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“Barbárica, arrogante y despectiva”, así han sido calificadas las declaraciones del magistrado Francisco Rosales respecto a los mártires de la libertad de expresión en Nicaragua, cuando señaló que el periodismo nacional debía estar agradecido de tener sólo cuatro cadáveres en su haber.

Para el periodista y editor de la Revista Medios y Mensajes, Guillermo Cortés Domínguez, estas declaraciones no solo son barbáricas, sino propias de los funcionarios de este gobierno.

“Estas declaraciones me recuerdan a las de Hernán Estrada cuando dijo que si el presidente Daniel Ortega dispusiera llamar a las calles a su gente no quedaría piedra sobre piedra sobre ningún medio de comunicación, y solo demuestra que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”, señaló Cortés.

También aseguró que esto es prueba de que los periodistas están siendo amenazados por el discurso oficialista, el bozal publicitario, el control sobre el colegio de periodistas, la intimidación y la acumulación de medios por parte de la familia gobernante.

Directriz del gobierno
Adrián Uriarte, investigador y estudioso de los Medios de Comunicación, señaló que estas declaraciones siguen la política de comunicación de un gobierno que “subvalora y desprecia el periodismo autónomo”.
De igual forma, enfatizó en que estas son declaraciones de un funcionario que ha sido ampliamente cuestionado por la sociedad civil y los medios de comunicación, “al avalar la inconstitucional candidatura de Daniel Ortega en una institución de facto con magistrados de facto”.
Destacó que sacar a colación el caso de María José Bravo y Carlos Guadamuz no fue al azar, ya que es una forma de recordarles a los periodistas que para los que imparten la justicia, sus vidas no valen nada.

Democracia enferma
Para el periodista Alfonso Malespín, esta es una forma de relativizar la mala relación que ha existido entre el periodismo y el gobierno de turno en un país tan inestable como Nicaragua.

“En términos de cantidad, el magistrado puede tener razón por los períodos convulsos de nuestra historia, pero lo que importa no es la cifra. Siempre es preocupante el asesinato de un periodista, porque es símbolo de una democracia enferma. Esta relativización del dato se hace para minimizar los niveles de violencia y de represalia simbólica, física y política que hacen los administradores de Justicia y el partido gobernante”, señaló Malespín.

Añadió que esta es una forma de enmascarar las coacciones que sufren los medios de comunicación independientes día a día, y refleja un sentimiento de desprecio.

“Es lamentable que un funcionario público tenga tan pobre opinión sobre los periodistas, que somos los que escribimos la historia. Es un menosprecio evidente desde que no recuerda el nombre de María José Bravo, pero sí la hipótesis imposible de que una bala saltarina la haya matado”, comentó el comunicador social.

También insistió que esta es la línea de Bayardo Arce, de Tomás Borge y de otros allegados al gobierno, quienes han dicho que en Nicaragua no hay evidencia de una dictadura porque no hay matanzas ni presos políticos.

“Lo que pasa es que en Nicaragua existen formas más estilizadas de represión, pero eso no significa que no exista y se practique”, finalizó Malespín.

Consultamos al doctor Guillermo Rothschuh Villanueva, Director del observatorio de medios Cinco, y exdecano de la Facultad de Comunicación de la UCA, pero dijo “que no tenía ninguna declaración al respecto”.