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Para el jurista Elías Carranza, Director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente, Ilanud, la niñez y la adolescencia en la región de América Latina y el Caribe está siendo afectada por un “cóctel fatal de factores negativos”, que incide en la delincuencia.

Entre estos factores está el ocio en la población joven, relacionado con el tiempo que pasan fuera de la familia y de la escuela, el desempleo, la concentración urbana y la inequidad en la distribución de las riquezas, según el estudio expuesto por Carranza en el Congreso Latinoamericano de Ciencias Penales, realizado en Guatemala en abril pasado.

Carranza destacó que América Latina tiene altísimos porcentajes de menores de edad fuera de la escuela. Así lo advirtieron en 2005 Unicef, Unesco, Cepal y otros organismos especializados, con el peligro de que, según las tendencias, en educación ningún país de la región logre cumplir con el objetivo del milenio de universalizar la escuela primaria para 2015.

“En el Ilanud verificamos esta correlación mediante una investigación que cubrió los 19 países de América Latina más España e Italia, cuyos resultados fueron categóricos. Casi el 100% de los chicos y de las chicas privados de libertad por delito, tenían entre tres y cinco años de retraso escolar en todos los países estudiados”, expresó Carranza, durante la ponencia.


Más desempleo: más delito
La falta de generación de empleo de parte de los gobiernos locales es otro factor que influye en la incidencia del delito, ya que producto de la crisis económica mundial que se vivió en 2009, gran parte de la población aún está sin trabajo, y la tasa de desempleo de los jóvenes es mayor a la de los adultos.

El informe de enero 2009, de la Organización Internacional del Trabajo, “Tendencias mundiales del empleo”, explica que la crisis económica mundial aumentaría el número de trabajadores desempleados.

En lo que se refiere a América Latina, preveía que hasta 2.4 millones de latinoamericanos perderían sus empleos en 2009, y otro informe explica que la tasa de desempleo de los jóvenes (15 a 24 años) es en promedio más del doble de la tasa de desempleo total, añade.

Otro factor que está influyendo en las tasas delictivas son las altas concentraciones urbanísticas, producto de la migración interna de cada país, ya que cuando se analizan los índices de criminalidad de cualquier país, se observa que las tasas globales tienen determinada magnitud, que casi siempre es superada por el nivel de las que reflejan los mismos delitos, medidas en los centros poblacionales de mayor número de habitantes.

“La concentración urbana, que era del 30% en 1950 en América Latina, en 2009 era del 75%”, afirmó el estudioso en su ponencia titulada: “La Economía ilícita en América Latina y el Caribe…”.

De todos los factores, el que más afecta y da origen a los demás problemas que inciden en el aumento del delito es la inequidad de la distribución del ingreso, ya que a mayor inequidad de la distribución de la riqueza, peor educación, salud y vivienda, lo que se asocia a altas tasas de delitos, según la sociología criminal citada por el jurista.

 

¿Qué podemos hacer?
Para Carranza, es necesario que haya una política pública de prevención del delito que victimiza a los menores de edad, basada en mayor equidad en la distribución del ingreso.

Esta política redundaría no solo en menores niveles de delito, sino también en más altos niveles en educación, salud, deportes, cultura, seguridad social, salarios, vivienda y otras variables que tienen también estrecha relación con el fenómeno de la violencia y el delito.

La política pública debe incidir sobre los factores de riesgo antes mencionados, sobre la inequidad al interior de los países y entre naciones.

También es importante que ante los altos índices de criminalidad, los países eleven su eficiencia en la justicia penal, que eleven su transparencia, y reduzcan la impunidad, en un marco de eficaces garantías procesales, penales y de ejecución del sistema de justicia penal.

Agregó que es importante también fortalecer las formas de prevención situacional y comunitaria.

 

La niños y los adolescentes
En cuanto a los niños, niñas y adolescentes, el jurista se plantea la siguiente interrogante: ¿Qué deberían hacer los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales, hoy, aquí y ahora?

La respuesta es sencilla: la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño establece que a su edad, el lugar natural de los niños y de los adolescentes es la escuela.

La criminología y la sociología criminal han verificado que existe correlación directa entre la falta de escuela y la criminalización.

“Nuestras sociedades producen menores de edad pobres y excluidos, y luego los criminalizan.  El solo hecho de que los y las menores de edad estén en la escuela, hace que no estén en otra parte, muchas veces siendo victimizados, y muchas otras utilizados para actividades delictivas”, señala el doctrinario en su estudio.

Los niños y adolescentes de la región de América Latina y el Caribe, representan el 33% de la población, según estudios de Unicef.