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  • AFP

Casi un millar de personas se ganan la vida cada día hurgando en el vertedero municipal de Managua la basura reciclable, en medio de aves de rapiña, moscas, olores nauseabundos y gases procedentes de la descomposición de los desechos orgánicos.

"¡Por favor no tome foto! Es que da pena que lo vean a uno", dice con voz tímida Guadalupe, una escuálida mujer, mientras sigue escarbando entre toneladas de basura.

El lado más oscuro de la miseria empuja a esta gente sin oportunidades a exponer su salud y sus vidas en este insalubre lugar donde los niveles de contaminación son altos por la concentración de plomo, mercurio, humo, putrefacción y otros químicos, según un estudio de la ONG Dos Generaciones.

Cobre, bronce, hierro, aluminio, plástico y papel son algunos de los 32 materiales reciclables, cuya venta reporta unos magros ingresos a estos trabajadores de "La Chureca", un basurero municipal situado en el noroeste de Managua con una extensión de 43 hectáreas.

Las empresas acopiadoras y exportadoras pagan por esta basura entre 30 centavos y un dólar por kilo, según sea el objeto de la venta.

"Ya tengo más de tres años en esto. No hay otra manera de trabajar, somos muy pobres y tuve que sacar a mi hijo de la escuela para que ayudara aquí", dijo a la AFP, Guadalupe.

Guadalupe es una de las cinco 'empleadas' de otra mujer, por lo que recibe un 'salario' diario de 3,5 dólares.

"Yo compro el camión de basura, ahí viene de todo. Usted sabe, nada viene por amor", se justifica la 'empleadora' de Guadalupe, que prefiere ocultar su nombre.

La dueña del "negocio" asegura que ella tiene una ganancia de 52 dólares diarios, con los materiales que extrae de cada camión que compra a botadores de basura privados. "Esto es para sobrevivir", asegura.

En medio de la basura también hay lugar para la esperanza. Es el caso de Xiomara, que con 13 años, trabaja 12 horas para la misma empleadora de Guadalupe.

"Lo que gano lo guardo porque estoy alzando (ahorrando) para mi cumpleaños en abril, para (hacer) una fiestecita, una alegría", dice desde un cúmulo de basura.

Mauricio, un campesino que llegó a Managua hace más de 20 años, se ha ganado su lugar en el basurero y junto con su hijo recoge todo tipo de desechos de plástico que entrega a una fundación, que a su vez lo vende a empresas procesadoras de ese material para la confección de utensilios de cocina.

"No tenía trabajo ni medios con que sobrevivir, yo miraba el sistema de la demás gente (en el basurero), miré que podía ganar y aquí me quedé", recuerda el hombre, que fue empujado a la ciudad durante la guerra en la década de 1980.

El "valor" de la basura ha desatado un conflicto entre los "churequeros", los buscadores de desechos reciclables del vertedero, y los empleados de los servicios de recogida, que compiten por quedarse con los mismos desechos para redondear el mes.

Mientras tanto, en las calles de Managua se acumula la basura, que representa una creciente amenaza para la salud