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Los hombres también son víctimas de su propio machismo, porque a pesar de estar expuestos como las mujeres al ultraje, prefieren callar. El género “fuerte” registra 192 delitos sexuales entre violaciones y acoso, algo que es sólo la punta del iceberg que no se denuncia, según el análisis de Mónica Zalaquett, Directora del Centro de Prevención de la Violencia, Ceprev.

Según el anuario estadístico de la Policía Nacional, en 2010, las niñas menores de 14 años y adolescentes sufrieron 688 violaciones, mientras los mayores de 17 años fueron víctimas de 938 abusos sexuales y 774 violaciones. Ambos grupos sumaron 2 mil 743 delitos contra la integridad sexual.

El año pasado 192 hombres, casi el 80 por ciento menos que mujeres, fueron víctimas de delitos contra su integridad sexual, contabilizando 44 violaciones a adultos, 50 violaciones a niños menores de 14 años, 20 violaciones agravadas, 76 abusos sexuales y 8 denuncias por acoso sexual.

En conferencia de prensa, como parte de su campaña en contra de la violencia, Zalaquett determinó que si bien la magnitud no es igual y la vulnerabilidad de la mujer es mucho mayor, no se puede obviar la situación que también pasan los hombres y para lo cual también se debe poner atención.

“El problema es que en nuestra cultura de la violencia lo vemos como algo normal, pero también los hombres son víctimas incluso de violación e igual sufren los traumas, pero está invisibilizado. Debemos tomar en cuenta que los estudios internacionales han señalado que por cada denuncia, hay al menos 20 casos que quedan en el silencio”, dijo la especialista, alegando que ya para una mujer es difícil denunciar una violación, imagínense lo que ocurrirá con un hombre culturalmente obligado a ser el macho.

Según Zalaquett, la sociedad ha formado a los ciudadanos teniendo a los hombres como objetos económicos y a las mujeres como objetos sexuales. El hombre está obligado a ser violento para imponerse, por eso las peleas de pandillas por territorios, algo que sus miembros lo ven como natural y hasta divertido, hasta que alguien sale herido o muerto, daño que después requerirá venganza.

Dejó claro que este sufrimiento masculino de ninguna manera justifica la violencia contra la mujer. “Se han logrado enormes avances en los derechos de las mujeres, pero no se ha roto con la mentalidad machista y violenta. Incluso las mujeres toman actitudes machistas y perpetúan el problema. Tenemos que romper el módulo de estructura autoritaria”, explicó la directora del Ceprev.

Alegó que para contrarrestar esto se necesita no sólo que las escuelas incidan en la reducción de la violencia y la creación de valores morales, también nuestros hogares deben ser los principales generadores de estos valores, pero si la violencia está en la casa y no hacemos nada para aplacarla, simplemente será reproducirla por las nuevas generaciones de hombres y mujeres.