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Aleyda María Chávez sabe muy bien que no solo quien tiene plata, platica, ya que conoce a mujeres que son dueñas de propiedades o negocios, pero son los maridos quienes toman las decisiones en todos los aspectos.

Para esta líder de la comunidad El Brasil, del municipio de Santa Teresa, en Carazo, participar en un proyecto productivo integral le ha ayudado no solo a renovar su economía, sino también a fortalecerse como mujer consciente de sus derechos, mejorando, además, su trabajo de facilitadora judicial en dos comunidades.

Ya tiene tres años en un proyecto donde primero le dieron gallinas, al siguiente año cerdos, y ahora una vaca. Desde que comenzó, a estas alturas no solo han mejorado la alimentación familiar, sino que tiene un negocio de venta de huevos y de gallinas; engorde, destace o venta de cerdos, y ahora, de productos derivados de la leche.

“Es triste cuando solo el hombre es dueño, porque antes si iba a comerme un pollo, tenía que pedir consentimiento, permiso y audiencia a mi marido. Ahora no, porque poseo recursos propios, mando y decido”, cuenta orgullosa Aleyda, de 43 años, que vive  en una finca junto a su pareja y a su hija e hijo adolescentes.

Así como Aleyda, 600 mujeres de 30 comunidades de los municipios de Santa Teresa, La Conquista y La Paz, participan desde 2005 en el Proyecto de diversificación agropecuaria que impulsa la Asociación Tierra y Vida en Carazo.

Los derechos económicos
Esta organización trabaja desde hace 21 años impulsando el desarrollo comunitario en la zona, y una de las demandas era un proyecto productivo solo para mujeres, ya que estas se quejaban de ser fuerza de trabajo familiar, pero no ver ni decidir en las ganancias que manejaban los hombres.

Por eso, este proyecto promueve que las mujeres sean dueñas de los recursos, pero que también fortalezcan sus derechos, expresa Carmen Martínez, Coordinadora de la Asociación.
“Las mujeres deben realizar tareas que beneficien su crecimiento personal. El hecho de tener su propio trabajo y propiedades, una actividad que genere ganancias, ser independientes y así mejorar el desarrollo de sus comunidades, esos son los derechos económicos”, explica Martínez.

Para aprovechar esta oportunidad, la productora debe tener un lugar para la crianza del animal, además de disposición y tiempo para participar en procesos de formación y de organización con otras mujeres. “No queremos que abandone la lucha de las mujeres al conseguir un recurso, entramos a las comunidades para que se asocien y trabajen ampliamente por sus derechos”, añade la coordinadora.

¿Cómo es la jugada?
A las mujeres se les ofrece un crédito en especie de animales de patio; aves, cerdos y vacas, para que pasado un tiempo reproduzcan los animales y entreguen un fondo semilla a otra de su comunidad.

“También nos capacitan para cuidar a los animales y comercializar mejor nuestros productos. Y a la par reflexionamos sobre nuestros derechos, para ir poco a poco abriendo nuestra mente, por eso una vez al mes tenemos talleres de autoestima, violencia, género y autocuido…”, afirma Aleyda.

Ella cuenta que primero le dieron 10 gallinas y un gallo, y al año entregó esa misma cantidad a otra mujer de la comunidad. Esto se llama pase en cadena, y luego la productora es candidata a recibir cerdo o vaca, agrega Carmen.

Aleyda dice que después le dieron un chancho semental. “Con mi marido vimos que podíamos mantenerlo, entonces yo lo prestaba para que montara chanchas de otras comunidades con el compromiso de que me dieran una cría. Así es que en 15 meses conseguí reunir 45 cerdos”, relata con una amplia sonrisa.

Luego le dieron una vaca preñada, y pasado un tiempo logró darle a otra mujer lo mismo y quedarse con una vaquilla extra. Como un trofeo, Aleyda muestra el fierro con sus iniciales, ya que en la zona son contadas las dueñas de ganado. A petición de las mujeres del proyecto, la Asociación Tierra y Vida gestionó con la Alcaldía de La Conquista que les cobraran la mitad y agilizaran el proceso de inscripción del fierro.

Hace dos años, 24 mujeres del proyecto formaron la Cooperativa de servicios múltiples Mujeres solidarias y emprendedoras y eligieron a Aleyda como presidenta. “Cuando ya no haya productoras que necesiten el crédito, se piensa vender los recursos para utilizar ese dinero en proyectos sociales de interés para las mujeres”, explica Carmen.

Los cambios internos                                                    
Aleyda comenta que los cambios en su hogar son lentos, “pero ahí van”. En una ocasión ella se levantó temprano para acarrear agua y regar su plantío de chiltomas, entonces su marido se enojó porque no hizo el desayuno.

“Quería un tibio de pinol y le dije: Ahí está el fuego prendido, ponga la paila y lo hace usted, que no es nada del otro mundo. Y me fui  a acarrear el agua. Cuando regresé, él lo estaba haciendo. Yo le dije: Hijo, si no hay cotos, Dios nos dio manos a hombres y mujeres para que trabajemos iguales y compartamos las tareas del hogar”, narra Aleyda.

Por ser líder ahora sale bastante y han tenido que repartirse mejor las tareas domésticas.

Por ejemplo, una vez al mes, Aleyda viaja a Estelí varios días para estudiar un diplomado de Incidencia Política.

“Ahí le toca a mi marido ver solito a los chavalos, cocinar, cuidar los animales y la huerta. Cuando regreso lo veo empurradito y digo: Buenas noches, ¿cómo estás?  Él responde: Nadie mejor que vos que andabas paseando.

Y yo le contesto: ¿Ideay?, tengo derecho y voy a terminar este diplomado. No lo voy a dejar a medio palo por lo que vos pensés”, rememora en voz alta para que oiga su marido, que solo sonríe al escucharla mientras finaliza la entrevista.

Otra experiencia
Francisca Muñoz, de 46 años, es naturista como su madre, y juntas atienden a personas que llegan a su casa de la comunidad El Cacao, en Santa Teresa, para buscar sanación tradicional.  Lleva años capacitándose con la Asociación en el uso de plantas medicinales, y desde 2008 también se apuntó al proyecto. Ahora que tiene un gallinero y ganado, Francisca dice que hay muchas mujeres oprimidas y encerradas en cuatro paredes.

“Por eso hay que organizarse, porque es bonito ganar sus propios riales, para no depender del marido. Desde que comencé a ganar más centavos me siento distinta, porque ya uno no se siente hijo de dominio, que no puede decidir nada”, reflexiona Francisca.

“Se trata de que las mujeres reconozcan sus derechos económicos de forma integral, es decir, que el asunto va más allá de ganar dinero. Promovemos su autonomía, para que reflexionen sobre sus derechos y lo que quieren hacer en su vida, que aprendan a verse como seres humanos. Mucho dinero puede tener en la bolsa, pero si no ha logrado asumir que es persona con derechos y decidir quién quiere ser, nada hacemos”, finaliza Carmen Martínez.

Un trabajo de 20 años

La Asociación Tierra y Vida tiene su sede en Santa Teresa, Carazo, y trabaja por el desarrollo comunitario de mujeres y hombres. Promueven el desarrollo económico, la participación ciudadana y la incidencia política, entre algunos aspectos. Es parte del Grupo de Promoción de la Agricultura Ecológica.   Contacto: Carmen Martínez * Correo: asoc.tierrayvida@gmail.com* Dirección: del Centro de Salud de Santa Teresa 1 cuadra y media al este. Tel. (505) 2532-1483

(*) Tomado de La Boletina No.82

(*) Archivo digital de la revista feminista nicaragüense La Boletina: www.puntos.org.ni/boletina/ediciones.php