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-- Ideay, hijo, ¿venís de tu trabajo o vas? --preguntó la señora
-- Estoy llegando. Ahí llego después donde usted --comentó él con un tono de voz para nada nervioso.

Era la mañana del martes 23 de agosto, cuando Yasker Asís Blandón Tórrez llamó a su madre, Miriam Tórrez, una profesora jubilada tras 42 años de docencia, que vive en el barrio capitalino Loma Linda.

Nacido un 25 de diciembre de 1976, este hombre callado, respetuoso y trabajador, como lo describen quienes lo conocen desde su infancia, le debe su nombre a un alemán que conoció su padre cuando trabajaba en Jinotega.

Un infante maltratado que después fue mesero  
De niño sufrió maltrato de parte de su padre, y siendo adolescente sufrió la pérdida de su hermano mayor, Nelson, quien murió en un accidente de tránsito. Por esa causa, poco tiempo después su madre lo llevó donde un psicólogo. Yasker se quedaba ido, no prestaba atención, hablaba solo y sufría. Un día amanecía bromista y al otro parecía un alacrán. Era irascible.

Vivió algunos años en Masatepe con los familiares de su mamá, donde terminó la secundaria y conoció a su primera enamorada. Poco tiempo después nació el primero de sus cuatro hijos, y tuvo que dejar los estudios y buscar trabajo. En el restaurante “Mi terruño masatepino” obtuvo su primer empleo.

Yasker se convirtió en mesero. No sabía nada del asunto, pero lo aprendió rápidamente. Fue, quizás, el mejor mesero que los dueños de ese restaurante tuvieron en esa época. Se distinguía por su fina atención a los clientes.

Uno de los clientes tenía dos restaurantes. Un día le dio una tarjeta de presentación y lo invitó a trabajar en uno de sus locales. Al día siguiente le insistió en la oferta de trabajo y así otro día y otro, hasta que un día aceptó.

Habilidoso y trabajador
Aníbal Ballesteros era el cliente. Desde aquella fecha han pasado 13 años, en los que Yasker había trabajado en el restaurante La Borgoña, en el fresco municipio de Ticuantepe.  Durante este tiempo fue mesero, carpintero y hasta chofer de Ballesteros. Sabía hacer de todo un poco, pues arreglaba el cielo raso de las habitaciones del local, componía las mesas dañadas, hacía sillas de madera, llevaba de paseo al hijo del jefe,  hacía las compras para la comida, y alguna vez fue cajero del restaurante.