•   EL VIEJO, CHINANDEGA  |
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Desde los ocho años, Sergio Antonio Vásquez Picado lavaba tramos en el mercado central de la ciudad de El Viejo, para contribuir con los alimentos en su humilde vivienda, a cargo de su abuela Tomasa de la Concepción Picado Jiménez, quien enfrentando extrema pobreza crió a varios nietos.

En un humilde ranchito, ubicado cerca de la estación gasolinera Petronic en El Viejo, donde Sergio Antonio nació y se crió hasta los 33 años, familiares y amigos esperan la llegada de su cadáver, desde la ciudad de Escuintla, Guatemala, donde fue asesinado a balazos la noche del recién pasado viernes por un grupo de mareros, que asaltó el bar donde laboraba el viejano.

Sumida por el dolor, Norma Águeda Picado Guillén, mientras prepara una taza de café, recuerda a su hijo de crianza Sergio Antonio, como un ser humano excepcional, que nunca le hizo daño a nadie, y trabajó honradamente hasta el último día de su vida.

“Desde pequeño se ganó la vida trabajando, se había marchado a Guatemala para pagar una deuda. Es triste lo que ha ocurrido, solo Dios, nos dará fuerzas para soportar este golpe”, dijo.

En similares términos habló Concepción Picado, quien dijo que una señora llamada Carmelita fue como ángel de la guarda de su primo Sergio, porque le dio el primer dinero que ganó, y así llevó ayuda a su hogar.

Los primeros años lavando tramos en el mercado central, sirvieron de estímulo para que el viejano adquiriera su propio tramo. En ese lugar, varios comerciantes colocaron una foto del viejano, con una veladora encendida y flores, en su memoria.

Concepción afirmó que durante varios años, Sergio tuvo una carnicería, por lo que sus amigos le endosaron con cariño el apelativo de “Pellejo”, del cual se sentía orgulloso.

Le bailaba a San Roque Guerrero
Su prima expresó que Vásquez Picado, a pesar de los problemas económicos que lo empujaron a marcharse a Guatemala, se mantenía contento, y durante las fiestas de San Roque Guerrero en la ciudad de El Viejo, bailaba y era mayordomo.

“Prima, me voy para pagar mis deudas, regresaré para ir a las fiestas de San Roque”, recordó, para luego señalar que la principal ayuda de Sergio fueron sus manos. “Todas las mañanas salía con su delantal y su canasta a vender carne.

Aprobó el primer año de secundaria, y no siguió estudiando debido a la pobreza”, indicó.

Su abuela, Tomasa Picado Jiménez, de 96 años, discapacitada y no vidente, con  memoria impresionante, recuerda que le inculcó a su nieto ganarse la vida honradamente, sin meterse en problemas.

Dijo que hace dos meses, Sergio se despidió para ir a trabajar a Guatemala, y ella lo aconsejó que si estaba muy peligroso el lugar, regresará a casa, deseo que no se cumplió.

Concepción Carrasco Córdoba, deseaba comprar un terreno
En el bar Cancún, de Escuintla, también fue asesinada a tiros Concepción Carrasco Córdoba, de 27 años, quien vivía en una humilde casita del barrio Buenos Aires, de El Viejo.

José Ángel Carrasco Espinoza recuerda que hace casi dos años, su hija se marchó a trabajar al bar de Escuintla, propiedad de su sobrina Elda González, para comprar un terreno y construir una casa para ella y sus dos niños.  “Desde niña mi hija fue honrada, aprobó hasta segundo año de secundaria, y no continuó sus estudios debido a la pobreza. Su madre murió cuando Concepción, estaba pequeña, y le tocó luchar para sobrevivir”, manifestó el progenitor, quien recordó que hace ocho años, su otra hija, Ángela Carrasco Córdoba, fue asesinada en un barrio de El Viejo, por el exmarido de ésta, en un ataque de celos.

Fátima Celiz Picado manifestó que hace colectas para conseguir dinero y repatriar ambos cadáveres que están en una morgue de Escuintla, por lo que solicitó al Embajador de Nicaragua en Guatemala, Silvio Mora, que les ayude en esta dolorosa situación.