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Adolfo José Acevedo Vogl ríe poco. Se podría decir que casi nada, que es tan serio como el retrato blanco y negro de un Lenín distante que pintó en la década de los años 80. Jamás bromea, no baila ni escucha música alborotada, y su vida está llena de números. A veces esboza una brevísima sonrisa, sobre todo cuando habla de su esposa y de la luna, o de cuánto le gusta hacer compras.

Este hombre de 53 años cumplidos este 7 de agosto, robusto, que habla sin fijar mucho la mirada con su interlocutor, se ha convertido en un personaje por ser quien desmenuza con precisión quirúrgica, desde hace años, las decisiones gubernamentales en materia económica y financiera. Cita y analiza. Analiza y propone. Propone y critica.

Fuente permanente de consulta
Es una fuente de consulta para todo periodista, y una referencia nacional en temas económicos para todo profesional. Allí está Adolfo para hablar de la reforma tributaria; de la necesidad de destinar el 7% del PIB a educación; de la magnitud e influencia de Caruna en la economía nacional; del aumento tarifario en la energía y sus consecuencias, de la viabilidad financiera del INSS, y del bono demográfico, por mencionar algunos temas suyos que aparecen en redes sociales, correos electrónicos, portales digitales, páginas de periódicos y sitios de debates públicos.

No obstante, su vida pública no inició recientemente. Acevedo Vogl fue parte del equipo de la Coordinadora Civil que investigó y develó cómo el Estado contrajo una onerosa deuda a través de la emisión de los Certificados Negociables de Inversión, Cenis, durante la Administración del expresidente Arnoldo Alemán (1997-2001).

El economista habla poco de su vida. Sin ver a los ojos responde con uno o dos monosílabos sobre sí mismo. Quizá quiere hablar del bono demográfico, pienso. Le entro al tema y él se ve más cómodo. “Antes de entrar a la fase de envejecimiento el país tendría que hacer inversiones muy fuertes en capital humano, educación e infraestructura básica…”, explica.

Gatos, telescopios, astros…
En esta casa abundan los gatos. El economista y yo compartimos una obsesión con estos animales. Yo porque los detesto y él porque los ve lindos. Cuatro de la tarde, calor infernal en Managua, Adolfo Acevedo, sudado, pantalón negro, camisa a rayas, serio como siempre, abre el portón de su casa y sin hablar nos invita a entrar. ¿No se ríe? No, no se ríe.

Detrás de él, en el porche, un gato negro, a la par del gato negro otro gato negro sin la mitad de la cola, a la izquierda del último gato negro, un gatito plomo y juguetón que sube y baja de las macetas; y enfrente, sobre el vehículo Yaris plomo, otro gato chiquitín. Falta la Chilo, la gata mayor, la mandamás, la que su esposa y él recogieron hace tiempo, y que les ha dado hijos, nietos y bisnietos felinos.
20 minutos después perdí la cuenta. No sé cuantos gatos hay a mi alrededor pero ninguno me determina. Empezamos.

En esta entrevista, Adolfo Acevedo Vogl no debería hablar de números ni de la realidad del país y cómo propone cambiarla. ¿Quién es él y qué hace?

Cinco segundos de sonrisa

Nació en Managua en 1958, hijo de una señora de Niquinohomo que pintaba cuadros primitivistas, y de un funcionario de un organismo internacional, por quien en su juventud emigró a Panamá, donde estudió economía y conoció a su esposa, de quien no da su nombre por respeto, prudencia y seguridad a ella.

S-u e-s-p-o-s-a. Acaba de sonreír. Fueron  cinco segundos de sonrisa que se los debo a la señora con quien se casó. Adolfo Acevedo Vogl se ve enamorado. No logré preguntarle si aún lo está y no sé si lo está. El hecho es que hablar de su esposa fue la única razón por la que dejó esa expresión grave de científico que dicta una cátedra ante un grupo de atentos alumnos.

Cuando no está leyendo y analizando las decisiones gubernamentales, viendo la Luna o intentando dormir, está con su esposa. Dice que en sus pocos ratos libres usa su tiempo con ella en el cine, comiendo o simplemente haciendo lo que cualquier mujer haría: visitando tiendas.

“En términos de ocio lo que me gusta es salir con mi esposa… a donde sea, me encanta salir con ella”, cuenta.

Retratista y admirador de astros
Detrás del hombre serio hay un gran retratista y un aficionado a la astronomía. No prefiere a Júpiter, Saturno, Plutón o alguno de esos planetas. A él le gusta la Luna.

“Mi pasión más importante es la astronomía. En la época cuando el cielo no está nublado, entre noviembre y abril, saco el telescopio. Cuando estaba pequeño, mi tío Jorge Vogl tenía un telescopio, y recuerdo que con él vi por primera vez los anillos de Saturno y vi la Luna. Desde entonces quedé enamorado de la Luna”, dice.

De las 30 mil cosas que le faltan por hacer en la vida, está comprarse un gran telescopio. “Me apasiona la geología planetaria. Mi gran sueño es tener un gran telescopio. Y me gusta en especial la Luna, entre otras cosas, porque cuando uno la ve puede alcanzar niveles de magnificación que parece como si estuviéramos en una nave espacial, volando. Es impresionante, yo paso horas en el telescopio”.

Cuando el cielo está nublado sigue de cerca los eventos astronómicos, pero se dedica más a investigar sobre los problemas del país, sus causas y las alternativas. Le gusta la literatura clásica como a su mamá, pero no se le ve animado cuando lo dice. Pone énfasis cuando cuenta que también le gusta leer temas jurídicos, porque la regulación de la economía se ejerce a través de las instituciones jurídicas.

Y vuelve a la economía
Entonces, sin mi permiso, se mete de nuevo a ese tema del que puede pasar hablando todo el día: “La teoría económica convencional ha mostrado grandes limitaciones, entonces lo que he aprendido es que uno debe usar la cabeza y utilizar los instrumentos que te da la teoría económica solo como análisis”.

Hay que encaminarlo. Volverlo a su vida. El economista tiene un tic nervioso. Mueve sus manos como palmeando sobre cada rodilla. Sufre de  insomnio crónico, y por eso es que organiza inusualmente sus horas de trabajo a lo largo del día. En esas noches de desvelo, el médico le ha prohibido mirar al cielo aunque esté estrellado y evitar buscar qué analizar. Debe procurar descansar, aunque --lo dice con pesar-- a veces no puede.

Suele olvidar algunas cosas: no las que analiza --valga decir-- sino las que pueden aportar a describirlo mejor.

“¡Ah, pinto!”, se acuerda. En la sala de su casa, adonde vamos a entrar luego de que los gatos que nos vigilan terminen de hacerlo, un cuadro de Lenín es muestra de sus excelentes habilidades en ese arte que hace tiempo dejó.

“Me impactó su expresión”, dice refiriéndose al revolucionario ruso, líder bolchevique y político comunista.
Hablemos de lo que le gusta. Una vez más. Para él este gobierno ha sido extremadamente afortunado. Como ninguno.

“Ha contado con una masa de recursos que ningún otro gobierno en la historia de Nicaragua soñó tener disponible. Con esta masa bien invertida el rostro del país cambiaría en 10 años”, dice, tras explicar detalladamente por qué Nicaragua podría trasformarse.

Los gatos han regresado, él debe volver a su trabajo y yo debo irme. Una despedida simplona y fría sella el final de la entrevista. Ha vuelto a su fase de hombre de números.

 

¿Por qué estudió economía?

Porque los números son un instrumento para el análisis. Lo que siempre me interesó fue intentar entender la realidad de nuestros países y me pareció que la economía era lo más próximo.

Más que cursar las clases formales, me gustó investigar, aprender por mi cuenta. Me interesó siempre la investigación. En el 79 comencé a trabajar en el Banco Nacional, y estuve allí hasta el 83, luego pasé a trabajar al Ministerio de Planificación, y posteriormente, no sé si en el 87 o en el 88, al Ministerio de Cooperación Externa.

En el 90 trabajé en la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales, era el director del área de Políticas Económicas Regionales. Luego trabajé en el Instituto Nicaragüense de Desarrollo Sostenible y ahora estoy trabajando por mi cuenta, como consultor.

Usted es actualmente la voz más autorizada para hacer análisis económico-financieros…

Esto no lo vengo haciendo con este gobierno. Desde hace más de 10 años comparto análisis e información con una lista de personas a quienes les interesa, y con los periodistas. Para ser franco, parece que a los medios y a los periodistas no les interesaba tanto la crítica al presidente Bolaños. Y viceversa, al actual partido de gobierno parece que le gustaba cuando yo criticaba al presidente Bolaños y ahora no le gusta.

¿Le han ofrecido un cargo en gobierno?

Me ofrecieron el Ministerio de Hacienda en 2006. No acepté, por una parte, por razones de salud, pues no estoy en condiciones de desempeñar un cargo con horario. Yo adecuó mi horario a mis condiciones de salud, y por otra parte, porque me preocupaban los métodos de actuación del partido que está en el Gobierno, que más o menos los conozco.
Nosotros como Coordinadora Civil mantuvimos una relación de comunicación y de amistad con Orlando Núñez, pero por alguna razón, después él comenzó a atacarnos. La última vez que hablé con él me dijo que prefería que hiciéramos críticas aunque nos equivocáramos, a que nos quedáramos callados. Luego nos estaba atacando.

¿Cómo se ve en el futuro cercano?
Haciendo lo que he hecho siempre. investigando, compartiendo análisis y propuestas. Acabamos de hacer una propuesta de transformación tributaria… esta reflexión llegó porque hay que aprovechar el denominado bono demográfico.