesor presidencial para asuntos ambientales, reconoció la condición de alta vulnerabilidad en la que se encuentra el Xolotlán, y alertó de la amenaza que eso representa para el recurso natural de agua más valioso del país: el lago Cocibolca.

“De nada sirve estar tratando de sanear el lago (Xolotlán) bacteriológicamente, mientras se siga contaminando”, dijo sin rodeos Íncer, refiriéndose a que la millonaria inversión en el proyecto de saneamiento de sus aguas, prácticamente se está echando por la borda.

Desde noviembre del año pasado, y como consecuencia del fuerte invierno, tres de las seis estaciones de rebombeo quedaron deshabilitadas y aún no se atiende la avería, según pudo comprobar este fin de semana el experto ambiental Kamilo Lara.

En las estaciones por donde se canalizan las aguas servidas de la capital hasta las plantas de tratamiento no hay energía, los transformadores están quemados, y la consecuencia de esto es la inevitable activación de los viejos drenajes que conducen las aguas negras directo al Xolotlán.

“Urge una solución integral”, puntualizó Íncer, dejando claro que el saneamiento va más allá de medidas que supriman la afluencia de aguas servidas, que es lo que se ha priorizado en el caso de la atención por contaminación en el Xolotlán.

La prueba es que la crecida de su nivel ha provocado el desborde del río Tipitapa, y a través de este se está filtrando agua contaminada al lago Cocibolca, el cual es un recurso cuyas aguas tienen un alto valor potable. La situación es altamente preocupante, indicó el experto, sobre todo considerando que existen apuestas importantes para aprovechar el recurso como fuente de abastecimiento de agua a poblaciones, entre las que resalta el proyecto de San Juan del Sur.

Desviarlas por El Tamarindo
La atención de esta emergencia, de acuerdo con el asesor presidencial para asuntos ambientales, debe comenzar por frenar el paso de agua contaminada al Cocibolca, creando un aliviadero o escape del agua a través del río Tamarindo. Por esa vía se conduciría el agua del Xolotlán directamente al Pacífico.

Es más, según Íncer, esa medida contribuiría, además, a que el lago no siga experimentando subidas de nivel como la del último invierno, y se podría mantener en los ideales 39.5 metros.

Cabe señalar que este año el Xolotlán no tuvo capacidad para recuperar su nivel durante el verano. La medición del Ineter, ayer, reportaba niveles entre 40.4 y 40.9 metros en el Xolotlán.

El ambientalista Kamilo Lara expuso, citando datos de la red satelital mundial, que este año la región estaría siendo afectada por al menos 14 tormentas tropicales, de las cuales 5 podrían convertirse en furiosos huracanas, lo cual agravaría el panorama con respecto a la descarga de agua que recibiría el Xolotlán.

Hay que actuar, dijo Íncer, porque “si este invierno se vuelve tan intenso como el anterior, subirá aún más el nivel del lago Xolotlán, y entonces sí realmente va a haber mucho riesgo”.

Se refiere a que  no solo la infraestructura portuaria colapsaría, sino también las edificaciones cercanas al lago, entre ellas el valioso Teatro Nacional “Rubén Darío”. El año pasado esta joya de la arquitectura capitalina sufrió inundaciones durante lo más crudo del invierno.

De ignorarse la situación, Íncer deja claro que las autoridades deberán prepararse para afrontar las consecuencias del problema. “Todos los años habrá que gastar en infraestructura, damnificaciones, protección de las costas… Todos los años vamos a tener problemas de inundación y riesgo para todas las estructuras”, advirtió.

Hay que educar
Íncer, además, hizo énfasis en que estamos frente a una triste situación que tiene sus raíces más profundas en la falta de educación. Lamentablemente, la sociedad capitalina aún no se sensibiliza respecto de las consecuencias que el mal manejo de sus residuos provoca.

Resaltó el asesor presidencial que el Xolotlán se ha convertido en un “basurero”, y eso es una seria amenaza para su sobrevivencia y para su aprovechamiento.

Hay que establecer una vigilancia continua de esta situación, y establecer medidas de control de elementos que están contaminando el Xolotlán, recomendó, de lo contrario, “de nada sirven esas inversiones millonarias”.

Del proyecto
La Planta de Tratamiento de Aguas Servidas, PTAS, tuvo un costo de 80 millones de dólares; 30 millones fueron financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo, BID; 30.6 fueron donados por el Banco Alemán; 7 millones por la Cooperación Noruega, y el resto con fondos propios de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, Enacal, y fondos de transferencia del gobierno central.

La planta fue construida en un área que comprende 30 manzanas, y se suponía que iba a procesar 4,270 litros de aguas servidas por segundo, pero actualmente con el mal estado de tres de las estaciones de rebombeo, la capacidad ha mermado, y más cauces están llegando al Xolotlán.

La PTAS es la única en Centroamérica que aparentemente podría procesar tanta cantidad de aguas residuales por segundo, el proyecto que maneja Enacal estimaba al inicio que las aguas servidas de Ticuantepe, de Veracruz y de las zonas aledañas al aeropuerto se depositaran y procesaran en la planta.

Biwater es el operador de la planta, “en realidad, estos casos se salen de sus manos,  ya que nunca se pensó que el lago iba a alcanzar estas cotas históricas. Lo más importante es que las autoridades de Enacal le den la importancia debida y trabajen hombro a hombro con el operador, y no les dejen la responsabilidad de atender estos casos solos. Primero, porque se debe seguir de cerca cómo se manejan estos problemas, ya que dentro de unos años le tocará a Enacal manejarlos solo”, apuntó Lara respecto a la necesidad de atender la situación de las estaciones de rebombeo.


(Con la colaboración de Jessie Ampié)