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Antes de asesinarlo en un paraje solitario de la laguna Venecia, de Masaya, Yazker Blandón había drogado con somníferos en la bebida al sacerdote Marlon Pupiro, a quien golpeó en la cabeza con una llave de acero para luego estrangularlo y robar sus pertenencias.

Así concluyó la Policía Nacional su investigación sobre el crimen del padre Pupiro, ocurrido en la madrugada del 20 de agosto, con la confesión del principal sospechoso del crimen.

Anoche, en conferencia de prensa, el comisionado mayor Fernando Borge, jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional, acompañado de la comisionada mayor Glenda Zavala, jefa de la Dirección de Auxilio Judicial, presentó a Yazker Blandón Torres, acusado de ser el autor confeso del crimen.

El hombre tenía los ojos vidriosos y aparentaba serenidad. No levantó la cara para ver los ojos ni las cámaras, no lucía nervioso ni preocupado, pero irradiaba una profunda sensación de tristeza que contrastaba con la descripción siniestra del crimen que relató el vocero de la Policía.

Lo durmió para luego matarlo

Según Borge, Blandón narró que la madrugada del crimen echó dos somníferos a la bebida del religioso para dormirlo, y que una vez en estado inconsciente, lo montó en la camioneta y buscó un lugar solitario donde matarlo y robarle sus pertenencias.

El mesero primero condujo al padre hacia La Concha, se desvió a la laguna Venecia de Masaya, llegó a un sitio conocido como La Peña, donde detuvo el vehículo, sacó una llave de acero estilo “crescent” y le empezó a golpear la cabeza.

Según el relato obtenido de la reconstrucción del crimen y la confesión de Blandón, los golpes despertaron al padre quien trató de reaccionar en defensa, “pero el mesero lo aprisiona con las manos en el cuello y la cara y lo estrangula”.

Sustrajo su cartera, tomó una bolsa llena de monedas de córdoba de unos 500 córdobas, tomó el relicario, un crucifijo, un perfume, el teléfono y acomodó el cuerpo en el piso del vehículo, en la parte del asiento trasero.

El itinerario para deshacerse del cuerpo

De acuerdo con el relato policial, Yazker planificó cómo botar el cuerpo y dónde hacerlo. De las 4 Esquinas, entre San Marcos y Jinotepe, pasó por el auto-hotel Kassandra, donde lo atendió el camarero Francisco Molina, quien dio a la Policía la descripción del sujeto y ayudó a elaborar el identikit.

Estuvo ahí cinco minutos, robó almohada, sábana y cubre colchón, siguió su rumbo dirigiéndose a Ciudad Sandino a plena luz del día. Compró una gorra en el supermercado Palí, unas bolsas negras y una colchoneta negra a un vendedor ambulante, para luego regresar a Managua a buscar dónde guardar la camioneta con el cuerpo adentro.

Llevó el vehículo a un estacionamiento en el barrio “Edgard Lang” y dejó ahí la camioneta con el cadáver.

Regresó en un taxi a La Borgoña para reportarse a su trabajo, pidió permiso, y más tarde retornó al estacionamiento, pero antes pasó por una farmacia cercana a la Texaco Guanacaste, Carretera Sur, donde compró algodón, mascarillas, guantes y cinta adhesiva para embalar el cuerpo.

De acuerdo con el relato policial, el mesero llegó donde estaba la camioneta estacionada, y aprovechando que llovía y que no había nadie, bajó el cuerpo y lo empacó con la chaqueta, la sábana, la almohada, el plástico y lo envolvió en el colchón, luego salió manejando, pasó por el Motel Los Encuentros, cercano al Hospital Militar, se duchó, descansó dos horas, salió a echar gasolina, y manejó rumbo a Carretera Vieja a León.

En el kilómetro 16 ubicó el basurero, bajó y botó el cadáver, y esa misma noche regresó a venderle la camioneta a “Changuelo”, un comerciante de piezas de autos en el Mercado Oriental.

Según la Policía, Yazker en su testimonio admitió los hechos, y ayudó a ubicar el relicario que el padre cargaba el día de su muerte. Será puesto a la orden del Ministerio Público acusado por asesinato y robo agravado.