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Su nombre es Linda Gabriela Morais Chavarría. Brasileña por su padre, don Roberto Morais, y nicaragüense gracias a su madre, Silvia Chavarría. Tiene 18 años y es la mayor de tres hermanos, Roberto y Fernando.

Nació en Managua en 1993, y por razones económicas tuvo que emigrar hacia Texas, Estados Unidos junto a su familia desde hace 11 años.

Recuerda que emprender una nueva vida en EU “fue difícil”. Rodeada de gente que no conocía, de reglas que “no eran familiares” y sobre todo de un lenguaje y una cultura “completamente diferentes”.

Ante las adversidades, a la niña de aquel entonces sólo le quedaba “confiar en Dios” y abrirse paso para conseguir sus metas… Linda lo logró.

“Lo que me ayudó fue estar en una clase bilingüe, donde por lo menos al maestro le entendía. Trabajé mucho para aprender, mis maestros y mis padres me apoyaron, fue la forma por la que salí adelante”, cuenta.

Reconocen sus capacidades

Una vez superada la barrera del idioma, Linda quien desde tercer grado estudia en los centros educativos de Dallas, Texas, comenzó a ser reconocida en las diferentes escuelas a la que asistía.

Se destacó en música, deportes y labor social. Estas destrezas hicieron que sus maestros la recomendaran para que entrara en “Early-college”, un programa financiado por entidades privadas y en el que los estudiantes deben mantener excelencia  en todo.

Pero eso no fue todo, un error administrativo hizo que a Linda le dieran clases más avanzadas de las que le correspondían  conforme sus grados y edad. “Cuando se percataron la quisieron regresar a su nivel anterior pero ella se negó rotundamente y los retó a que la  sometieran a pruebas”, recuerda Silvia, su mamá.

 Con “mucho sacrificio, entrega y disciplina”, la joven logró graduarse en 3 años de  highschool y college. “Fue la primera persona en conseguirlo con tan solo 16 años de edad  en el Mountain View College de Dallas”, dice.

Linda se destacó tanto en sus colegios que “decir el nombre de ella en el campo de la educación y deportes equivale a responsabilidad, franqueza, disciplina. Es la adolescente que a todo padre y madre le gustaría tener en casa, así lo han dicho sus maestros, coachs y amigas”, cuenta Silvia.

El fútbol, una de sus pasiones

Si algo ha motivado a Linda en seguir adelante ha sido el fútbol. Es una amante de este deporte. Un día “normal” o uno de “diversión” no pueden estar exentos de la práctica de este juego.

De hecho, el fútbol le permitió acceder a estudios universitarios. El entrenador del equipo femenino de la Universidad de Northwood, Tayler Powel, le ofreció una beca del 70% del valor en la carrera de International Business si pasaba a formar parte del equipo universitario.

Linda entrena casi diariamente. Hasta le gustaría trabajar con la Selección Nacional “para impulsar y levantar el futbol de mi país”, dice.

“No hay otra persona que yo conozca, incluyendo a muchachos, que se interese tanto en el futbol y que sea tan apasionada con este deporte”, comenta Yessica Aguilar, una de sus amigas de la secundaria.

¿Qué ha sido lo más difícil para Linda hasta ahora?

“Lo más difícil ha sido perder tantas oportunidades por mi estado inmigrante. He sido invitada a Europa, Washington y Boston pero nunca he podido salir de Texas, y mis padres son demasiado cuidadosos con todo lo que yo hago”, lamenta.

Linda confía en aplicar a la ciudadanía norteamericana una vez haya obtenido su diploma universitario. El hecho de “estar sin arreglo” les ha causado muchas dificultades a ella y su familia.

“No hay una ley que nos beneficie. Por ahora, estamos confiando en Dios que pase alguna reforma migratoria para que personas honestas y trabajadoras como mi familia logremos la ciudadanía, nunca tuvimos problemas con la ley, pero más que nada tenemos que ser muy disciplinado y a lo que vinimos, mis papás a trabajar y los hijos a estudiar”, manifiesta Linda.

Ella y su amada Nicaragua

Linda espera volver a Nicaragua. Aunque no precisa cuándo, lo único que hace con nostalgia es desempolvar aquellos recuerdos de su niñez.

“Recuerdo a mi familia, mi primer día de escuela en Julia Herrera de Pomares (Bello Horizonte), recuerdo “La Cabanga” en Managua donde trabajaba mi padre y el Centro Cultural Managua donde tomé clases de folklore. Nicaragua me dio una niñez pura y nunca perderé esas memorias”, finaliza la joven.