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Como todos los días, Jorge, de 16 años --así llamaremos al adolescente para proteger su identidad--, salió a las 5 de la tarde del Colegio “Edgar Arbizú”, camino a su casa. Ese día un grupo de adolescentes de la pandilla del barrio “8 de Marzo”, vistiendo sus uniformes escolares, lo interceptaron para despojarlo de su mochila.

Jorge relató que recibió un fuerte empujón que lo hizo estrellarse contra el muro de losetas del colegio, ubicado entre Villa Bulgaria y las Américas I, de los semáforos del Mercado “Iván Montenegro”, siete cuadras al lago. Una vez en el suelo, dos de sus atacantes, no mayores de 15 años, se le abalanzaron, pero opuso resistencia, lo que le costó terminar con uno de sus ojos hinchados  y un chichote en la frente producto de los golpes.

Actualmente se debate el endurecimiento de las leyes en contra de los adolescentes transgresores de estas. La polémica por quienes defienden o se oponen a una reforma al Código de la Niñez y la Adolescencia se suscitó, precisamente, porque delincuentes juveniles asesinaron a un estudiante de la UNI por robarle su celular.

Asegura que el hecho lo presenciaron muchos vecinos del lugar e incluso compañeros de clases, pero que ninguno se atrevió a defenderlo por temor a los miembros de la pandilla juvenil que se localiza detrás del “Iván Montenegro”, dedicada a robar en horas de la tarde. “Corrí despavorido a mi casa a pedir ayuda, estaba a menos de dos cuadras”, cuenta indignado el afectado.

 

Hermanos enfrentan a seis
Al llegar a la vivienda, Jorge contó lo sucedido a su hermano mayor, de 22 años, quien se armó de un cuartón de madera y se fue en busca de los agresores para recuperar la mochila, pero al llegar al colegio ya no eran dos los que habían agredido a su hermano, sino seis, todos de entre 14 a 17 años. Se enfrentaron a todos, pero como era de esperar, se llevaron la peor parte. La pareja de hermanos terminó sin mochila, ensangrentados y con lesiones en diferentes partes del cuerpo.

Don Reynaldo Vallecillo, padre de los hermanos golpeados, al llegar a su casa y ver a sus hijos maltrechos, se los llevó a interponer la denuncia en la delegación VII de la Policía Nacional. Asegura haber llegado a eso de las 6 y 30 de la tarde, y después de horas de espera, salió a eso de las 10 y 30, con una constancia de la denuncia.

“Cuando regresamos, varios de esos pandilleros nos esperaban en la esquina de la casa, y amenazantes trataron de agredirnos; llamamos a la Policía y nunca llegó, ahora ellos siguen pasando por mi casa amenazándonos, pasan en motos, y a veces vemos un taxi que se detiene frente a la vivienda. A varios de ellos los hemos visto con chaquetas y las manos dentro de sus bolsas como escondiendo armas, y la Policía no ha hecho nada. Ahora tengo que llevar a mi hijo en vehículo porque lo andan siguiendo”, se lamentó don Reynaldo, quien teme todo derive en una tragedia.  

Policía promete seguimiento
El comisionado mayor Martín Solórzano, jefe del Distrito VII de Policía, al ser consultado sobre el caso, se mostró en la disposición de tomar acciones para dar una respuesta a la familia afectada. “Si todo eso está pasando yo no lo sé, yo lo que conozco es la denuncia inicial, espero que el señor venga para evacuar esas últimas situaciones que les están pasando, porque pueden ser delicadas si no la atendemos”, dijo.

Según reportes de la Policía Nacional, de cada 100 delitos cometidos en Managua, 80 son llevados a cabo por adolescentes y jóvenes de entre 14 y 24 años. Más grave aún es saber que de cada 10 asesinatos ocurridos en Managua, al menos cuatro son cometidos por delincuentes pertenecientes a este grupo de edad.