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Las mujeres organizadas ayer experimentaron un “estado de arrebato” frente a la Corte Suprema de Justicia, y no por haber ingerido licor, como argumenta el último fallo de la Corte en el caso de violación a Fátima Hernández, justificando a su agresor, sino en protesta por la violación a los derechos de las mujeres a través de sentencias “crueles, bárbaras y antijurídicas”.

“Estamos reunidas en solidaridad con Fátima Hernández y en repudio por el dictamen de la Corte, que invita a agresores sexuales a continuar con sus violaciones, porque saben que la impunidad los ampara. Saben que en este poder del Estado tienen amigos cómplices”, expresó Ana María Pizarro, Directora de Servicios Integrales para la Mujer y miembro del Movimiento Autónomo de Mujeres.

La concentración empezó a eso de las ocho de la mañana con la instalación de pancartas y un tendedero con calzones, brasieres y cervezas.

“Esa ropa interior y las cervezas ridiculizan el gran análisis que hicieron los magistrados justificando el arrebato del violador promovido por el alcohol. Nada justifica la violencia contra las mujeres”, expresó Bertha Inés Cabrales, coordinadora del Colectivo Itza.

“¡No es no!”
Las protestantes acompañaron su plantón con música, pitos, maracas, tambores y megáfonos, y al ritmo de la música coreaban: “Andemos o no parrandeando, No es No”, refiriéndose a las declaraciones machistas del magistrado Francisco Rosales, quien salió huyendo en su vehículo cuando vio venir la manifestación de mujeres.

“Cobarde, machistrado cobarde, hablar de las mujeres sí podés, pero enfrentarte a ellas no”, corearon las mujeres ante la huida intempestiva de Rosales.

Las mujeres aseguraron que las normas internacionales establecen que el consentimiento de la mujer debe ser expreso y claro: “Sí o No”, pero no puede interpretarse como “permisivo”, por el hecho de aceptar una invitación, como lo hace la magistrada Juana Méndez, al calificar a Fátima de “víctima cooperadora”.

“Quiere decir que si andás de falda corta o te tomás una cerveza, estás semiviolada. Dan vergüenza esos magistrados volviendo al siglo pasado”, decían las manifestantes.

Pizarro lamentó las consecuencias de este tipo de sentencias, ya que el mensaje que da es de impunidad.

“Va a incrementar el número de mujeres muertas, niñas violadas y embarazadas. Además, con los dictámenes y opiniones de los magistrados estamos instalando que las víctimas son las culpables y los violadores son inocentes. Pone en vergüenza el sistema judicial de Nicaragua, y somos un ejemplo pésimo para el resto de países de América Latina y el Caribe”, añadió.

La protesta transcurría frente al Poder Judicial, donde paraban el tráfico cada cinco minutos, pero al ver que los magistrados no siguieron entrando, aparte de Juana Méndez y Francisco Rosales, decidieron trasladar el plantón frente al edificio central, donde están ubicadas las oficinas de los magistrados.

Forcejeo
Eran las 10 de la mañana. Un grupo logró entrar y plantarse frente al edificio central, mientras otras quedaron forcejando con los vigilantes y con los policías asignados al Poder Judicial, quienes a fuerza mantenían los portones cerrados.

En el portón peatonal quedó prensada Bertha Cabrales, del Colectivo Itza, momento en que Gonzalo Carrión, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, intervino para ayudar.
“No es justo que no dejen entrar a las mujeres a hacer su protesta por una sentencia criminal que promueve el abuso sexual. Este Poder Judicial genera inseguridad, impunidad y  violencia con esas sentencias”, refirió Carrión.

Magistrados huyen
Después de media hora, las mujeres lograron abrir los portones e ingresaron todas frente al edificio principal, donde dieron un baño de cerveza a vigilantes y policías que resguardaron la entrada principal.

También hubo empujones entre las manifestantes y los de seguridad. Los miembros de Rejudin también entraron y pintaron las paredes de la Corte con textos que decían: “Corte machista, exigimos justicia para las mujeres”, entre otras leyendas.

Luego se recibió información de que los magistrados habían salido huyendo del edificio, por el portón de atrás de la institución, y las mujeres nuevamente organizaron sus mantas y abandonaron la entrada del edificio.

Casi media hora después de que las mujeres se habían marchado, llegó el refuerzo policial, entre ellos unas tres mujeres y siete hombres.