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Antes que represión y programas de “Mano Dura” como medidas para combatir al crimen organizado y la delincuencia común, debe atenderse las necesidades sociales que fortalecen al problema, y crear condiciones para prevenir la violencia desde su origen en las familias y comunidades, es la visión de Mónica Zalaquett, Directora del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev).

Sumándose al debate sobre el amenazante incremento de la narcoactividad en Centroamérica y la violencia desatada por organizaciones criminales en la región, Zalaquett destacó que en las propuestas de solución y en las medidas recomendadas, ha brillado por su ausencia el tema de la prevención, como primer paso para frenar la violencia del crimen organizado.

“Lo que ha demostrado ser efectivo en Nicaragua, lo que hace la diferencia entre los niveles de violencia del país frente a los otros países de la región, son los enfoques de prevención que aquí se han hecho y la ausencia de políticas de mano dura”, dijo Zalaquett.

Esfuerzos de sociedad civil
De acuerdo con la sicóloga, los esfuerzos que se han hecho aquí en materia de prevención de la violencia, han recaído directamente en la sociedad civil.

“El Ceprev tiene 14 años de estar participando con las comunidades, tratando el tema de la violencia intrafamiliar, reconciliando pandillas, rescatando de la violencia a jóvenes víctimas de la pobreza, hemos rehabilitado a miles de jóvenes, tenemos redes de promotores, hemos capacitado a más de mil 500 policías en los enfoques de prevención, y por eso reitero que sin una política de prevención, los niveles de violencia y de criminalidad pueden incrementarse”, dijo.

Para ella, más que acciones de represión violenta, lo que se ha demostrado fehacientemente que funciona es el tratamiento de las causas que dan origen a los problemas sociales y el fortalecimiento institucional.

“Las instituciones del Estado, Policía, Ejército, Fiscalía, jueces, tienen que enfrentar al crimen organizado, pero a veces el crimen organizado está bien organizado dentro del Estado, cooptando a las instituciones públicas… hay instituciones que libran su lucha, pero el crimen organizado deja mucho dinero”, advirtió Zalaquett.  

Estadísticas sombrías
“La verdadera respuesta se tiene que dar a nivel de la comunidad, apoyando al joven a dejar la violencia, para evitar perder a generaciones enteras de jóvenes como se están perdiendo por el crimen organizado en Centroamérica, día a día”, dijo, revelando datos sombríos de la realidad de los jóvenes nicaragüenses en los barrios donde la organización ejecuta sus programas de rehabilitación.

Solo por la violencia juvenil en Nicaragua, el año pasado murieron 59 jóvenes en 36 barrios de Managua donde Ceprev trabaja. Quedaron heridos 153, y seis de ellos están lisiados.

“Enfrentar el crimen organizado requiere dar respuesta a viejos problemas sociales derivados de la violencia, no solo disparar contra el producto de esos problemas sociales”, dijo la sicóloga, quien anunció su participación el 22 y el 23 de junio en Guatemala en la cumbre denominada Conferencia de Apoyo a la Estrategia de Seguridad, organizada por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

“Ahora es más fácil conseguir armas que cuadernos en los barrios pobres”, dijo Zalaquett, quien fervientemente insistió en que las acciones de prevención de la violencia se desarrollan a partir de un cambio de visión en cuanto a la formación de género que impera en las familias de la sociedad.

Según su visión, el descontento social que da cabida a la penetración del crimen organizado, se canaliza hacia la violencia en las calles, y los cárteles de la mafia se aprovechan de ese descontento para reclutar como sicarios y como guardaespaldas a jóvenes sin estudios y pobres, que generalmente vienen de familias desintegradas, con violencia doméstica y abusos infantiles.