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Las mujeres que fuman tienen un riesgo un 25% superior que los hombres con los mismos hábitos de tener dolencias coronarias. Es la conclusión de un metanálisis (estudio hecho sobre otros trabajos) que ha publicado The Lancet.

En la investigación se han manejado datos de 26 artículos científicos en los que estaban involucrados casi cuatro millones de personas. Los trabajos van desde 1966 hasta 2010, en algunos casos con un seguimiento de los pacientes de 40 años, lo que le da una gran relevancia.

La diferencia en el riesgo aumenta un 2% por año que pasa, lo que apunta a una base fisiológica ligada al sexo, indican los investigadores.

‘Por ejemplo, las mujeres pueden extraer una mayor cantidad de carcinógenos y otros agentes tóxicos del mismo número de cigarrillos que los hombres. Este hecho podría explicar por qué las mujeres que fuman tienen el doble de riesgo de sufrir un cáncer de pulmón que los varones’, indican los investigadores.

El descubrimiento, según los científicos de la Universidad Johns Hopkins que han hecho el estudio, tiene una especial relevancia, porque en los países desarrollados las mujeres son uno de los objetivos de las campañas de promoción del tabaco. Sobre todo, desde que el número de fumadores está en descenso.

Peligro desatendido

Con el foco puesto siempre en el cáncer de pulmón y en otros tumores asociados al tabaquismo, el daño cardiovascular es uno de los peligros del tabaco a los que se les presta menos caso. Sin embargo, es importante como causante de infartos y de otras dolencias.

De hecho, en los países donde primero se empezó a limitar el uso del tabaco, lo primero que se vio es que los enfermos del corazón disminuían. Ello se debe a que el daño producido por el humo es más rápido en las arterias coronarias, y no hacen falta años para que este efecto se manifieste como ocurre en el cáncer.

En cambio, puestos a medir el efecto del tabaco en la salud, al evaluar los problemas cardiovasculares, se tiene la ventaja de que cuando se deja de fumar, el daño cardiaco desaparece también más rápidamente. Si una persona que fumaba todavía tiene riesgo de padecer un cáncer asociado a los 20 años, en el caso de las enfermedades cardiovasculares el peligro vuelve a niveles normales en unos cinco.