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La última vez que Luis Horacio Nájera vio a sus padres fue a mediados de 2008, cuando amenazado por el crimen organizado, tuvo que salir de Ciudad Juárez, México,  y asilarse en Canadá.

El jueves pasado, cuando se enteró que el Casino Royale, de Nuevo León, Monterrey, ardía producto de un ataque incendiario, ubicado a una cuadra de la casa de sus progenitores, pensó en la ironía que la vida le estaría jugando si los muertos a manos de algún cártel fuesen ellos y no él.

Inmediatamente tomó el teléfono y llamó hasta Monterrey con el corazón afligido, el estómago en el aire y la angustia apretándole el cuello. “Estamos bien”, le respondieron ambos y respiró tranquilo.

Pero, a continuación le relataron que Dios les había permitido un tiempo más en esta vida, pues un atraso inesperado, no les permitió dirigirse antes al Casino, en donde habían dispuesto disfrutar un juego de béisbol, y en el que murieron calcinadas más de 50 personas.

Nájera es periodista mexicano con 20 años de experiencia en la franja fronteriza entre México y Estados Unidos. Desde 2008 reside como refugiado en Canadá, adonde huyó con su familia tras recibir amenazas de muerte a causa de su trabajo de investigación sobre la corrupción y los abusos contra los derechos humanos del Ejército de su país, así como la exposición de las redes de delincuencia organizada en Ciudad Juárez.  

Nájera, quien hace poco se mudó de Vancouver a Toronto, en esta entrevista realizada de manera electrónica, nos dice su sentimiento frente a la ola de violencia que baña de sangre y de luto a México, se lee escéptico ante una sociedad que se asombra por un momento de la crueldad de los cárteles, pero que luego olvida todo por un juego de fútbol o una telenovela.

¿Cómo has recibido la situación del Casino en Nuevo León, donde viven tus padres?  
Con mucha sorpresa, porque en esta guerra por el control de las drogas en México no se había dado un hecho como este, donde tantas personas totalmente inocentes fueran víctimas colaterales de ataques contra negocios sujetos a extorsión como parece ser el caso.

En cuanto a mis padres, he pensado mucho en lo irónico que sería que ellos hubieran muerto y yo no, cuando yo estaba más involucrado en estos temas de seguridad como periodista. Yo estudié en Monterrey, después mis padres se mudaron para que mis hermanas menores también estudiaran allá.

Por poco perecen
¿Tus padres están bien?
Sí, afortunadamente. Ellos salieron un poco tarde de la casa rumbo al Casino y al llegar se dieron cuenta de que ya se estaba quemando. Incluso hablaron con algunos testigos y sobrevivientes, pero ese retraso les valió la vida.

¿Qué fue lo primero qué pensaste cuando viste la noticia?
Me preocupé, porque es en la zona donde ellos viven, y como inicialmente se hablaba de granadazos, pensé en localizar a mis padres para saber cómo estaban. Ya hablando con ellos, me contaron lo de que apenas se salvaron de morir.

¿Angustiante la espera de comunicación con ellos?
No, porque los servicios de teléfono están funcionando. Sabes que después de hablar con ellos y de ver cómo evolucionó la tragedia, las imágenes y los muertos, entonces mi cabeza ha estado en una especie de shock de pensar que si ellos hubieran muerto…

¿Qué iban a hacer al casino?

A ver un juego de béisbol.  Mi papá me cuenta que a ese casino, en particular, asistían muchas personas de la tercera edad o adultos mayores, y personas con capacidades diferentes. Que más que un sitio de puras apuestas, se había convertido en un punto de distracción en la zona.

Crimen organizado va ganando
¿Es el peor ataque que ha habido, luego de la masacre a inmigrantes en el corredor de Tamaulipas?
Sí, después de los 72 muertos en San Fernando y los 14 en Ciudad Juárez, pero la diferencia es que a los migrantes los trataron de reclutar como sicarios, y a los de Juárez los mataron porque había pandilleros, pero esta era gente ajena al crimen organizado.

¿Qué crees que ocurra? Parece que la batalla la está ganando el crimen organizado.
¡Claro que la está ganando! Ojalá que con esta masacre pueda haber un despertar de la sociedad para que así haya presión al gobierno. En 2005 yo estuve en Nuevo Laredo cubriendo los primeros combates entre Zetas y la organización de Joaquín “El Chapo” Guzmán, y en ese tiempo, redacté un informe para el periódico donde trabajaba,  en el cual les advertía que cosas como estas iban a pasar en Monterrey, y pues mira que ya pasaron.

¿Consideras que no se ha hecho lo suficiente, tanto en la sociedad como en el gobierno en esta lucha?
Principalmente en la sociedad ¿cuántos periodistas han matado? ¿cuántos nos hemos exiliado por informar a la sociedad de lo que está pasando? ¿y la sociedad qué ha hecho por nosotros? Nada, ni una marcha, ni una presión real.  Allá la marcha (que se dio)  denominada  “Los queremos vivos” fue de periodistas y de organizaciones muy politizadas, pero los menos eran los ciudadanos de a pie.

¿Qué crees que pasa en la mente del mexicano común y corriente? ¿Por qué no reacciona?

Hay un libro muy bueno que describe a los mexicanos perfectamente, se llama “Vecinos distantes: un retrato de los mexicanos”, fue escrito por un periodista brasileño que se llama Alan Riding. Este personaje trabajó mucho en México para el New York Times, y en 1985 escribió esto: “...la mayor parte de los mexicanos meditan y filosofan, son discretos, evasivos y desconfiados; son orgullosos y vigilantes de las cuestiones de honor... son cálidos, ocurrentes y sentimentales y, en ocasiones, son violentos y crueles.

Son inmensamente creativos e imaginativos y, sin embargo, resulta imposible organizarlos, porque en lo interno tienen ideas definidas y en lo externo son anárquicos”. Es duro, pero es cierto.

¿Qué futuro avistas luego de esto?

Primero, viene la reacción inmediata. En el caso del gobierno habrá más policías, más operativos, muchas condolencias y poco reconocimiento de responsabilidades. Seguramente, los del bando contrario van a delatar a los que lo hicieron, y el Ejército los va a detener y a presentar en vídeo diciendo que se arrepienten de esa vida.

Marchas con gente vestida de blanco, redes sociales inundadas de lamentos por la situación y criticando al gobierno. Les doy dos meses de intensidad, y después otra cosa, quizás el fútbol o una telenovela, se lleva la atención.

De parte de los políticos: reclamos entre sí por no aprobar las reformas de seguridad, al presidente por inepto, y del presidente a los del PRI por 70 años de descomposición social, y a los Estados Unidos por adictos insaciables, ojalá me equivoque y cambien las cosas.

En EU, la negativa de Rosa Parks a dejarle su asiento a un blanco fue precursora en la lucha de los derechos civiles para los afroamericanos. En Túnez, un hombre se inmoló para protestar por el régimen, iniciando así la “Primavera Árabe”.

Si grandes transformaciones sociales en el mundo arrancaron con el sacrificio de una persona, ¿que debería de provocar en México la masacre de 52? Si con esto la sociedad y el gobierno no cambian...