Edwin Sánchez
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El académico Francisco Arellano Oviedo aseguró que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) sólo “nos dice cosas apropiadas para España, donde hay 40 millones de usuarios del español, pero los que usamos el español no somos eso, sino 400 millones”.
Fernando Silva, por su parte, confió su certeza a EL NUEVO DIARIO: “Nicaragua cuenta con su propia lengua y el español es de España y no de otro país”, mientras Guillermo Rothschuh Tablada exaltó la riqueza idiomática de Hispanoamérica, al punto que el mejor novelista no nació en España, sino en Aracataca.
En un país donde la sociedad se desayuna, almuerza y cena con la política y sus escándalos o diatribas, es extraño encontrarse con otro tipo de debate en la agenda nacional. Que académicos de número de nuestra lengua como Arellano, Rothschuh y Silva hablen ahora de que el DRAE urge de las voces que se han originado en el subcontinente lleva el mérito de mover el interés al rumbo novedoso de lo que es el lenguaje, principal herramienta de comunicación, incluso de los mismos políticos
Francisco Arellano Oviedo subrayó que el centro de gravedad del Español dejó de ser España. Ahora se trasladó a América. “Hay una serie de cosas que tenemos que ver en los diccionarios, que muchas veces no se definen porque están limitados al uso de determinada región”, indicó.
El desborde
El académico, que recién presentó el Diccionario del Español de Nicaragua (DEN, dijo que “normalmente nos ha regido el diccionario de la RAE. Pero, ¿qué ocurre con este diccionario? Nos dice cosas apropiadas para España, donde hay 40 millones de usuarios del español, pero los que usamos el español no somos esos, sino 400 millones que estamos hablando Español”.
“Este diccionario no puede absorber todo eso, tiene que auxiliarse cada vez de las marcas si quiere ser un diccionario de la Lengua Española”.
El centro de gravedad del Español no está en España, en ninguno de los aspectos. Está en América, donde está la mayoría de los usuarios, y donde muchas veces atropellamos más el idioma es donde está la lengua más viva. Es donde la lengua se va modificando con mayor rapidez, apostilló.
Matices
Guillermo Rothschuh Tablada admite lo afirmado por Arellano: “El centro de gravedad de la lengua del Español está en Hispanoamérica, son los aportes como un río con muchos afluentes que baja desde México, pasa por Centroamérica y va al Sur. Después cada país va aportando, hay matices que los mismos españoles no comprenden”.
El poeta del Clan de Chontales ilustró: “El mejor novelista no está en España, está en Hispanoamérica, es Gabriel García Márquez. Usa tanto el colombianismo como el arcaísmo, maneja bien el pasado y el presente, las palabras locales, el habla. Se habla el español que sale de su centro de gravedad que no está en España. Es lo que sale en América lo que hablamos nosotros”.
El lingüista y novelista Fernando Silva plantea una novedosa tesis: “El idioma Español, así dicho, sólo se habla en España, pertenece sólo a España”.
--¿Qué hablamos los nicaragüenses?
Dos cosas. Si nosotros, por ejemplo, decimos una palabra del Español acomodada a Nicaragua, eso no es Español de Nicaragua, es la lengua de Nicaragua. Porque de acuerdo a la lengua, ésta se debe con sus reglas y sólo a esas reglas.
Lo que nosotros decimos sobre cantina u otro vocablo es nicaragüense, porque como lo dice España, eso se llama español, y como lo decimos nosotros, eso se llama nicaragüense. Decir que es español de Nicaragua es un error.
De tal manera que cuando vos hablás del español que se habla en México, es la lengua de México. La palabra “casa” es español, si decís casa en México es español, pero si decís “la cueva donde vivo”, que se refiere a casa, aunque sea del Español, como está acomodada al sentido mexicano es lengua de México.
El “camión” de México, que nosotros decimos bus, no está dicho en español, sino en mexicano.
Cualquier vocablo que así se habla, que así se aplica, y que así se entiende en España es exactamente español. Si ese vocablo se dice en otro país, acomodado a la manera de ser y a una forma de decirlo en el país, eso ya no es español si no la lengua de ese país o el modo de hablar de ese país.
Productores de palabras
El poeta Rothschuh recordó a Neruda que dijo: El habla pasa a ser lengua, el productor de palabras es el pueblo. “Te libreteaste”, es una expresión que no existe, pero uno lo comprende. Con esos matices somos más ricos que España. El español en España, además, no es el de toda la península.
El poeta de Chontales coincide con Silva cuando dice que el sonido náhuatl envuelve el español, como se comprueba con el uso de la “j”, como en “puej”.
--¿El DRAE le queda pequeño a lo que se habla en América?
No tanto, poeta, un 30 por ciento se le escapa a ellos, pero hay una comisión permanente de la Real Academia que estudia buscando nuevos vocablos; hay americanismos regionalismos, localismos. Aquí mismo, en Nicaragua, hay una variedad de regionalismo, como “chingasteando”, el último en irse de la fiesta. Tiste, además del fresco puede significar, en “lo tistearon”, muerto. Esos matices los da la lengua nuestra. Ahí andan las voces indígenas soterradas, pero están patentes en el día a día.
El servilismo lingüístico
El poeta Fernando Silva aclara: el diccionario es un insumo del lenguaje. Ahí está registrado el lenguaje y todo lo demás que puede reconocerse. El lenguaje es, en general, muy amplio, porque es el modo de hablar de cualquier lugar y de cualquier forma con tal que se exprese.
Por eso hay unas reglas muy amplias dentro de esa enorme ciencia que se llama la lingüística.
A 400 millones le sirve ese diccionario, primero para saber que este vocablo se dice de tal manera y significa tal cosa como español de España. Todo lo español es de España, además tiene otras acepciones que aplica en otros países y recoge el diccionario, porque da cabida en su ámbito de lengua. El español es la lengua gobernadora, jefe, de tiempos inmemoriales y que estuvo encima de nuestra lengua.
Hablamos la lengua que nos rige y nos rige con español. El español nos exige que escribamos hacer con “h”, y debemos cumplirlo. Pero no nos puede exigir que una regla de uso sirva para un vocablo nuestro de nuestra lengua primigenia. Eso es servilismno lingúístico.
--¿Güegüence, por ejemplo, en vez de Güegüense?
Gueguence. Éstos quieren poner una regla, que inventa la “c” original náhuatl, poniéndole una “s”. No pueden jamás hacerlo. Eso se llama servilismo lingüístico.
En resumen: a) El español de España no puede ser español de Nicaragua ni de El Salvador. Sólo es de España.
b) Cuando un vocablo español se dice en otro país significando otra cosa, eso está dicho en la lengua de ese país, no es español.
c) ¿ Por qué el diccionario del español puro, propiamente dicho, es para 400 millones si está lleno de otros vocablos, de otros países? Porque entonces los españoles han tomado esas otras expresiones de otros países como acepciones que la incorporan al diccionario, pero no lo reconocen como español propiamente dicho, sino una variación de la lengua de ese país, como una característica de esa nación que así le dice a las cosas.
De tal manera, que yo digo: el diccionario de Arellano “El español de Nicaragua”, en realidad eso no es correcto.
--¿Por qué?
Porque el español sólo es de España. ¿Qué sucede, y por qué dice Arellano Diccionario del Español de Nicaragua? porque al decir eso, Arellano abre las puertas a la lengua nicaragüense, porque eso que se llama en abstracto DEN, en concreto debe llamarse lengua nicaragüense.
--¿En qué consiste la lengua nicaragüense?
En una fragmentación que se tiene que ver así, como habla lingüística:
a) Vocablos que se caen del español, como una fruta, y la semilla crece aquí en esta tierra. Son vocablos que caen de la lengua española.
b) Otros vocablos que caen de otras lenguas: francés, alemán, inglés, árabe…
c) Lo principal, vocablos que todavía están vivos, que pertenecen a nuestra lengua primigenia. El náhuatl y el mangue, principalmente.
Es con estos ramos de fragmento lingüístico con que se hace el tronco de la lengua nicaragüense.