•  |
  •  |

-- Buenas noches, padre --le dijeron con gesto de agradecimiento.
-- Quedan en la paz de Dios --respondió él y los abrazó.

La Concepción dormía. Eran las 10:30 pm, cuando el padre del pueblo se despidió de Rosivania García y de su esposo, a quienes había casado tres horas antes.

El padre que los casó era un hombre de 1.65 metros de estatura, de sonrisa fácil y querido por la feligresía, a quien le gustaba el fútbol y la sopa de gallina, y quien había llegado a esa ciudad siete años atrás, subido en un escarabajo rojo descapotado, acompañado por católicos de Sabana Grande.

“El Gran Pupi”, como lo recuerdan en el seminario, fue el hombre que en varias ocasiones les cortó el pelo a los aspirantes a curas; quien tenía grandes capacidades organizativas y mucha facilidad para ganarse a la gente.

Marlon Pupiro García nació 40 años atrás un 19 de enero. Hijo de una señora oriunda de Dirita, comunidad de Ticuantepe, rezadora y pobre, a quien acompañaba cuando ella viajaba a Masaya a vender.

Se metió a cura porque creció en un ambiente de rezos, y pronto se hizo devoto de San José y de la Virgen de Fátima. Salió de su comunidad, estudió en el Calasanz, y siendo diácono se asentó en Sabana Grande, Managua.  No bebía licor ni trasnochaba, aseguran los feligreses de La Concepción y de Sabana Grande. Jharib Cerda, de 22 años, conoció desde pequeño a “Pupi”, como llamaba al cura, y jura que solo una vez lo vio tomando bebidas alcohólicas: fue una copa de sidra.