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El único detenido  a la fecha por la masacre de Noruega, Anders Behring Breivik, se reconoció ayer autor del doble atentado, que ha causado ya 93 muertos, un total de  97 heridos y un número indeterminado de desaparecidos, según el último reporte de las autoridades noruegas, en una jornada en la que el país nórdico, que sigue presa de la conmoción, rindió homenaje a las víctimas con un funeral de Estado.

Breivik, un noruego de 32 años, de ideología ultraderechista y de acentuada islamofobia, admitió ante la Policía haber perpetrado en solitario el ataque con coche bomba de Oslo, donde fallecieron siete personas, y el posterior tiroteo de la isla de Utoeya, donde murieron tiroteados al menos 86 jóvenes, e indicó que fue “atroz”, pero “necesario”.

Así lo explicó su abogado, Geir Lippestad, tras asistir al interrogatorio al que fue sometido Breivik, en el que no negó “nada de lo que hizo”, y se prestó a colaborar con los agentes y el juez, que le interrogará mañana, el cual deberá decidir sobre su puesta en prisión preventiva. No se ha especificado la hora ni si la audiencia será pública.
 “Explicó la seriedad del asunto, la increíble amplitud de heridos y muertos. Su reacción fue asumir que era cruel ejecutar esos asesinatos, pero en su opinión era necesario”, apuntó Lippestad sobre Breivik, que se enfrenta a una condena máxima de 21 años de cárcel, según el Código Penal noruego.

Utilizó municiones prohibidas y letales

Behring Breivik usó un tipo de munición especial, prohibida en las guerras, para causar la mayor matanza posible en su ataque al campamento juvenil, según un médico que ha atendido a las víctimas.

En una entrevista en la edición digital del rotativo local “VG”, el cirujano jefe del hospital Ringerike, Colin Poole, quien  ha tratado a 16 heridos en el tiroteo de la isla de Utoeya, aseguró que el agresor empleó las denominadas balas expansivas o “dum-dum”, que tienen los extremos, la punta y el culote, huecos, para que el núcleo se fragmente en el impacto.

“Esas balas más o menos explotaban dentro del cuerpo de las víctimas. Las heridas internas que tenían eran absolutamente terribles”, explicó Poole.

“Los fragmentos son muy pequeños. Nunca había visto algo así”, recalcó  Poole, a pesar de sus 26 años de experiencia.

Agregó que las balas expansivas han causado graves daños a los heridos en el tiroteo, en su mayoría jóvenes y adolescentes, y creado incontables quebraderos de cabeza a su equipo de cirujanos.

“Nos ha causado todo tipo de problemas adicionales por el tipo de daño que causan estas balas especiales. El efecto que causan dentro del cuerpo es similar al de miles de agujas y alfileres”, destacó el cirujano jefe.

¿Dónde las consiguió?, se preguntan

Poole añadió que este tipo de munición es muy difícil de adquirir legalmente en Noruega, por lo que se preguntó cómo Breivik pudo conseguirla.

Las controvertidas balas expansivas, cuyo uso está prohibido en las guerras desde 1899, se emplean en ocasiones muy concretas, como en la caza mayor, debido al tipo de daños que causan.

Además, su uso se ha permitido o elegido en ocasiones muy concretas en los últimos años en el marco de operaciones antiterroristas, tanto para abatir suicidas como para disparar sobre secuestradores dentro de un avión sin dañar el fuselaje.

 Aparece un manifiesto del agresor

Ahondando en los motivos del atacante, ayer salió a la luz un “manifiesto” del agresor de 1,500 páginas escritas en inglés, en el que practica un revisionismo histórico islamófobo, ataca el “multiculturalismo” y explica con un detalle enfermizo cómo los “auténticos” europeos van a recuperar el continente ante los musulmanes.

”Cuando decides atacar, es mejor matar a demasiada gente que no a los suficientes, o te arriesgas a reducir el impacto ideológico deseado para el golpe”, argumenta en el epígrafe 3.23, titulado “La naturaleza cruel de nuestras operaciones”.

El texto, que contiene fragmentos propios y otros plagiados del terrorista estadounidense Ted Kaczynski, el conocido “Unabomber”, hace alusiones a España, y acusa al presidente José Luis Rodríguez Zapatero de “rendir el país a los musulmanes y a la inmigración masiva”, y de haber alcanzado el poder gracias a Al Qaeda.

Behring Breivik carga en repetidas ocasiones contra Zapatero, al que llama “comadreja apaciguada”, y contra algunas de sus políticas en las últimas dos legislaturas.

Asegura que España “ha olvidado su pasado” de reconquista, y que Zapatero “ha rendido el país a los musulmanes y a la inmigración masiva” desde que accedió a la Moncloa, y ha provocado un “efecto llamada” conocido en toda África y parte de Asia.

Además, apunta que al nombrar ministra de Defensa “a una mujer embarazada”, en referencia a Carmen Chacón, el presidente español se burló de sus Fuerzas Armadas, dando a entender “que no tenía intención de defenderse” frente a los musulmanes.

Breivik escribe también que los socialistas españoles tienen la “fantasiosa visión” de “convertir Europa en una utopía de multiculturalismo posmoderno”.

Sobre la banda terrorista ETA, el autor asegura que es una “entidad hostil por defecto” para sus planes de conquistar Europa, pero asegura que “no se tomarán medidas” contra ella hasta que su hipotético grupo de seguidores, a los que denomina “caballeros justicieros nacionalistas”, hayan tomado el control “político y militar” de España.

Además, hace un repaso de la escena política española de “ultraderecha”, a la que califica de “muy fragmentada e inestable”.

En este ámbito, repasa los resultados municipales de las elecciones de 2007, y confía en que su participación mejore en los comicios locales y autonómicos de 2011, de los que no sabe los resultados en el momento de escribir.

Asimismo, aborda otros asuntos españoles totalmente dispares como el desastre del “Prestige”, el número de centrales energéticas y refinerías, las distintas tradiciones de fabricación artesanal de armas blancas en la península, y el número de afectados en España por enfermedades de transmisión sexual.

Breivik concluyó su obra y la difundió a través de internet horas antes de embarcarse en “la mayor tragedia desde la II Guerra Mundial” de Noruega, como la volvió a definir ayer  el primer ministro del país, Jens Stoltenberg.

No obstante, el “manifiesto” no llegó a los medios hasta ayer, poco antes de que cientos de personas, encabezados por la familia real noruega y los miembros del Ejecutivo, participaran en la catedral de Oslo un funeral de Estado en memoria de los fallecidos.

”He venido aquí porque una de mis alumnas, una fantástica activista política de 21 años, a la que conocía bien, murió asesinada en Utoeya”, explicó a Efe visiblemente emocionado el profesor de Derecho de la Universidad de Oslo, Mads Andenas.

Sigue búsqueda de víctimas

Las visitas al templo han sido constantes durante todo día, y a última hora de la tarde miles de flores, velas, banderas noruegas y dedicatorias inundaban sus alrededores.
”Vamos a responder a estos atentados con más democracia”, aseguró en su intervención en la catedral Stoltenberg, en medio del llanto inconsolable de una mujer sentada en los primeros bancos.

Mientras tanto, los equipos de rescate continúan trabajando en las aguas que rodean la isla de Utoeya y en los cuatro edificios gravemente dañados por el coche bomba, en busca de más víctimas, ya que un número indeterminado de personas se encuentran desaparecidas.

Las críticas a la actuación de las fuerzas de seguridad siguieron de forma paralela cobrando fuerza a lo largo del día, centradas en la pasividad inicial de la Policía y en el excesivo tiempo que necesitaron para llegar a Utoeya, lo que agravó la tragedia.

En rueda de prensa, un portavoz policial reconoció que recibieron el primer mensaje de alerta sobre el tiroteo a las 17.26 horas (15.26 GMT), pero argumentó que los primeros efectivos no llegaron a la isla hasta las 18.25 horas (16.25 GMT), ya que tuvieron primero que confirmar el aviso y luego conseguir una embarcación.