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Según  su cédula de identidad, ella vino al mundo el 10 de febrero de 1904, lo cual la convertía en quizá la mujer más longeva de Nicaragua, con 107 años, pero como era de esperarse, la anciana Lorenza Martínez Zúñiga no  pudo seguir retando el paso de los años, y falleció este fin de semana.

END tuvo la oportunidad de entrevistar no hace mucho a esta mujer de un calendario de largo metraje, que arrancó cuando todavía se encontraba en el poder el general José Santos Zelaya, y a partir de ahí, sobrevivir a más de una veintena de presidentes y reincidentes, revoluciones y golpes de Estado.

En sus 107 años de existencia, siempre vivió en la pobreza, pero adorando las polvosas calles de la comarca de Chacalapa, del municipio de Belén, donde siempre la acompañaba una enorme prole, que era  parte de su descendencia.

Atienden SOS de END
En febrero de este año, un equipo de trabajo de  EL NUEVO DIARIO visitó la humilde casa de doña Lorenza, quien amenamente narró parte de sus anécdotas, y solicitó a la vez el apoyo de personas de buen corazón para que le donaran una silla de ruedas y poder movilizarse, y la colaboración de nuestros lectores no se hizo esperar.

En esa ocasión, la ancianita reveló que no se sorprendía de continuar con vida a sus 107 años, porque provenía de una familia de longevos, y como ejemplo detalló que su papá, Jacinto Sirias, falleció a los 114 años.

Los traguitos de cususa
Aunque se dice que  el licor es uno de los factores que acorta la vida, esto no ocurrió con doña Lencha, ya que entre sus anécdotas nos recordó que le gustaba echarse sus tragos desde joven, y hasta hace pocos años continuaba catando licor, y el “vicio” --según ella-- lo aprendió cuando desde temprana edad preparaba cususa para vender en tiempos de la dictadura de Somoza.

En su entrevista con END, doña Lencha  señaló que  su época fueron los tiempos del candil, las planchas de hierro que se calentaban en brasas, las bateas para lavar la ropa en los ríos, y hasta recuerda que ante la falta de jabón utilizó chorejas de guanacaste, sin olvidar las piedras de moler y  las echaderas de tortillas.

Ella nos dijo que el secreto para prolongar su vida era la nutrición sana de esos años, al detallar que comía “carne de monte” --al referirse  a la carne de venado, guardatinajas, conejos, garrobos,  armadillos, gallinas de patio…--, y  según ella, la complementaba con alimento a base de maíz.

Cuando se le preguntó qué suerte había tenido en el amor, tras una sonrisa contestó que había sido una mujer “salada”. “No me fue nada bien, los hombres sólo me engañaban. El primer hombre me puso la timba y se fue con otra. Después me alborotó otro, hizo lo mismo, pero nunca lloré por un jodido”, relató entonces.

La descendencia de doña Lorenza, que supera el centenar entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, le dio su último adiós este domingo en el cementerio de Belén, junto a pobladores que la conocieron, y ahora solo queda su hermana menor, Ana Maximina Zúñiga, de 85 años, quien era también su amiga de libaciones y con la que también fumaba puros.