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Después de trabajar la mayor parte de su vida, y de llevar las cuotas al día en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, los ancianitos de Nicaragua viven un calvario. No reciben ninguna atención en salud especializada que les garantice una relativa tranquilidad en los últimos días de existencia, y viven en la extrema pobreza.

En la asamblea nacional que sostuvieron ayer, los dirigentes de las cinco asociaciones agremiadas en la Red Nacional del Adulto Mayor,  expresaron las múltiples limitantes que  tienen que enfrentar los jubilados en el interior del país.

Gloria Elena González, representante de San Marcos, señaló que en su municipio, los  pensionados no son bien atendidos en la clínica previsional correspondiente a esa localidad. Aseguró que los hacen llegar hasta dos o tres veces por un medicamento que no existe en la farmacia, sin tomar en consideración que ellos no tienen la capacidad de movilizarse fácilmente de un lado a otro.

“Creo que después de tantos años de dar nuestro servicio como trabajadores, y cumplir con las cuotas en el Seguro, es justo que nos atiendan como seres humanos. Espero que poco a poco se nos vayan solucionando nuestros problemas. Tenemos derechos, pero no se están cumpliendo”, expresó González.

Francisco Navarro, representante de la Asociación de Jubilados y Pensionados Independientes de Nicaragua, Ajupin, en Occidente, manifestó que en Nicaragua solo un 10% de adultos mayores recibe algún beneficio del Seguro, el 90% restante está desprotegido. Hay una parte que sí cotizó al INSS, no completó las 750 cuotas, pero sí llega a las 250 semanas, por lo que tiene derecho a recibir la pensión reducida de vejez, estipulada en el artículo 49, sin embargo, no la reciben.

Problemática generalizada
Para Ramón Peña, Vicepresidente de Ajupin-Estelí, la situación de los adultos mayores es similar en cualquier parte del país: “Es un abandono total, porque aun los que tenemos acceso a algunos medicamentos tenemos dificultades. En los centros de salud, a uno le entregan la receta, viene hasta acá Managua (a la farmacia Simón Bolívar, del INSS), a traer el medicamento, para que le digan: ´Venga la otra semana. No hay´. Lo malo es que se quedan con la receta”, relató.

Añadió que la mayoría de los adultos mayores que no llegaron a las 750 cotizaciones están en la extrema pobreza.

“Hay una mala interpretación. En la televisión dicen que en los centros de salud abunda la medicina, y no es cierto. El médico hace lo que puede con lo poco que tiene, pero una persona mayor requiere igual tratamiento que un niño. El que no tiene acceso a un centro de salud o al Seguro Social, es una persona que está prácticamente abandonada. Los servicios dejan mucho que desear”, concluyó el señor Peña.