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Detrás de la violencia que ronda los colegios, al punto de tener como protagonistas de actos criminales a los mismos alumnos, están la pobreza y los patrones sociales marcados por el maltrato y el abuso, según la valoración de  Marvin Moreira, coordinador de proyectos del Instituto de Promoción Humana, Inprh.

Opina que los menores están ubicados en una posición de total vulnerabilidad: son maltratados, padecen desnutrición y carecen de afecto, y para colmo van a una escuela destruida, sin acceso a agua, energía, sin techo y con un sinfín de carencias.

De allí que señala el tema de más inversión como fundamental para enfrentar la problemática, aunque reconoce que ya organismos como Inprhu, al que pertenece, incluso con el aval del Ministerio de Educación, Mined, están promoviendo iniciativas  que atienden la vulnerabilidad de los escolares a la violencia a través de la promoción de la psicoafectivadad en las aulas.

Pero para garantizar que esa atención integral se lleve a nivel macro, Moreira hace énfasis en que el Estado asigne a Educación al menos el 7% del Producto Interno Bruto, PIB, que mejore el salario de los docentes, actualice la currícula, permita que menos niños queden fuera de las aulas y que invierta más en la formación de los educadores.

En la realidad, Educación recibe el 3.65% del PIB, y si se vuelve la mirada a los subsistemas educativos, nos encontramos que el empirismo atenta contra la educación pertinente y de calidad que se demanda. En Secundaria, el 44.7% de los profesores son empíricos y en Primaria el 26.4 %.

También el 50% de los colegios públicos tiene problemas con el acceso al agua potable, y se estima que medio millón de niños están fuera de las aulas, en su mayoría con serio nivel de deterioro.

Existen iniciativas
En medio de todas las carencias,  el Inprhu, por ejemplo, impulsa un programa de acompañamiento escolar a niños trabajadores, del cual se ha derivado la promoción de la educación integral en 26 colegios de la capital, que propone la relación escuela-sociedad como elemento clave para atacar la violencia que afecta a los menores.

Están impulsando este modelo bajo el concepto de una escuela protectora e integradora que reconoce al maestro como elemento importante para identificar los factores de riesgo de los alumnos, entre los que menciona la explotación sexual, el maltrato y el consumo de drogas.

Dice que esa violencia que alarma cuando se presentan acontecimientos como el homicidio en una escuela de Ocotal, cometido por un estudiante contra su compañero, se deriva de ese ambiente donde reina el maltrato y la transgresión a los derechos de los menores.

Moreira habla del adultismo, machismo, falta de visión en la relación con los niños, pues la sociedad no los reconoce como sujetos activos, transformadores y con derecho. También menciona los errados patrones de educar a través del golpe.

Hay que educar con ternura, y para lograrlo la escuela debe abrirse a los padres, un paso que también demanda de más recursos, según expuso Moreira.

Dice que es tarea de la escuela reeducar a la familia en nuevos modelos de educación basados en el establecimiento de límites con los menores, pero desde una perspectiva que se les permita opinar. “La educación no solo es el tema del conocimiento”, apunta.