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Entre sollozos y con voz entrecortada,  Ninoska Peralta Conde relató ante un tribunal de jurado cómo hace ocho años Eddy Picado Corea y Johnny Fonseca Picado dispararon contra su familia y  mataron a su suegro,  José  Wiston  Bravo,  e hirieron de bala en el rostro a su hija.
“Yo le gritaba a Fonseca que por favor no matara a mi familia, que éramos vecinos, pero él le disparó a la cabeza a mi hija que tenía 12 años”, dijo la mujer,  cuyo relato interrumpió varias veces por el llanto.
La testigo reveló que las hermanas de los acusados los azuzaban para que dispararan,  asegurándoles que no caerían presos.
“Desde ese 17 de agosto del año 2003 mi hija quedó ‘traumada’,  porque dice que su abuelito murió por socorrerla cuando le pidió  auxilio al verse herida en el rostro”,  indicó Peralta, quien vendió su casa para superar el trauma.
En el ataque también participaron entre 10 y 12  sujetos que portaban armas artesanales y convencionales, agregó la testigo.
Picado y Fonseca  enfrentan  cargos por asesinato, exposición de  personas al peligro y amenazas de muerte.
La defensora pública María de los Ángeles Mendoza trató de impedir que sus representados enfrentaran el juicio, alegando que el delito había prescrito, porque han pasado más de  cinco años, sin embargo, el juez Tomás Eduardo Cortés  rechazó el alegato diciendo que el juicio nunca inició, porque los acusados estaban ausentes.
A petición del Ministerio Público,  el juicio continuará el próximo 5 de agosto al mediodía.