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Paz, pan y trabajo fueron las principales peticiones que hicieron ayer los managuas a Santo Domingo de Guzmán, cuya imagen fue bajada en las primeras horas de la mañana de la Iglesia de Las Sierritas de Managua, en medio de un mar de gente que lo esperaba desde la madrugada.
Mujeres que cargaban a sus tiernos, personas en sillas de ruedas, otras que elevaban plegarias, niños, jóvenes, adultos y ancianos llegaron a honrar sus promesas al Santo bailándole y cantándole sin descanso con la esperanza de que Santo Domingo les dará bienestar, pero sobre todo les curará sus enfermedades.
Norma Auxiliadora Umaña esperaba llegar hasta la Iglesia de Santo Domingo, en los escombros de Managua, a pesar de haber sido operada recientemente de un malestar en la columna. La aguardaban unas largas ocho horas de caminata bajo el sol, pero ella prometía alcanzar la meta.
“Estaba enferma de la columna, estaba perdiendo las canillas y me han operado cuatro veces; hasta que me dé fuerzas Santo Domingo, hasta ahí voy a llegar”, externó doña Norma mientras contenía el llanto.
Desde el martes a la noche, la señora aguardó al santito vistiéndose con un traje especial para acompañarlo. “Yo sé que Santo Dominguito me está ayudando y siempre me acompaña en mi enfermedad”, indicó doña Norma.
Germán Antonio Coronado llegó del barrio Primero de Mayo, y lleva 45 años acompañando al Santo.
“Le pedí que me quitara todos los males de encima y me cumplió”, externó don Germán, quien iba acompañado de su hijo. ”Aquí lo importante es la fe y el fervor religioso, lo del licor es otra cosa”, agregó.
El sacerdote jesuita Orlando Aguilar destacó la devoción del pueblo de Managua por “Minguito”, donde por supuesto no faltaron los tragos de más y aquellos que sólo llegaron a “turistear”.
“Aquí se mezcla la fe con la necesidad de expresar el pueblo sus necesidades básicas. El pueblo nicaragüense no tiene los espacios concretos para poder expresar lo que siente, y la única forma es el medio divino o el medio pagano, y el alcohol libera todas las emociones, y mezclado con la religiosidad popular es una bomba de tiempo”, comentó el sacerdote.
Jefa policial detuvo al Santo
La jefa de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, se convirtió por un momento en el principal atractivo de las fiestas, cuando en medio de la multitud, y escoltada por la Jefatura Nacional de la Policía , cargó al Santo por más de media hora.
La jefa policial hizo su aparición al mediodía con la plana mayor del cuerpo del orden público en el sector de La Morita.
De pronto, los jefes policiales se convirtieron en los cargadores del Santo, pero fue Granera la que más acaparó la atención de los presentes, arrancando incluso aplausos de la gente.
Como algo nunca visto antes, la jefa policial paró el santito por unos minutos cuando, antes de despedirse, se sacó el sombrero, se persignó y lo besó para luego entregarlo de nuevo a los cargadores.
Políticos a otra parte
Este año los políticos brillaron por su ausencia, lo que fue celebrado por los mismos promesantes y por el sacerdote Orlando Aguilar.
“La política es aparte de la religión, aunque no dude que el próximo año aparezcan todos los candidatos, porque ésta es la fiesta de los pobres, y los pobres son famosos en la temporada electoral”, dijo el sacerdote, quien aprovechó para pedir a la clase política “que se ponga la mano en la conciencia” y vea --a través de esta celebración-- “que el pueblo está pasando dificultades”.
“No hay campaña, entonces no hay políticos, porque el Santo es el que les da la venia para que agarren cancha como alcalde, vicealcalde o diputado. Hoy no los hemos visto porque no hay campaña, pero el próximo año ahí los vas va a ver”, dijo por su parte William Pérez, divulgador del Comité Tradicionalista de Cargadores, algunos con 50 años de llevar al Santo.
Sin mayores incidentes
La tranquilidad y la calma prevalecieron ayer en la bajada de “Minguito”, aunque fue visible la fuerte presencia policial, incluyendo el cordón de seguridad de las fuerzas antimotines para proteger su paso.
Unos 2,500 policías resguardaron las fiestas, y los pocos incidentes que hubo fueron ocasionados por efectos del licor, que dejó tirado a más de uno en el camino que emprendió el Santo hacia Managua.