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Existe un fuerte temor de que el colegio público Diriangén, ubicado en Villa Revolución, sea el escenario de una situación similar a la ocurrida en Ocotal, donde un alumno hirió de muerte a otro. Allí impera la violencia, afirman preocupados un grupo de padres de familia.

Según confiaron estos, bajo petición de anonimato, en ese centro un grupo de estudiantes de secundaria imponen el terror: consumen licor y portan armas, agreden verbalmente a los maestros y a los alumnos; todo “a vista y paciencia de las autoridades”.

El hecho que los puso en alerta de una posible tragedia aconteció el viernes de la semana pasada, durante la celebración de una fiesta escolar, donde un grupo de muchachos ya pasados de copas protagonizaron una trifulca en la que, según confirmaron fuentes policiales del Distrito VII, tuvieron que intervenir, resultando la incautación de una bayoneta con la que los violentos estudiantes amenazaban a sus compañeros.

Director inoperante
Los padres señalan al director Carlos Robleto como responsable del descontrol en ese colegio, ya que “hace caso omiso” de las quejas, y hasta se “hace de la vista gorda cuando frente a sus ojos los chavalos consumen licor”.

Dentro del centro, aseguran los denunciantes, son comunes los robos con intimidación, nadie denuncia por miedo a represalias.
“Cada festividad como el Día del Maestro, de las Madres, son borracheras las que se arman”, relatan.

Los padres dan muestras de los problemas por los que pasa ese colegio, presentando cartas giradas al Ministerio del Trabajo, donde se quejan del director Robleto, señalándolo de maltratos verbales y psicológicos a los trabajadores del centro. “El director Carlos A. Robleto autoriza permisos a jóvenes de la comunidad ajena al centro, los que vienen a consumir licor y droga y hacen daño”, dice la queja con fecha del 14 de marzo de este año.

Con una serie de cartas en las que personal da cuenta a autoridades del Ministerio de Educación y del Trabajo sobre el supuesto mal proceder del director, los padres reclaman medidas, pues sienten que sus hijos corren peligro.  

Colegios anidan violencia
Los colegios siguen siendo ese terreno fértil donde la violencia echa raíces sin problemas. Elba Rivera, maestra de Nueva Guinea, que forma parte del grupo internacional W8, piensa que estamos frente a una problemática derivada de la desatención a la que los tomadores de decisión condenan a la niñez y a la juventud, pues únicamente los ven como “instrumentos propagandísticos”.

Según Rivera, no hace falta buscar esas cifras que bajo secretismo manejan las instituciones de gobierno, en la práctica los docentes diariamente, sobre todo en las escuelas públicas, son testigos de cómo los alumnos son atraídos por el alcohol, las drogas, los cigarros y las armas.

 “Es un problema provocado por el desempleo y por la falta de orientación que tiene la juventud”, valora la maestra, que además es miembro directivo del Foro de Educación y Desarrollo Humano, y llama actuar.

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