•   Oslo / AFP y EFE  |
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Perseguidos y acribillados: ésta fue, durante dos horas, la suerte de decenas de jóvenes noruegos muertos por disparos de un hombre de 32 años disfrazado de policía, que transformó la isla de Utoeya en un infierno, dejando un saldo de al menos 92 muertos, incluyendo el atentando en Oslo.

Al producirse los primeros disparos hacia las cinco de la tarde, casi 600 personas, en su mayoría jóvenes, se encontraban en esta pequeña isla cercana a Oslo para participar en un campamento de verano de la juventud del Partido Laborista, la formación del primer ministro Jens Stoltenberg.

“De repente, escuchamos disparos detrás de una colina”, cuenta Khamshajiny Gunaratnam, quien sobrevivió huyendo a nado de la isla. “Nos dijimos: pero bueno, ¿quién está cazando aquí? Sólo podía ser un cazador”, cuenta en su blog.

Vestido con un chaleco de la Policía, el atacante, un rubio de 1.90 metros, identificado por la prensa noruega como Anders Behring Breivik, atrajo primero a sus víctimas haciéndoles creer que quería protegerlas y darles informaciones importantes, según varios testigos.

“Vengan aquí, tengo informaciones importantes, vengan, no hay nada que temer”, dijo antes de abrir fuego, según Elise, una adolescente de 15 años interrogada por la agencia NTB.

Antes se produjo la explosión
Antes de eso, una violenta explosión devastó edificios del gobierno en el centro de Oslo. Los jóvenes militantes laboristas estaban al tanto, puesto que acababan de asistir a una sesión de información sobre el ataque.

Escondida bajo una roca, la adolescente se echó al suelo a unos pasos del atacante, del que podía escuchar la respiración “acezante”. “La gente corría por todas partes, como locos. No paraba de disparar”, reiteró.

La isla, sembrada de tiendas de campaña de colores, pasó súbitamente de ser “un paraíso” a ser “un infierno”, según el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, que la visita cada verano desde 1974.

Adrian Pracon, quien recibió un disparo en el hombro izquierdo, contó desde el hospital a la cadena australiana ABC: “disparaba a la gente desde una distancia corta, y empezó a dispararnos a nosotros. Se puso a unos diez metros de mí, y disparó a la gente que estaba en el agua”.

“Tenía un fusil M16 (...) Cuando lo vi desde un lado gritando que nos iba a matar, parecía sacado de una película de nazis o algo así”, añadió el joven de 21 años.

Pateaba a los caídos y disparaba
“Empezó a dispararle a esa gente, así que me eché al suelo y fingí que estaba muerto. Se puso a unos dos metros de mí. Podía oírlo respirar. Sentía el calor del arma”. Luego “comprobó cómo estaba cada uno, les pegaba una patada para ver si estaban vivos, o simplemente les disparaba”, relató.

En un largo “post” publicado en su blog, Khamshajiny –“Kamzy”-- Gunaratnam cuenta los esfuerzos desesperados que hizo con sus compañeros para esconderse, esquivar al atacante y huir de las balas corriendo entre las rocas y los arbustos.

“Corríamos y corríamos. Lo peor es cuando supe que quien disparaba estaba vestido de policía. ¿En quién debíamos confiar? Si llamamos a la policía, ¿será él quien venga en nuestra ayuda?”, escribía esta joven de 23 años.

“Pese a todo, llamamos a la Policía. Pero demoraron muchísimo”, recordó.
Sólo después de las siete de la tarde llegó en helicóptero un comando de la Policía noruega, el cual capturó al sospechoso.

Kamzy y su amigo Matti lograron nadar a la orilla de enfrente, a más de 700 metros, pese a que el atacante seguía disparando a quienes huían. Un barco los rescató y los llevó a un lugar seguro.

“No consigo derramar una sola lágrima”, dice Kamzy. “No puedo creérmelo; hoy he estado a punto de morir”, recalcó.

La “peor” tragedia
El primer ministro del país, el socialdemócrata Stoltenberg, consideró que los hechos de Utoeya han sido “la peor tragedia nacional desde la Segunda Guerra Mundial” y ha recordado que él pasó veranos en aquella isla y que conocía personalmente a algunos de los fallecidos.

Las víctimas han reiterado, una y otra vez, que fueron  escenas dantescas con persecuciones histéricas por el bosque y con jóvenes tratando de huir a nado o alcanzar botes neumáticos en las aguas del fiordo.

Varios medios han especulado con la posibilidad de que el arrestado llevase meses, incluso años, planteando este doble atentado, algo que aún no se ha confirmado oficialmente.

En este sentido, destacan la información de que el presunto agresor compró el pasado seis de mayo toneladas de abono químico sin levantar sospechas.

El atacante, un noruego de 32 años identificado como Anders Behring Breivik, ha sido calificado por las fuerzas de seguridad de Noruega como  un “fundamentalista cristiano”, “islamófobo” y  “ultraderechista”. Este se entregó a la Policía sin oposición tras perpetrar la masacre.