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“Es una actualización. Una lectura del decálogo en el siglo XXI”, comentó monseñor Bismarck Carballo, párroco de la Iglesia Espíritu Santo, al referirse a “las nuevas Formas del Pecado Social”, anunciado por el obispo Gianfranco Girotti, Director del Penitenciario Apostólico, institución que supervisa la confesión y las indulgencias plenarias de la Iglesia Católica.

“Partamos de una verdad, las Sagradas Escrituras, redactadas en un tiempo histórico, no significaron que Dios tomara la mano del escritor para redactar lo que tenía que decir, sino que lo inspiró, y a partir del ambiente cultural, ellos escribieron los elementos que conforman la revelación”.

Evidentemente, los Diez Mandamientos tienen un sentido de referencia global en cuanto al respeto a la dignidad de la persona, en cuanto a la convivencia social, y por supuesto, cuando Jesús viene, estos mandamientos los encierra en dos grandes: amar a Dios y amar al prójimo. Y lo hace inseparable, de tal forma que lo que Dios unió que no lo separe el hombre, en el sentido de que el amor a Dios debe ir acompañado del amor al prójimo, indicó monseñor Carballo.

La lista que identifica los distintos caminos que pueden conducir al infierno, incluye el consumo y distribución de drogas, daños al medio ambiente, experimentos genéticos dudosos y acumulación excesiva de riquezas, y por supuesto, el abuso de menores de edad, un tema delicado y en el cual se han visto involucrados algunos sacerdotes.

Adaptar mandamientos

“A la Iglesia, como depositaria de esta verdad revelada, le corresponde adaptar los mandamientos fundamentales a la realidad que vivimos”, sostuvo el prelado. “En este caso, la Iglesia lo que quiere es plasmar en la realidad de hoy, por lo menos el mandamiento del no matarás, que contiene muchas implicaciones, que hoy por hoy debe tomar en cuenta algunas realidades: el aborto, la manipulación genética. La Iglesia se opone a esta manipulación porque significa tomar las células vivas y eliminarlas. Esto es un tema de investigación profundo”.

El consumo de drogas no se conocía en la época de Moisés, pero está contenido, dijo. “San Agustín dice: ‘Ama y haz lo que quieras’, en sentido positivo. Si alguien ama, es incapaz de hacer daño. Viéndolo en sentido negativo, si alguien distribuye drogas no ama a su hermano, porque lo lleva a un precipicio y a la destrucción”.

Esto, subraya, implica no sólo la droga de la cocaína, sino el alcohol, que es una droga tan actual y tan fácil de conseguir, y hay verdaderos dramas de gente hundida en el alcoholismo y destruida. Aquí hay todo un elemento, que habría que hacer una interpretación muy amplia para aplicarlo en esas realidades.

El líder religioso también puntualizó en relación a la “acumulación excesiva de riquezas”: en la experiencia bíblica, se celebraban los años santos, cada tiempo el pueblo hebreo tenía esa sabiduría inspirada por Dios, cada 50 años; un año de descanso para la tierra. El año jubilar implicaba perdonar deudas, liberar a los esclavos. En ese sentido, la doctrina cristiana tiene una dimensión social que no la hemos sabido explotar.

La conciencia laxa

En torno a que en esta época se ha perdido la sensibilidad del pecado, tal como lo señala la Iglesia, monseñor Carballo dijo que “todos tenemos que hacer un mea culpa, digo todos, instituciones, personas, familias, que hemos perdido algo que se inculcaba hace muchos años, que era la conciencia ética del bien y del mal”.

“Creo que parte del valor que tienen las Sagradas Escrituras es remarcar sobre lo que es el mal, y, por supuesto, tener conciencia del bien. Cuando se pierden esas referencia entramos en una moral disipada que justifica todo; estamos ante una conciencia laxa. Y se pierde el sentido del pecado”.

¿Toma la Iglesia el toro por los cuernos, cuando se habla del pecado del abuso de menores? ¿Es un acto de valentía hablar de este pecado que ocurre fuera y dentro de la Iglesia?
Digamos, para ser justo, este pecado está en todos los niveles sociales y en todas las profesiones. La Iglesia ha reconocido, y Juan Pablo II fue muy valiente, en tomar una posición de invitar a los obispos a ser duros y aplicar las normas canónicas cuando se da esa situación. Creo que el abuso contra los menores es un pecado que siempre ha estado condenado, no vaya a creer que es hasta ahora. Los medios de comunicación lo han puesto en el tapete, pero, definitivamente, esa situación…, la Iglesia en el fondo también está señalando esa realidad.

Lo que una vez se nos dijo, para explicar la realidad de los medios: en un bosque cuando cae un árbol hace ruido, la noticia enfoca la caída del árbol, pero no se da cuenta de que quedan cien en pie. Es un poco el problema que tenemos hoy. No es que estemos negando que la Iglesia, que es santa y es pecadora, tiene esa carga, esa debilidad y ese pecado. Este mensaje es un llamado a la conversión a cualquiera que en este momento transite en ese camino de los abusos.

Monseñor Carballo también dijo que en algunos casos hay denuncias infundadas, sólo para saciar un deseo de venganza contra un cura.